Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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47. CUENTO DE INVIERNO (Rafa Olivares)

Por aquel entonces aún no existían las ecografías. Tampoco las casas de apuestas, lo que no era óbice para que en Stratford, una aldea al noroeste de Londres, sus habitantes se jugaran el dinero prediciendo el sexo del futuro bebé de cualquier moza con vientre prominente.

A falta de métodos más científicos, había quien se guiaba para su envite por la forma de la barriga: niño si baja y puntiaguda, niña si alta y redondeada. O bien por el tipo de antojos de la gestante: hembra si le apetecía mucho el dulce, varón si prefería las viandas saladas.

También hubo alegres comadres foráneas que apostaron sus peniques preguntando por las náuseas matutinas: muchacha si intensas, muchacho si leves. Y no faltó mercader veneciano que confió más en los movimientos de un péndulo sobre la panza: manzana si circular, plátano si lineal.

En el caso que nos ocupa, las apuestas estaban muy divididas; tanto, que sus importes subían conforme se aproximaba la fecha del parto hasta alcanzar cifras nunca antes conocidas.

Aún hoy, más de cuatrocientos años después, se comenta entre risas aquello que se convirtió en una comedia de errores.

Fueron bautizados en febrero como Judith y Hamnet.

26 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    Cuando no se sabe, se inventa. Donde la ciencia no llega se completa con imaginación, de la que vas bien sobrado, además de ingenio. De todas formas, esas elucubraciones sobre el sexo de los bebés, cuando la ecografía aún no lo ha desvelado, todavía proliferan.
    Un abrazo y suerte, Rafa

    1. A manudo, una atenta observación de los compotamientos humanos puede suplir con fortuna a la imaginación y el ingenio. El atractivo de figuras como Shakespeare y su entorno también ayudan.
      Un abrazo, Ángel.

  2. Rosa Gómez Gómez

    Cuentos y más cuentos, para entretener los días de las gentes de aquella época. El giro final, inesperado y seguro que acertado.

  3. Salvador Esteve

    Como beneficio colateral, la jubilación me regalará tiempo para volver a comentar algunos relatos de los compañeros (no pretendo llegar a nuestro Ángel, es imposible). Eso es como pretender tensar el arco de Ulises, ja, ja, ja.
    La naturaleza es dueña y señora, y que intentemos interpretar la magia del azar biológico es una afrenta; su respuesta a esto es tu genial final del microrrelato. Originalísimo y divertido, Rafa. Un abrazo y suerte.

  4. Puri Rodríguez

    Muy, muy divertido tu cuentito, y también muy cierto aún hoy en día, querido Rafa. Doy fe de que todavía quedan «sabios ancianos del lugar» que pueden predecir, sin errar, que va a llover cuando ven una fila de hormigas cruzando un sendero de tierra en el campo. Enhorabuena y un abrazo, guapo.

    1. Los métodos caseros de predicción son inabarcables y se retroalimentan a poco que tengan algún acierto. Yo sigo fiel a los posos del café, más por el café que por los posos.
      Gracias, Puri.
      Un beso.

  5. Rosalía Guerrero

    Cuántas maneras de intentar espantar la incertidumbre, aunque solo hace falta dejar pasar el tiempo. Me ha sorprendido ver hasta un mercader veneciano en el micro, pero lo he entendido cuando he llegado al final. Por cierto, que buena la novela de Maggie O’Farrell, aunque es un padecimiento continuo.
    Un abrazo y suerte.

    1. El maercader veneciano, las alegres comadres, y alguna otra referencia de inspiración shakesperiana.
      Muy buena la novela y también, aunque algo menos, la película.
      Gracias, Rosalía.
      Un beso.

  6. Gema Herráez

    Coincido con Rosalía en cuanto a la novela de Hamlet. Me encantó. Y me ha gustado mucho el relato, muy bien ambientado en los usos y costumbres de aquella época. Lastima lo de Hamlet. Nadie supo predecir su final.
    Un abrazo

  7. Ana Fúster

    No sé si este relato va a ser seleccionado o mencionado. ¿Te gusta más el salado o el dulce? Aunque para evitar que esto se convierta en una comedia de errores, estoy por llamar a un amigo veneciano y pedirle que coja el péndulo y un avión a El Altet mañana mismo. Tú solo tienes que poner la barriguita.
    He disfrutado mucho el relato, Rafa. Un abrazo y suerte.

  8. Juana María Igarreta

    Qué divertida y original manera de tratar la incertidumbre. Yo en mis dos embarazos también sufrí a algunas que se daban de adivinas. En la época de Shakespeare y tratándose de embarazo gemelar o de mellizos de diferentes sexos, la cosa era más complicada de vaticinar, claro. Tú lo has demostrado con mucho ingenio. Saludos y suerte, Rafa.

    1. Antes de las ecografías, había por aquí un ginecólogo famoso por vaticinar el sexo de los futuros bebés. Él le decía a la madre si llevaba niño o niña, pero apuntaba en su libreta lo contrario de lo que había pronosticado. Si acertaba su diagnóstico oral, perfecto, su fama se ampliaba. En caso contrario, echaba mano de su libreta y «demostraba» que había acertado y que la madre lo había entendido mal. Un tema, pues, que siempre ha dado mucho juego.
      Gracias por comentar, Juana María.
      Un beso.

  9. Mi abuelo zahorí pasaba su varita de olivo en forma de y griega por los vientres esperanzados de las futuras mamás. Presumía de pronosticar el sexo del nasciturus con una cierta precisión que, prudente él, nunca señaló por encima del 50%. Divertido relato Rafael. Y muy original en su exposición. Enhorabuena.

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