05. CUATRO SILENCIOS (Ángel Saiz Mora)
Estruendo que paraliza juegos durante el recreo. Tintineo de vidrio caído sobre el suelo del patio. Rostro colérico a través de la ventana rota.
Balón en mano, el director exige conocer la identidad del causante.
Repite la pregunta, con advertencia de grave castigo colectivo.
Temerosos de represalias aún peores, las que reciben los chivatos, todos mantenemos un silencio encubridor.
Quien menos se espera levanta un brazo. Él no ha sido, pero declara ser autor del destrozo. Gracias a su noble y valiente sacrificio hay un silencio de alivio. Algo me hace reaccionar, lo que me faltó para defender a este mismo compañero cuando sufrió acoso. Tampoco he sido, pero con un «y yo» me uno a su falsa confesión. Esta vez no voy a dejarlo solo.
Se suman más estudiantes, hasta los secuaces del verdadero responsable, que se esconde tras un silencio cobarde, con la puntera aún caliente después del trallazo. La bravura de la que presumía cuando humillaba a su víctima favorita ha desaparecido. Ahora tiembla de miedo y vergüenza.
Impresionado por la solidaridad de sus alumnos, el director finaliza el interrogatorio. Solo rompe su silencio complacido cuando llama por teléfono al cristalero.
Nada vuelve a ser lo mismo.


Me ha encantado, lo que cuentas y cómo lo cuentas. El título, perfecto, destacado después a lo largo del texto. Si le quisieras poner un subtítulo, te cedería el de mi relato, que le pega estupendamente. Ja ja ja. La frase de cierre, redonda.