El plan
Un camarero le apremia y él muestra tímidamente su carnet de identidad falsificado, con el que pretende ser uno más en el local. Superado el trámite, se aproxima a un grupo de caras conocidas, todos compañeros de su clase en el instituto.
Su presencia le asquea tanto como el alcohol, pero sabía que el bar era el mejor sitio para encontrarlos a todos. Por primera vez parecen tolerar su compañía, incluso se dirigen a él por su nombre y eso le hace dudar.
Cuando acaricia el gatillo de la automática oculta bajo la sudadera recuerda a qué ha venido.


Tu relato es un planazo, de los que me gustan a mí.
Gracias Edita! Me alefra que te haya gustado. Un abrazo y suerte.
Tu protagonista nunca perteneció a ese grupo, algo que le afectó profundamente, y ahora se va a cobrar ese tiempo que él considera como de rechazo y afrenta. El precio es el más alto. En su cabeza ya no hay empatía sobrevenida posible, ni vuelta atrás.
Un relato sobrecogedor, con un golpe final que no se ve venir y que da sentido a toda la historia.
Un abrazo y suerte, Jero
Muchas gracias por tu comentario Ángel. Una triste realidad que tiene poco de ficción. Un fuerte abrazo y suerte