86. El sendero del fin del mundo (Pablo Cavero)
El viajero llegó a un punto del bosque donde el sendero moría en una triple encrucijada, un lugar maldito para los lugareños.
El camino de la izquierda estaba cubierto de niebla densa; el del centro, oculto por la maleza con zarzas inquietantes; el de la derecha descendía hacia una rampa de piedra que se hundía en un abismo de oscuridad.
Una asfixiante atmósfera de inseguridad y desasosiego lo cubría todo: ningún mapa revelaba qué destino aguardaba tras cada opción.
El viajero, aterrado por errar, se sentó a esperar que la niebla se disipara o que alguien regresara para guiarlo.
Pasaron las horas, los días y los años, sepultando su juventud en aquella eterna duda.
Su inmovilidad lo convirtió en leyenda. Viajeros perdidos acudían a él confundiéndolo con un sabio oráculo. Una tarde, un joven tembloroso le suplicó: «Anciano, ¡dime cuál es el camino correcto!».
El viejo intentó incorporarse, pero sus piernas crujieron. Descubrió con horror que las raíces vivas del bosque habían perforado sus botas y sus pies, encadenando sus huesos a la tierra.
Con amargura, susurró: «Cualquiera de los tres habría sido mejor que morir en este suelo atrapado por miedo a equivocarme».


Lección de filosofía y reflexión. Lástima que en muchas ocasiones, como es el caso, el saber llega tarde.
Una estupenda fábula con moraleja. Es mejor afrontar la incertidumbre que la parálisis de la indecisión y el miedo a equivocarse.
Un abrazo
La incertidumbre es inevitable en cualquier existencia. Nunca estamos seguros del camino a tomar y, una vez elegido, nunca sabremos qué habría pasado de habernos decidido por otro, pero lo que no lleva a ningún sitio es la inmovilidad, la más cómoda de las opciones, pero también la más desafortunada.
Un relato con enseñanza, escrito al modo de las fábulas clásicas y sabias.
Un abrazo grande y suerte, Pablo
En efecto, Edita, suele llegar tarde, pero el dicho más vale tarde que nunca, nos consuela. Gracias por pasar a leer y comentar.
Si te paralizas y no decides, a veces la fastidias. Todos nos equivocando y cometemos errores. Gracias por leer y comentar, Gema, un abrazo.
Mil gracias, Ángel, por siempre comentar mis relatos con tanta amabilidad y con tono positivo. Un abrazote, amigo.
Ostras, Pablo, qué bueno. El miedo y la incertidumbre nos paralizan, pero hay que arriesgarse a vivir. Lástima que tu protagonista lo descubriera demasiado tarde.
Un abrazo y suerte.
Rosalía, me alegro que te guste, gracias por leer y comentar. Sí, aquí este viajero se paralizó por dudar demasiado tiempo. Un abrazo.