Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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ENCUENTRO B15 . SEGUNDA RONDA

BELÉN MATEOS – SUSANA REVUELTA

Los participantes aquí señalados tendrán que publicar en el espacio reservado a los comentarios de esta entrada del blog, un relato INÉDITO de un máximo de 100 palabras (la frase propuesta no suma) antes de las 20 horas (hora local española) del VIERNES 25 DE MAYO y cuya ÚNICA CONDICIÓN es incluir en el texto de forma literal la frase propuesta, que ha sido extraída del poemario Una manzana en la nevera” de Sandra Sánchez. Vuestra frase, que puede ir localizada en cualquier lugar del relato es

ME LLEVÉ PUESTO LO ÚNICO

Una vez publicado no habrá posibilidad de corregir ni reeditar.

Tras la publicación de ambos relatos publicaremos al final de esta misma entrada un enlace a un formulario para la Votación Popular que permanecerá abierto hasta el SÁBADO 26 de MAYO a las 20 horas.

El resultado de este encuentro se hará público en una entrada general de la sección ENoTiCias

Podéis votar desde este enlace. 

7 Respuestas

  1. GORDITO RELLENO

    Al poco de enamorarme de Piluchi, la de la confitería, engordé un poquitín. «¡Pareces un chonuco!», me decía con cariño mamá. Por las mañanas me comía dos palmeras de chocolate; después del almuerzo, un helado de tres bolas; y por las tardes una caja enterita de pastas. Con mucha pena, tuve que abandonar el cortejo cuando se me disparó el colesterol. De la última vez que pasé a verla recuerdo que me llevé puesto lo único que me subía hasta la cintura: la malla morada de licra de hacer pilates mamá. ¡Qué delicia de chiquilla! Imposible olvidarse de sus carcajadas cristalinas, de su risa angelical.

  2. M. Belén Mateos Galán

    Hay sonrisas que caben en cualquier chonuco de persona, la tuya es cristalina…
    Un placer estar juntas en este encuentro Copero Susana.
    Besos y suerte bonita.

  3. M. Belén Mateos Galán

    LIKE A VIRGIN

    Virtudes hacía poco honor a su nombre. Era una mujer un tanto díscola, de grandes pechos asomados siempre al balcón de su escote, unas piernas más largas que su escasa falda y un amante en cada una de sus perniciosas noches.
    Al contrario, su marido Azazel, era un santo varón, hombre casi celestial que provocaba en mi una bendita humedad cuando lo veía pasear con ese andar angelical, ese porte alado y una provocadora áurea para mi hastiada virginidad.

    Anoche me llevé puesto lo único que podía tentar su incólume espíritu, un rosario.
    Hoy rezo, saciada, por nuestras pecadoras almas.

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