El incordio de ser
Antes, cuando no había internet, se vivía seguramente mejor. Pero entonces se decía que se vivía mejor antaño, en los pueblos. Y en los pueblos se afirmaba que ya no se vivía igual que en otro tiempo anterior. Un tiempo en el que uno era, con toda probabilidad, feliz con lo puesto. En aquel otro tiempo se alabaría posiblemente la vida plena de nuestros ancestros, en un contacto brutal e inocente con la naturaleza. Ancestros que, con seguridad, echaban de menos épocas pasadas más simples. Y en aquellas épocas se anhelarían presumiblemente los periodos primitivos en los que la vida consistía en nacer, sobrevivir brevemente y morir sin más preocupaciones que la de haber podido, con suerte, reproducirse. Pero los seres humanos básicos que allí vivían echaron probablemente de menos etapas anteriores, engranando así una rueda temporal hasta llegar a la nostalgia de aquel largo periodo primigenio en el que fuimos seres unicelulares.
Y en aquel estadio inicial, tal vez, se añoró el tiempo en el que aún no éramos nada.


Nunca estamos conformes del todo, y lo de «cualquier tiempo pasado fue mejor» suele estar muy presente, tanto más cuantos más años se cumplen. Somos así, y esa sí que es una certeza, como también, que en el fondo no somos nada, menos que los seres unicelulares, como polvo, o ni eso, ya lo dijo Goytisolo en su poema «Palabras para Julia».
Un abrazo y suerte, Óscar