83. El templario
Estas cosas solo me suceden a mí ¿sabes? Llevaba meses encerrada con lo de las oposiciones, con unas ganas de follar locas, así que cuando Marta y Alicia me llamaron para salir no dudé en decirles que sí. Nos fuimos a una discoteca y allí le conocí. Guapo, alto, musculoso y muy educado. Cuando mis amigas me dijeron que si nos íbamos les dije que me quedaba un poco más, no era cuestión de desaprovechar la oportunidad. Al irnos, yo esperaba que me diese un beso, que me invitase a su casa, que… pero hincó una rodilla y me besó la mano. No quisiera mancillar tu honor, me dijo. Este no pertenece a esta época, pensé, o me está vacilando, pero no iba a perder la oportunidad, y como al día siguiente era Nochebuena le invité a cenar a casa. Allí estaban mis padres y mi hermana, esperando a conocer a mi nuevo ligue. A las nueve en punto sonó un trueno y oímos un ruido extraño en la escalera. Mi hermana abrió la puerta curiosa y allí estaba él, sonriendo con su túnica blanca, su cruz de Malta roja en el pecho, sus espuelas arrastrando y su armadura brillante.


A ver Manuel, yo no sé como son los caballeros templarios para cuestiones de amor, pero deprisa deprisa, parece que no van. Lo del trueno le queda bien. Me ha encantado la historia. Enhorabuena.
Menuda conquista ha hecho. Todo un caballero templario. No se yo si eso va a prosperar, jajajaja.
Un saludo
Efectivamente, pertenecía a otra época. No sé cómo reaccionará a los chistes de cuñados en esa cena, que seguro que, de ser posible, no nos perderíamos ninguno.
Muy divertido e ingenioso, Manuel.
Un abrazo y suerte