Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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35. Corazón verde (Luisa Hurtado)

El hombre yacía sobre el camastro, cubierto de heridas y moratones; su cuerpo no iba a resistir. Le habían aconsejado que esquivase todo contacto, incluso el visual, y fue, al bajar los ojos, cuando descubrió el pequeño papel. Lo cogió y en la fotografía, pues de eso se trataba, descubrió una versión joven del varón que yacía junto a él al lado de una mujer y un pequeño lactante.
La visión lo hirió. Evitaban los niños, examinaban solo hombres y mujeres adultos, nada más; pero había visto la imagen y era demasiado tarde. Miró al moribundo, posó sus tres dedos verdes y cartilaginosos en el lugar donde estaba su cerebro, se concentró y dejó que sus sentimientos, miedos y esperanzas avanzasen por su tentáculo hasta inundarle, quemándole, y supo qué era lo correcto hacer.
No mucho tiempo después su civilización dejó de visitar el planeta que tanta curiosidad les había despertado; aunque siempre hubo quienes querían seguir con el estudio de los humanos, los mismos que desde hace no tanto vuelven a estar al mando y sin mayores retrasos retomarán las extracciones y los ensayos.

4 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Las historias de extraterrestres, en manos expertas, suelen dar muy buen juego y no es para menos. Nos fascina pensar que existen criaturas inteligentes ahí afuera, que suscitamos su curiosidad, como ellos la nuestra.
    Todo científico conoce que para estudiar una especie es preciso adentrarse en la exploración a fondo de sus organismos, aunque ello suponga utilizar a algunos individuos como cobayas. La curiosidad puede más que la ética. El sacrificio de unos pocos en pos del conocimiento es una práctica común entre los humanos, resulta lógico pensar que una civilización superior también la llevaría a cabo.
    Una historia de alienígenas, verdes, como solemos imaginarlos, con un argumento de lo más inquietante, exento de recursos artificiosos gratuitos, que hace que parezca posible. En medio de todo y a pesar de las diferencias, al menos uno de estos seres de otro mundo demuestra tener compasión, su corazoncito, verde, por supuesto.
    Un abrazo grande, Luisa. Suerte

  2. No me sorprende que no quisiera mantener contacto visual con esa mirada que finalmente lo hirió ya que, como bien se sabe, los ojos son las ventanas del alma, sea terrícola o extraterrestre, como en este caso. Un corazón tan verde como la ética, la compasión, la prudencia y la intuición que finalmente termina primando en el alien, en los aliens, después de haber visto lo que había en el cerebro del humano en la camilla.

    Muy bueno, LUISA; te felicito.

    Cariños,
    Mariángeles

  3. Alvaro Abad

    Nos dejas aquí, Luisa, una interacción, a priori imposible, entre especies distantes y muy diferentes. La absorción de los sentimientos del humano convenció al visitante de dejar de intervenir en nuestro planeta, una vez detectadas sus sensibilidades (lo que, entre nosotros, no sé si fue la mejor opción, una vez leído el final).
    Un buen relato de ciencia ficción, pero cercana y asimilable.
    Suerte Luisa, y abrazo.

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