Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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75. La Mesa Puesta

Sabía que él volvería hoy. Llevábamos más de un año sin vernos, aunque parecía que nunca se hubiera marchado. En casa seguía siendo el centro de todas las conversaciones, el nombre que siempre salía antes que el mío.

Mi hermano era el hijo perfecto: el mejor expediente, el más querido, el que siempre hacía lo correcto. Yo era el otro, el que aprendía a vivir en su sombra.

Aquel día de Navidad todos estaban felices de volver a verlo. Yo no.

La puerta se abrió antes de que nadie pudiera reaccionar. Él entró sonriendo, con esa calma suya que siempre parecía superior. Todos se levantaron a abrazarlo.

Yo fui el último.

Me acerqué, le di la mano. Un apretón corto. Correcto. Medido.

Y entonces vi la mesa.

Estaba puesta como si nada hubiera cambiado. Como si yo siguiera siendo invisible.

Entré un momento en la cocina. Al volver, dejé un sobre junto al plato de mi hermano y ocupé mi asiento.

Él lo reconoció al instante.

La sonrisa se le fue borrando poco a poco mientras bajaba la mirada.

Y comprendió que, por primera vez, su ángel de la guarda ya no estaba sentado a su lado.

3 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    Dicen que la suerte no existe, pero todos cnocemos a alguien que parece tener un ángel de la guarda siempre a su lado, una protección especial, en contraposición a otras personas a quienes las nubes negras de una cierta desdicha, o el duro ninguneo, parecen perseguirlos. Este hermano, cansado y celoso, ha recurrido a una violencia discreta, pero no menos radical, poco patente, salvo para el hasta entonces afortunado y protegido.
    Un saludo y suerte, Guillermo

  2. Rosalía Guerrero

    A veces, las relaciones fraternales son complicadas, como en el caso que nos cuentas.
    Aquí, además, el coraje se mezcla con los celos, una combinación explosiva.
    Un abrazo y suerte.

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