15. Jackpot
El cursor parpadeaba en la pantalla. La página del banco tardaba en cargar y Jacinto Potes golpeteaba la tecla enter una y otra vez. Estaba a punto de entrar en pánico cuando, por fin, los dígitos aparecieron, la cuenta corriente estaba en números rojos. Entonces, entró en pánico. Visualizó a un hacker sentado frente al ordenador, bebiendo un refresco con gas y vaciándole su vida desde el otro lado del mundo. Preso de una rabia ciega, abrió el detalle de los movimientos para rastrear al ladrón. Encontró varias transferencias inmediatas, la primera a una casa de apuestas virtuales; las siguientes, al mismo destinatario. Estupefacto, chequeó la firma digital. No había duda, era la suya, un J.P. sin florituras que le recordó el frenesí de unas horas antes, cuando se imaginó millonario.


Tu protagonista es capaz de imaginar lo que le gustaría ser, millonario, el problema es que no se queda ahí y actúa en consonancia, pero sin serlo. Al menos, no le ha estafado nadie, solo tiene que rendir cuentas hacia sí mismo, todo queda en casa.
Un abrazo y suerte, Aurora
Sí, a veces, la imaginación juego malas pasadas. Muchas gracias, Ángel.
¡Abrazo!
Cuando la imaginación desmedida te hace convertir en tu propio hacker, llegando a olvidar lo peligrosas que son las apuestas.
Su propio hacker, me gusta eso, Edita. Muchas gracias.
¡Abrazo!
Uffff, querida Aurora. Has tocado un tema bien actual y casi tan incontrolable, nocivo y peligroso como la aún incipiente IA. Debemos andar con cien ojos para que ciertas aplicaciones adictivas no nos atrapen y nos hundan sin remedio. Un abrazo, guapa.
Sí, Puri, es verdad que se sirven del poder de la imaginación para captar adictos. Muchas gracias.
¡Abrazo!
Evidentemente, la «amnesia» posterior le hizo olvidar a Jacinto Potes que era un ludópata, tanto así, que pensó que lo estaban hackeando, pero bastó que viera su propia firma digital para que, de golpe, le volviera todo a la memoria…
Lo más triste de vivir en ese frenesí por el juego es justamente el engaño… Se engaña pensando que en cualquier momento va a ganar y volverse millonario, y quien termina ganándole sus ahorros es la dichosa maquinita…
Un micro sobre la imaginación cuando nos juega en contra.
Muy bueno, Aurora.
Un beso grande,
Mariángeles
Mariángeles, parece que me has leído la mente al escribirlo, me haces feliz jajaja
¡Abrazo!
Vaya tirabuzón te has marcado. Un ludópata que no recuerda que lo es y olvida la locura que le ha invadido al imaginarse convertido en un millonetis.
Ya lo dice la ONLAE: juegue con moderación. Porque al final estás pagando a Hacienda (que somos todos) o a los buitres de las apuestas.
Un abrazo y suerte.
Es verdad, Rosalía, uff, Hacienda y los buitres, menuda combinación, es mejor ni imaginarla…
Muchas gracias por tu comentario.
¡Abrazo!
Hola, Aurora:
Media versión actualizada del cuento de la lechera.
Imaginar puede tener malas consecuencias.
Es un tema muy actual, Los Barrios obreros llenos de este tipo de locales e internet plagado de páginas similares.
Muy buen texto.
Cierto lo que comentas, Hugo, y se sirven de publicidad para manipular tanto la imaginación como las decisiones, una plaga como dices. Muchas gracias.
¡Abrazo!
Aquí hay doble personalidad o algo peor. Creo que debe visitar un psiquiatra.
Bien imaginado!
Si, sí, terapia necesita. Muchas gracias por tu comentario, Rosa.
¡Abrazo!
Una idea muy original ser hacker de uno mismo. Refleja muy bien hasta qué punto puede poseer a alguien la ludopatia, hasta el punto de no ser consciente de ello. Ese buscar a un culpable que no es uno mismo es muy real.
Me ha gustado también el estilo casi policiaco , en el que está escrito con ese desenlace final sorpresivo.
Un abrazo y suerte
Sí, es horrorosa la dependencia que provoca y, como dices, hasta poseer a la persona.
Mil gracias por tu lectura y comentario, Gema.
¡Abrazo!
Aurora, describes la caída al vacío después de aporrear repetidamente la tecla enter y verificar que eso se convirtió en transferencias continuadas.
Pánico y terror acompañan a muchas personas ludópatas en alguna mala «tarde». La tensión in crescendo hasta comprobar el infierno en el que él mismo se ha metido. Qué pena que no se ilegalicen estos juegos. No se puede apostar responsablemente, es un oximoron en sí mismo. .
Sí, estoy de acuerdo contigo, Miguel Ángel, debería ilegalizarse. Es imposible de controlar ni desde fuera ni desde dentro. Muchas gracias por tu comentario.
¡Abrazo!