¿Choque o encuentro generacional?
Siempre le repito a mi madre que la cabeza es mucho más joven que las piernas por lo que las ganas de disfrutar, de aprender, de participar activamente en la vida siguen intactas cuando las capacidades físicas no colaboran a ello porque inevitablemente los años van mermándolas.
La mayoría de los nonagenarios, no todos, ven pasar los días en una aburrida espera del final, o eso es lo que les hacen creer los que tienen alrededor.
No sé en qué momento me he empezado a sentir arrinconada ni siquiera sé si he sido yo o los que me rodean los que han hecho que esto suceda, pero empiezo a escuchar: “mamá tú no puedes ir allí”, “mamá no hables tan alto” y hasta incluso me oigo decir “yo es que ya tengo una edad…”.
¿Ha empezado el declive?, ¿se va diluyendo mi sitio en el mundo?, pues voy a emplearme a fondo para evitarlo. Hoy he decidido hacer un curso sobre IA, llevo dos meses en el gimnasio, asisto a tertulias literarias… y ¡voy a montar en globo la semana próxima! Cada experiencia con personas de diferente edad y condición me aportan la libertad de elegir mi pertenencia.

