La experiencia suele ser un grado
Ayer mismo mi madre andaba en la cocina haciendo una tortilla de patatas y me volvió a preguntar: “¿Hija, es que no piensas aprender a cocinar nunca?”
Mi respuesta, como siempre: “Ya aprenderé mami, además hoy en día el YouTube te lo enseña todo”
Mi madre vuelve hoy de viaje y he decidido sorprenderla con una cena exquisita. Llevo media mañana indagando en internet una receta sofisticada para impresionar, pero hete aquí el primer obstáculo: habría sido conveniente haber estudiado un pequeño glosario de términos gastronómicos… ¿flambear, pochar, macerar…? Después de elegir la receta en cuestión, nivel fácil, me dispongo a realizar mi mise en place, todo ordenadito sobre la encimera; obviamente sustituyendo alguno de los ingredientes por otro porque lo de planificar la compra se me había olvidado.
Coloco mi Tablet y ¡madre mía! He pausado tantas veces el video que ya no sé por dónde voy, son las dos y la cocina es un desastre, hora de tomar decisiones drásticas: Voy al frigorífico y saco el tupper de lentejas que mamá dejó antes de irse, me saben a gloria bendita.
He encargado la cena a un restaurante tailandés, mamá tendrá: cena exótica, cocina relimpia y pinche disponible.

