48. CULPABLES (Fuera de concurso)
Al salir a la calle, los vecinos nos miran. O no. Y eso es peor, cuando no lo hacen. Por lo menos si te sientes observado, es un consuelo alzar la barbilla a manera de respuesta silenciosa y, rebañando algo de orgullo, pisar con fuerza tu camino. Pero si la gente te evita, si hace como si no existieras, de noche volvemos a casa huecos, con los desafíos agriándose por dentro y la vista como un haz de linterna. Y somos nosotros, entonces, los que nos esquivamos la mirada hasta que llega de nuevo el alivio de irnos a dormir.

