Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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78. El baile de Cenicienta

Suena un vals a lo lejos, pero no puedo bailar. No se mueve, y no me deja moverme. La sonrisa con la que me llevó a esa habitación llena de tapices se borró hace rato. Su mirada me recorre. En su puño brilla una esquirla afilada de mi tacón. Afuera, en el salón de baile, la música se mezcla con los murmullos de la fiesta. Sé que todas envidian que él me haya dedicado su atención, pero eso no atenúa el dolor de su mano apretando mi brazo. La música empieza a acelerarse, y parece despertarle de su trance. Su peso me ahoga, pero me resigno y me dejo hacer, mientras mi mente se evade y mi cuerpo se desmadeja al ritmo de su baile, cada vez más furioso. Al fin, la música cesa. Se da la vuelta y, sin mirarme, me deja ir. Corro descalza hacia la calle, apenas envuelta en los harapos de mi vestido. El campanario da las doce.

15 Respuestas

      1. Aurora Tárrega

        Hola, Esther
        Genial como logras transformar lo sublime que puede ser un vals en una auténtica atrocidad.
        Un texto muy reivindicativo que duele.
        Lástima de la protagonista que aún en esos horribles momentos siga pensando que el resto de chicas la envidian.
        Mucha suerte!

  1. Dura versión del cuento la tuya, pero veraz como la misma vida. Cuántas cenicientas desencantadas habrán visto su baile arruinado…

    Post festum, tempestum, decía un antiguo dicho oral.No me extraña que los príncipes tengan tan mala fama en nuestros días, menos mal que cada vez hay menos Cenicientas que quieran ser princesas.

    Buen texto.

    Saludos.

  2. Aurora Tárrega

    Hola, Esther
    Genial como logras transformar lo sublime que puede ser un vals en una auténtica atrocidad.
    Un texto muy reivindicativo que duele.
    Lástima de la protagonista que aún en esos horribles momentos siga pensando que el resto de chicas la envidian.
    Mucha suerte!

  3. Ángel Saiz Mora

    Los cuentos clásicos y los finales Disney han quedado obsoletos, bajo el peso ineludible de la época actual, en la que los estereotipos caen por su propio peso, mientras la realidad se expande a través de muchas vertientes, no solo en la que un día nos contaron.
    El cuento de Cenicienta revisado bajo un prisma más escéptico muestra que no es oro todo lo que reluce, que los príncipes, si es que existen, no son como nos contaron, por lo menos no todos; que las candidatas a princesas, no por ser las elegidas, han de ser envidiadas. Muchos cuentos clásicos fueron edulcorados, pero tenían, en realidad detalles y finales muy diferentes a la versión que se impuso.
    Hasta el vals más agradable puede convertirse en música de fondo terrorífica cuando la escena también lo es.
    Buena vuelta de tuerca a un relato establecido, para cuestionar con fuerza modelos que parecían inamovibles, a la vez que amplía el foco y abre perspectivas.
    Un saludo, Esther. Suerte

  4. Javier Arroyo

    Un micro reivindicativo, de temática muy dura, algo que ya empieza a ser marca de la casa. Pero cuando se hace tan bien, poco importa que no sea una historia amable. Magnífico texto, Esther. Felicidades y mucha suerte.

  5. Hola Esther,

    Versionar un clásico es muy difícil, todos tenemos esa imagen creada en nuestra mente y destrozarla (en el mejor sentido de la palabra) como tú lo has conseguido es una proeza sublime. Me gusta cómo lo has escrito, con esa intensidad y escogiendo las palabras adecuadas. Me gusta el ritmo que le has dado. En fin, enhorabuena y mucha suerte en esta nueva convocatoria. Ah, y aprovecho para saludarte, aunque esta vez no sea con la voz 🙂

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