Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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38. La pasión de D. Ricardo

 

No estaba en la Iglesia. Jugaba con él, un ratón manejando al gran gato. Se equivocó cantando el salmo, estaba irritable, fulminó a un monaguillo con la mirada. Después de misa dobló cuidadosamente la casulla y se levantó la camisa. El cilicio había dejado una fea marca en la cintura. El mordisco del alambre en la carne le daba un aspecto torvo que, junto a la ceja izquierda levantada, intimidaba a los fieles. Rezó ante una imagen de San Agustín y se sintió reconfortado, limpio. En una de sus aldeas le dieron viandas de la matanza, pero hoy ayunaría. Sudó hielo esperando la hora, fumando un Ducados tras otro hasta que los santos se difuminaron en una niebla de ansiedad. Por fin escuchó el bullicio de la chiquillería y vio las rodillas rojas de mercromina, los tirabuzones de querubín, un diablo que olía a Nenuco. Se obligó a pensar en sangre, pus, mocos, miasmas que ocultaba su apariencia angelical. Se sintió fuerte, rebosante de fe y con vocación renovada . Después de la catequesis le despidió con frialdad, esta vez no caería en la tentación. Como le pasó con su hermano mayor.

4 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    La tentación a veces es muy fuerte y nadie es perfecto, aunque hay límites que nunca se deberían traspasar. El propósito de enmienda de este sacerdote no es criticable, al contrario; su turbio pasado es otra cosa, como se suele decir en casos semejantes: Tolerancia cero.
    Un relato entre los dilemas morales, las bajas pasiones y la lucha por superarlas. Un personaje al que por un lado quizá respetamos, por su lucha interna de la que resulta vencedor, pero al mismo tiempo hemos de denostar, pues ha sido y es capaz de lo peor.
    Un abrazo y suerte, Lucas.

  2. Lucas Romano

    Gracias Ángel. Estuve a punto de no publicarlo por la sordidez del tema pero por desgracia es un tema que está ahí. Como bien dices, tolerancia cero. Gracias por leerlo y por comentar, siempre estás ahí.

  3. Isabel Cristina Fernández Sánchez

    Lucas,
    Me ha sorprendido lo bien que ha contado tu sacerdote su lucha interior pensando en lo más sucio y repugnante de su angelito. Es un tema con casos muy, muy duros; me alegro de que lo hayas publicado con tu micro. Son actos necesarios. Enhorabuena

  4. Lucas Romano

    Isabel, como bien dices siempre hay que abrir ventanas, armarios y sacristías para que corra el aire. Muchas gracias por leerlo y por tu comentario, un abrazo desde Cantabria

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