43. La Inapropiable, siempre
Jugamos con mis hermanos bajo la mirada protectora de mi abuela. Mi padre me reclama y acudo enseguida al salón. Lo acompaña, de pie, un señor alto con barba negra. «Tiene todavía once años, pero madurará. Es obediente y aprende rápido. Ya verá, no se arrepentirá». El hombre me abre la boca, me aprieta los brazos y me desnuda con su mirada. Le entrega un puñado de billetes a mi padre, que se los mete en el bolsillo. «Prometo ir a verte en cuanto pueda», me asegura mi padre, tras darme un beso. Atravieso la puerta agarrada a una enorme mano desconocida.
Desde entonces, un muro infranqueable se ha levantado entre mi familia y yo. En la superficie, veo escrita con mi sangre fresca la secuencia repetida hasta el infinito: «Eres mía», «Me perteneces», «Soy tu dueño».
Una mañana, no se da cuenta de que le preparo un té especial para su desayuno. Se va a trabajar. Llega la noche y no regresa. Cargo la mula y camino hacia las montañas, el lugar al que temen ir todos los propietarios. Creo que a mi padre se le olvidó decirle al barbudo que la abuela era una experta en plantas medicinales.


La vendieron. Y se liberó. Gran relato. Muy duro. Liliana. Enhorabuena
Las mujeres siempre han matado con veneno, el método más apropiado cuando te enfrentas a alguien más fuerte. Sospecho que la mayoría de esos asesinatos fueron en defensa propia, como en esta historia. Por cierto, que también podrían haberse cargado al padre que la vendió.
Un abrazo y suerte.