41. Finis terrae
De niño ya apuntaba maneras, un pollito sin cabeza, travieso y desobediente que derivó en una adolescencia díscola y pendenciera. En su juventud, lejos de sentar cabeza, era ya todo crápula redomado, licencioso cum laude.
Desplegó las alas de su libertinaje, ensombreciendo a padres, hermanos, mujer e hijos. Su carácter disoluto y, por ende, disipado, no tenía hartura y crecía con una demanda elástica, a razón de: más consumo, más necesidad. No cejó en su empeño hasta que sus alas fueron diluyéndose poco a poco debido a los efluvios etílicos que recorrían su cuerpo en proporción diez a uno respecto a su sangre.
Años de desintoxicación, no de recuperación, debido al daño irreversible de la mala vida, le permitieron tener, al menos, una vida anodina. Relegado a dar un paseo diario escoltado por los servicios sociales y, acompañado del desdén de su familia directa, el resto del día ¿vivía? solo y bajo llave, mientras contemplaba el mundo asomado a la reja de una ventana.
Una tarde de abril, un rayo de luz iluminó su pensamiento. Reunió el coraje suficiente para lanzarse al vacío. Al fin recupero sus alas, esas alas que tanta desgracia le causaron, le permitieron alcanzar la libertad.


Las alas de una libertad mal entendida marcaron su existencia, sin límítes ni escrúpulos.Finalmente, fueron su desenlace trágico y prematuro. Para tomar esa última decisión se diría que hace falta coraje, pero quizá también para vivir día a día con orden y respeto.
Un abrazo y suerte, Fernando
(Ruego me disculpes, Sonsoles, que te he cambiado el nombre sin querer).
Gracias Angel por comentar y hacer un análisis tan preciso.
Asi, las alas dan libertad, pero si se excede el limite, es libertinaje. Llegado a ese punto sin retorno, hace falta coraje tanto para seguir como para plantarse.
Pd. En cuanto a lo de Fernando, me ha resultado curioso, ya que tengo uno en casa.
Me gusta ese título, tan latino como gallego, que tan bien simboliza el fin del duro peregrinaje del personaje por la vida. Como suelen hacer los peregrinos que, después de saludar al Apóstol Santiago, rematan su camino en Finisterre.
Gracias Edita, fíjate que lo de poner título me resulta en la mayoría de las ocasiones una complicada tarea. Me alegra saber que la elección sea tan precisa para expresar el concepto.
Hay que tener coraje para tomar esa última decisión, aunque a veces pienso que también es un acto de cobardía. Hay una línea muy fina que separa uno de vota.
Un abrazo y suerte.
Gracias Rosalía, como bien dices una delgada línea separa las dos opciones. Un saludo