44. EL OTRO
No fue capaz de eludir la desesperación para que el tiempo dejara pasar el momento y, con ello, desapareciera del todo la duda que envolvía el ambiente. ¿Qué había hecho mal, después de todo? Repasando los fotogramas, viene a ver que titubeaba frente a ella, con la vista perdida, los brazos caídos y la respiración a todo gas. Quedaba claro que no se había aprendido el guion, o al menos eso parecía, e inventaba alguna palabra que apenas se hacía entender y, llegado el momento crucial…
No quedaba otra opción que repetir la escena, pero en principio ella no estaba dispuesta a soportar otro momento como ese. Su caché era de primer orden, una diva engreída, pero que garantizaba de entrada un más que probable éxito. Consideraba que no podía rebajarse tanto ante ese mamarracho —a pesar de que empezaba a sobresalir últimamente como revelación— que le habían puesto para que la conquistara y la besara con ardor.
Tendría que ponerse de nuevo, muy a su pesar, la máscara y convertirse en el otro.
Pero no se trataba de un baile de disfraces.


La profesionalidad de un actor se demuestra en su capacidad de adaptación para cualquier papel, convirtiéndose en cuerpo y alma de un personaje, disfrazando su actitud para ser otro, el que corresponde en cada momento y escena, de forma que creíble, pero tu protagonista parece poseído por sus sentimientos personales, los verdaderos, no los impostados, que interfieren en su trabajo. Quien no se domina a sí mismo tiene todas las incertidumbres, no puede estar seguro de cómo actuará.
Un abrazo y suerte, Antonio