17. Paréntesis
Justo ponerse el sol, la Voz ha recitado la estrofa con la musicalidad característica. Después, los asistentes la hemos repetido tantas veces como ha sido necesario, hasta que el Afinador ha considerado que se había alcanzado la sincronía exacta. A partir de aquel momento, hemos subido el volumen siete decibelios en cada repetición, hasta llegar al primer éxtasis. A continuación, la Voz ha anunciado que se abría el paréntesis. Dentro hacía un frío húmedo, intenso, pero pronto han encendido diversas hogueras y la atmósfera se ha caldeado hasta el punto que todo el mundo se ha quitado la ropa. A continuación, nos hemos lamido los unos a los otros. A mí me ha encantado el gusto que tenía una mujer pelirroja de piel pecosa, blanca como la nieve nueva, pero después del segundo éxtasis ha desaparecido. Mientras la buscaba por el nido de lombrices en el que se ha convertido el paréntesis, ha sonado la sirena que lo cerraba. Entonces, todos nos hemos dirigido a las duchas. Nos hemos enjabonado, nos hemos aclarado con agua tibia. Nos hemos puesto ropa nueva, hemos subido al metro en hora punta y hemos ido a trabajar.


Un paréntesis que huele a secta y manipulación más que a relax y desconexión. Una necesidad enfermiza de formar parte de un colectivo al precio que sea.
Si Edita, por eso al leerlo me inquietaba. Toda la pinta de secta. Describes un mundo extraño y sensual, siempre dentro del paréntesis. Fuera, hay solo tedio.
Curioso!
Si Edita, por eso al leerlo me inquietaba. Toda la pinta de secta. Describes un mundo extraño y sensual, siempre dentro del paréntesis. Fuera, solo hay tedio.
Curioso!