Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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11. LA MARCA DEL AMOR (Mariángeles Abelli Bonardi)

Siempre he sido de buenos sentimientos, porque a todos me doy sin reservas: la sombra de mi copa, mis ramas para el nido, el sutil perfume de mis flores. Lamento confesar, sin embargo, que la edad me ha puesto quisquilloso, y más ahora en primavera, cuando el gordito alado, arco en mano, empieza a hacer de las suyas: los trinos, arrumacos y besos nunca han sido un problema, los cobijo con gusto, pero esta moda del tatuaje no va conmigo. Me preparo, tomo aire, soporto el punzón en mi corteza: rodeados por un nuevo corazón se leen sus nombres, «Iris y Rosendo».

12 Respuestas

  1. Aurora

    Mariángeles,
    Qué bonito tu relato, un discurso magnífico, qué importantes son los árboles, nos aguantan todo!
    Me ha gustado mucho, y tu texto en Mosaico también,
    enhorabuena .
    Abrazos

    1. ¡Muchas gracias, AURORA! A mí también me gustó tu micro de las gafas en «Mosaico»: cortito, conciso, y muy bueno.
      En cuanto al discurso del árbol, me complace que te guste; así sea de amor, es comprensible que se queje de la marca que le dejan… es cierto que los árboles nos aguantan todo, más de lo que los humanos merecemos…

      Otro abrazo para vos,
      Mariángeles

  2. Ángel Saiz Mora

    Cuántas cicatrices tendrán los árboles, nombres y corazones atravesados por flechas que tal vez se rompieron con el tiempo, pero que cuando fueron grabados constituían la única realidad posible. Estos amigos vegetales, que muchas veces nos sobreviven, han visto muchas cosas; no siempre los tratamos bien y tendrían mucho que decir si pudiesen hablar. Tú has sabido ponerle voz a uno de ellos para corroborar lo que ya intuíamos: que también tienen su corazoncito.
    Un abrazo y suerte Mariángeles.

    1. Eso es lo más triste y lo más probable, ÁNGEL querido, que esos amores grabados a punzón y a corazón en el árbol, hayan sido efímeros… Será corazón vegetal pero corazón al fin, y no hay duda de que los árboles y plantas lo tienen; no por nada reverdecen cuando se les habla (caso de mi mamá), se les riega, y se les cuida…
      Gracias por comentar este micro que, a su modo, habla de la pasión y el deseo…

      Otro abrazo y suerte para vos,

      Mariángeles

  3. Barceló Martínez

    Hola, Mariángeles.
    Si ese pobre arbolito pudiera hablar… Está bien que la gente se quiera y que busque el cobijo de sus ramas para declararse amor, pero que necesidad de lo de tallar su tronco. Menos gestitos de estos, como lo de los candados en los puentes y esas cosas y más empatía y comprensión es lo que hace falta para quererse de verdad, ¿No crees?
    Un relato muy simpático y fresco, más o menos como este abrazo que te mando.

    1. Querido BARCELÓ, estoy totalmente de acuerdo contigo: más empatía y comprensión es lo que hace falta para quererse de verdad, no obstante, hasta ese gesto de poner candados en los puentes es más ecológico, más romántico y menos dañino que tallar corazones en los árboles para declararse amor…
      Me alegra que te haya parecido simpático y fresco el relato. Gracias por tu fresco abrazo, que en este final del verano argentino me viene muy bien. Yo en cambio, te envío uno bien cálido, que sé que por tus lares españoles todavía están en invierno.

      Cariños,
      Mariángeles

  4. Hola, Mariángeles, me he puesto en la corteza de ese tierno arbolito y lo entiendo perfectamente. Con lo generoso que es en su entrega, qué menos que tratarlo con respeto. Pero, cuando la pasión y el deseo nos dominan, somos capaces de lo mejor y también de algunos excesos. Ya saben los árboles de nuestros amoríos, no hace falta que lo dejemos tatuado en su piel. Muy imaginativo, tierno y aleccionador. Suerte y, como decís por esas tierras, cariños.

    1. Totalmente cierto, JUANA; cuando domina la pasión y el deseo es raro que se piense en otra cosa, menos si nuestro accionar le hace daño a alguien más, en este caso, un árbol que se brinda por entero y de ninguna manera merece sufrir ese daño. Que encuentres aleccionador este micro me complace sobremanera, porque excede el propósito que imaginé para él.

      Te mando mis cariños argentinos y también mucha suerte,

      Mariángeles

  5. María José Escudero

    No puedo entender esa costumbre de herir a los árboles. Ya comprendo que el amor nos trastorna, pero creo que es mejor abrazarlos y sentir su valiosa energía. Me solidarizo con el protagonista de tu relato, comprendo su queja. Buena propuesta, Mariangeles. Mucha suerte y besos.

    1. Así es, MARIA JOSÉ; no se entiende esa necesidad de demostrar amor a alguien dañando a un árbol, por más que el amor nos trastorne. Hay formas más ecológicas y más que efectivas de hacerlo, creo yo (poner un pasacalles, por ejemplo).
      Gracias por solidarizarte con mi protagonista, y más aún por haber comentado el micro.

      Cariños,
      Mariángeles

    1. ¡Muchas gracias, Rafael! Es cierto, ese tipo de manifestaciones están más cerca del «postureo» (me encantó esa palabra, la voy a adoptar) que al verdadero amor y cariño. Fue lindo darle voz a un ser tan «sintiente» y sensible como un árbol.

      Saludos desde Neuquén, Patagonia Argentina,

      Mariángeles

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