Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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22 Con sal y limón

Íbamos por el segundo chupito de tequila cuando sonó el timbre. Aunque pensé que se había adelantado, ya galopaban salvajes y libres nuestras cabezas. Abrí con las expectativas dilatadas en el fondo de mis ojos y se encogieron en cuanto lo vi. Yo esperaba otro uniforme diferente al de cartero. Su rostro era agradable, de estatura mediana y hombros estrechos. Nada extraordinario. Solo el atrezo y su interpretación merecían la pena. Me entregó una carta certificada que abandoné sobre la consola y le hice pasar. Se resistió. Resultaba encantador en su papel de chico cándido. La voz de Joe Cocker nos condujo hasta el salón donde esperaban mis amigas. Entre sorbo y sorbo de tequila coreaban la canción. Formaron un corrillo a su alrededor y le hicieron beber. Yo misma le quité la gorra y la arrojé por la ventana. Después, cedí los honores a la novia, que fue bajándole la cremallera de la bragueta al ritmo de la música. Hasta que nos interrumpieron. Pensé en mi vecino —siempre se queja por el ruido—. Pero era un policía con unos músculos impresionantes. Tan gigantescos como mi vergüenza al ojear su placa y las esposas de juguete.

14 Respuestas

  1. Elena Bethencourt

    Qué fiestas te montas, María. Seguro que a tu protagonista le resultó inolvidable.
    Muy divertido y además tiene vergüenza y confusión, ¿qué mas se puede pedir? Suerte con él.

    Muack

  2. Ángel Saiz Mora

    Algunas despedidas de soltera tienen un «peligro» tremendo, no para la novia y las amigas, sino para el actor-seductor contratado, por muy profesional que sea, pero sobre todo y también para cualquiera que pueda aparecer por allí en el momento más inoportuno. Una confusión inesperada da paso a la vergüenza de un pobre funcionario, luego contagiada al resto de participantes como un virus.
    Una historia divertida de principio a fin, con el añadido de cómo podría continuar y la incógnita sobre el contenido de esa carta certificada.
    Un abrazo y suerte, María

    1. María Gil

      Yo también me pregunto por la carta. A saber. Y por el pobre cartero. En menudo jaleo le metieron. Sí, esas fiestas son muy peligrosas.

      Un abrazo enorme, Ángel

    1. María Gil

      Tienes razón, Nieves. Me preocupaba tanto el cartero que llegué a pensar en titularlo El inocente. Espero que él también haya podido disfrutar de la juerga.

      Un abrazo

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