Esos jugosos olores (Patricia Rojas de Leunda)
Desde mi terraza, diviso el claustro del monasterio de los monjes contemplativos, esos que tienen el místico olor de los que solo se alimentan de verdes.
En las noches se frotan las piernas con limoncillo y, al amanecer, haciendo equilibrios con el hambre, pierden la fe cuando ven al Espíritu Santo trincando el tenedor y el cuchillo en un
jugoso filet mignon.


Es lógico dudar de las creencias cuando el hambre aprieta. El espíritu es importante, pero el cuerpo en el que se sustenta no vive del aire, tiene sus necesidades. Más que problemas de fe, lo de estos monejes entronca más con la necesidad.
Un abrazo y suerte, María