18. Hasta el sábado (Luisa Hurtado)
Ya no podía vivir más tiempo sola, necesitaba ayuda; y tenía que tomar una decisión. ¿Qué residencia debía elegir? Ante ella los folletos, en su memoria las palabras que las asistentes sociales habían dejado caer en sus oídos, en esta le gustaron los lugares comunes, de aquella las actividades, en la última un interno le sonrió. Estaba indecisa, aquella mudanza sería la última.
Se dio unos días más para pensarlo, solo hasta el sábado; y lo más importante, se hizo una promesa: en cuanto tomase posesión de su habitación, colocase sus ropas, algunos libros y un ordenador, haría todo lo posible por implicarse en aquel lugar, por conquistarlo y dejarse conquistar, mejorándolo con su conversación y sus sonrisas, con su presencia, con silencios, respeto y escucha, con esas cosas que creía que se podían hacer y no se hacían; tenía que lograrlo, y lo lograría, pertenecer a aquel lugar y que este le perteneciera.
Lo haría.


La conciencia de un gran cambio vital, de un última estación, de pertenencoa a otro espacio, al tiempo que se deja de ser de otro, del que se ha sido, y es para siempre. Ley de vida, paso natural, pero da qué pensar. No nos gusta ser perecederos. Tu protagonista trata de prepararse lo mwjor posible, pero se palpa su lógica inquietud, que has descrito muy bien.
Un abrazo y suerte, Luisa
Buen propósito de tu protagonista: solo sobreviven quienes se adaptan al medio. Y además hace un ejercicio de auto conocimiento de sus limitaciones muy acertado. Muchos mayores no ven o no quieren ver eso. Se agarran a la esperanza de que pueden mejorar. A veces es así, pero en demasiadas ocasiones no, y corren demasiados riesgos en su casa. Somos complicados desde que nacemos hasta que morimos. Aunque es comprensible que quieran seguir en su hogar, parte de su identidad, es complicado.
Que forma de enfrentarse a un cambio tan grande, con determinación fuerza y auto convencimiento.
Esto se puede aplicar a muchas fases de la vida.
Tu texto es una mirada única la pertenencia.
Un abrazo y suerte
Esa es la actitud para enfrentarse a cada una de las etapas de la vida. Tu protagonista ha tenido tiempo de aprenderlo. Sin duda, logrará su propósito.
Un abrazo y suerte.
El último viaje. Antes o después nos tendremos que enfrentar a el. La voluntad de la protagonista a enfrentarse y vencer es maravillosa y clarividente. Adulta y envidiable. Ojalá tengamos todas esa actitud positiva de aceptación de la realidad cuando nos llegue la hora. Que nos llegará. Hermoso y nutriente el relato. Enhorabuena Luisa. Una lección de vida necesaria.
La hermosa esperanza de seguir perteneciendo a algo y que ese algo te pertenezca. Una firme conexión con el mundo y con la vida, aún al final de casi todo. Qué bien describes ese recorrido postrero, querida Luisa. Me ha encantado leerte. Enhorabuena y un gran abrazo, guapa.
Qué actitud más encomiable y poco común la de tu protagonista. Dejar atrás una forma de vida y afrontar con optimismo otra distinta. Un ejemplo a seguir pero hay que reconocer la dificultad . Otros muchos no lo consiguen.
Un relato inspirador
Un abrazo
Una actitud como la de tu protagonista es poco frecuente, aunque envidiable. La mayoría lo ven como una forma de arrinconarlos, excluyéndolos de la sociedad, apartándolos en lugares y actividades «especiales» para ellos, y yo no estoy segura de que no sea así. Pero a tu protagonista no la van a poder apartar tan fácilmente, está claro que entre en la residencia que entre, la va a revolucionar y la va a hacer suya. Un gran ejemplo de pertenencia.
Mucha suerte con el relato.
Besooooo
Otro relato sobre la vejez, este con más lugar para la esperanza. La actitud es importante desde luego. Habrá que ir tomando nota… Un abrazo y suerte, Luisa.