76. Fuente de niños
La Aurori se quedó en estado por la fuente nueva. La fuente, que es como una copa de champán color azul columpio, está en medio de la plaza. No hay que apretar nada para que salga agua. Te asomas y el chorrito te da en la cara, hasta que tú lo encuentras con la boca. Pero se ve que, si bebes cuando oscurece, que es cuando ya deberías estar en casa, pero aún no has llegado, te quedas embarazada. Yo antes no lo sabía.
Pero, me acuerdo cuando se llevaron a la Aurori, tan seria, en la parte de atrás del coche. Miraba como si fuera ciega. O como si no oyera nada. Y luego, cuando se enteró el Eduardo, que es como su novio, pero sin serlo aún, salió de su casa llamándola a gritos: Aurori, Aurori. Y, como ya se habían ido, se puso a patear la fuente, de la rabia, a lo burro. La golpeaba encorajado por hacer que se preñara y se la llevasen. Y acabó arrodillado llorando, abrazado a ella, a la fuente, pero insultándola bajito. Hasta que su madre vino a llevárselo, casi en brazos. Como si fuera otra vez pequeño.


El concepto más utilizado de coraje es el referido al valor, pero también tiene el de rabia e irritación, que es lo que le sucede al pobre Eduardo, que le ha pillado de improviso, o no acaba de cuadrarle, que la causa del embarazo inesperado de su casi novia ha sido una fuente.
Un relato con una fusión brillante de realidad, leyenda, surrealismo e inocencia. Me encanta esa «copa de champán azul columpio».
Un abrazo y suerte, Miguelángel
Un relato
Hola, Ángel, aquí esperando tú comentario.
Pero, fíjate, que Eduardo sí sabe perfectamente la causa de su embarazo, es quizá el narrador/a el que lo ajusta a su conocimiento. De niño yo simplificaba igual las cosas. Bueno, y a veces también de grande.
Un abrazo grande, homenajeadoconrazón.
Miguelángel, lo que más me gusta del micro es la voz del narrador súper original, tan inocente, que nos va retratando sin querer la sociedad en la que vive.
Está genial.
Un abrazo y suerte.
Las cosas de la sociedad, las costumbres, los defectos, lo inculcado, tamizados a través de los ojos de una niña/o a veces te muestran lo ridículos e injustos que podemos ser de mayores.
Gracias por comentar, Rosalía.
Un abrazo.
«La fuente, que es como una copa de champán color azul columpio» qué bonito. Suerte, Miguelángel, un saludo.
Gracias, Ana. Igualmente.
Un abrazo
De niños se aprenden cosas muy importantes de un día para otro, demasiado tarde a veces, y a deshoras casi siempre, cuando la falta de luz lo confunde todo. Ojalá el fruto de ello nunca fuese traumático, que la pérdida de la inocencia fuese tan dulce y hermosa como tu relato.
Me ha encantado, Miguelángel. Mucha suerte con él y un abrazo.
Por suerte, Enrique, uno va despertando poco a poco. Salvo que vivas, claro, en una zona en guerra o en muy malas condiciones. Y aún así, fíjate que los niños nunca pierden del todo la capacidad de sonreír.
Un abrazo.
Un bello relato lleno de matices y sobreentendidos. Frente a la superstición inocente de quien narra.
Ay, ese tiempo de la infancia, ese refugio donde todo es tan posible y tan sencillo…
Un abrazo, Rosa.
Hola Miguelangel
Genial tu relato, ese choque entre la dureza de los hechos, el trato de los mayores, y el contrapunto de la tierna mirada de la niña, que lo ve desde su mágica perspectiva.
Un placer leerte, como siempre
Eso quería destacar, Alberto. El cómo por muy duros que puedan ser los acontecimientos, la capacidad de una criatura para contárselo a si misma tiende siempre a lo positivo. Es lo que tiene la infancia. Bueno, todos sabemos que también se puede ser muy cruel de pequeño. Pero no es el caso.
Abrazos.
Qué bonito lo has narrado, Míguel Ángel.
Me ha encantado.
Saludos
Gracias, Pilar. Y, mira, parece que al jurado también le ha gustado un polo.
Ay, qué domingo…
Que relato tan tierno, tan bonito, y tan lleno de matices. Enhorabuena, Miguelangel.
Celebro mucho que se note lo de los matices y todo eso. Ya sabes que uno a veces echa de más para que al menos llegue algo, pero cuando llega más de lo que esperabas, pues eso…, que qué gusto escribir…
Mil gracias, Manuel.