40. LA PLAYA, otra vez
Los niños, cuatro, tenían ocho años, tal vez diez. Eran delgados, fibrosos, llenos de energía. Estaban en aquella pequeña playa que se formaba milagrosamente en el litoral rocoso, salvaje, al norte de la ciudad.
La marea estaba subiendo y había unas olas que superaban claramente la estatura de cualquiera de ellos. ¡La diversión estaba asegurada! Unas las buceaban, otras las pasaban por arriba con un nadar todavía pendiente de mejorar, las menos las surfeaban con su cuerpo sin saber que dentro de poco necesitarían una tabla que les ayudase en la “navegación”. Como no podía ser de otra manera, alguna que otra ola les daba un buen revolcón durante unos breves segundos en los que se veían sus piernas emergiendo en medio de la espuma. Las risas, después del susto, estaban garantizadas.
Solamente muchos años después se darían cuenta de lo felices que habían sido domesticando la vida en aquella playa que, en exclusiva, les pertenecía.


Rilke dijo que «la verdadera patria del hombre es la infancia», ese espacio mágico y despreocupado, asociado a lugares, compañía y vivencias que nunca desaparecerán de la memoria, algo de lo que solo somos conscientes años después, tanto más cuanto más tiempo transcurre, como le sucese a tus personajes.
Un saludo y suerte, José
Gracias por el comentario, Angel.
Voy a tener que repasar Rilke
Ay, qué bonita es la infancia cuando es feliz. Por desgracia, no siempre lo son. Ojalá todos los niños y niñas del mundo pudieran jugar a domesticar las olas, y al llegar adultos poder recordarlo.
Un abrazo y suerte.
La vida son recuerdos, aunque de algunos no nos acordamos y nos los tienen que contar
La memoria te recuerda momentos felices que pasaron desapercibidos. El estado natural de los niños es ser feliz. El de los adultos no siempre. Buen relato que nos lleva hacia nuestras raíces. Enhorabuena, José. Suerte.
Gracias Miguel Angel,
Para algunas cosas, para muchas, es una pena llegar a adulto.
Tenemos que tratar de ser felices siempre, como lo son los niños en la playa
Es una historia evocadora y que nos hace comprender que hay cosas que solo se viven en la niñez y que solo pertenecen a esa época . Claro que no todos los niños son tan afortunados como los de tu historia. A muchos les roban su niñez.
Un abrazo
Gracias Gema,
Lo que nos pasa en la niñez es muy importante, pero lo que nos ocurre en las diferentes etapas de la vida también lo son
Los recuerdos de una niñez feliz siempre nos sacan una sonrisa, las otras…