87. El insuficiente castigo de la incertidumbre (A. Barceló)
La ansiedad es continua, las dos simples opciones a las preguntas que no paran de rumiarse en su cabeza se enquistan en un horizonte de inquietud insoportable: ¿habrá sido capaz de borrar todas sus huellas?, si no lo ha conseguido y lo pillan, ¿podrá aguantar las consecuencias? Su mente enfermiza trata de consolarle susurrándole que su víctima se lo merecía.


Este relato vale tanto para la incertidumbre como para la culpa. Jajajaja ¡lástima que ya lo has utilizado en esta ronda.
Un abrazo
Hola, querido Barceló… ¡Llegaste con lo justo, antes del fin de la convocatoria, menos mal! Ya me preguntaba qué te había pasado, pero terminaste con mi incertidumbre, gracias a Dios… 😉
No me gustaría estar en la mente de este personaje… Si tiene esas dudas, es que no hizo las cosas tan bien como él creía, lo mereciera la víctima o no, cosa que no podemos comprobar… La mención de su mente enfermiza, a mí, como lectora, me induce a pensar que no, pero en fin, como dije antes, nunca lo sabremos…
Fue muy lindo volver a leerte.
Un beso,
Mariángeles
Sin duda, la incertidumbre no es castigo suficiente, pero como sucedáneo y entrenamiento para el que debería venir, puede valer.
La incertidumbre se termina cuando se llega a una solución, ninca antes, pero frente a las únicas dos opciones posibles, a cual peor, mal panorama se dibuja para tu protagonista, por otra parte, seguramente merecido.
Un anrazo y suerte, tocayo.
Un micro cortito en el que nos vas desvelando el origen de la incertidumbre, con un giro final inesperado, en el que el protagonista busca un consuelo.
Un abrazo y suerte.