25. El extraño juego
Al poco de salir papá y mamá llegó el novio de Malú, Pablo. Cenamos pizza en la cocina. Él le tiraba del pelo y ella se reía y le daba pellizcos que debían de doler un montón, pero ninguno se enfadaba. Entonces yo pellizqué a Malú y ella me dio un bofetón.
Luego vimos una peli. Bueno, yo, porque Pablo mordía a Malú en el cuello como un vampiro y ella tenía los ojos en blanco. Pensé que le hacía daño, así que me acerqué por detrás con mi bate de béisbol y le golpeé en la cabeza. La soltó, pero empezaron a insultarme muy enfadados, encima de que la salvé. Me metieron en el dormitorio y cerraron con llave.
Afuera hacían mucho ruido de carreras y gritos. Pensé que estaban peleando, pero entonces se escucharon risas. Luego respiraban muy fuerte, como cuando haces gimnasia y te cansas. Malú chilló. Luego gruñó Pablo. ¡Qué juego tan raro!
Por la mañana, Malú me hizo un gesto de “calla o te corto el cuello”, así que no pregunté nada.
Otro día cuando venga Pablo, les espiaré desde detrás de la cortina del salón y averiguaré cuál es ese juego tan peligroso.


Qiw al muchacho, en su inocencia y curiosidad, le hayan quedado incertidumbres, es comprensible. Si llega a disiparlas como tiene previsto, nunca lo olvidará. Hay muchas maneras de aprender, solo esperemos que no le quede algún trauma.
Un saludo y suerte, Nuria
Que divertido e inteligente relato. El final es obvio, pero nos deja con la intriga hasta entonces. Muy bien! Gracias!
Yo solo puedo pensar en lo que le ha tenido que doler el costalazo con el bate de béisbol al pobre Pablo. No sé cómo le quedaron ganas de seguir con la fiesta.
Muy divertido, Nuria, sienta genial que nos hagas sonreír.
Un abrazo y suerte.
Jaja, qué raros son los mayores, ¿verdad? Hay que ver con qué cosas se divierten. Cuando lo descubra va a alucinar. Un abrazo y suerte, Nuria.
Divertidísimo relato del menor lleno de incertidumbres continuadas. Dolor y risas. Defender a tu hermana con un bate de beisbol y ser castigado. Gritos, risas y gruñidos. La amenaza de Paula no mata su incertidumbre sino que la reconduce para ver el próximo encuentro amoroso desde la barrera y procurar el principio de intervención mínima, nos se que le vaya a caer otro sopapo. Desde la ignorancia inocente el amor no es fácil de entender. Enhorabuena, Nuria.