18. Hasta el sábado (Luisa Hurtado)
Ya no podía vivir más tiempo sola, necesitaba ayuda; y tenía que tomar una decisión. ¿Qué residencia debía elegir? Ante ella los folletos, en su memoria las palabras que las asistentes sociales habían dejado caer en sus oídos, en esta le gustaron los lugares comunes, de aquella las actividades, en la última un interno le sonrió. Estaba indecisa, aquella mudanza sería la última.
Se dio unos días más para pensarlo, solo hasta el sábado; y lo más importante, se hizo una promesa: en cuanto tomase posesión de su habitación, colocase sus ropas, algunos libros y un ordenador, haría todo lo posible por implicarse en aquel lugar, por conquistarlo y dejarse conquistar, mejorándolo con su conversación y sus sonrisas, con su presencia, con silencios, respeto y escucha, con esas cosas que creía que se podían hacer y no se hacían; tenía que lograrlo, y lo lograría, pertenecer a aquel lugar y que este le perteneciera.
Lo haría.

