41. PERTENECERNOS
Cierro los ojos y te veo. Los abro y te sigo viendo. Vuelvo a cerrarlos. Y tu voz me alcanza. Desde algún lugar. Eres tú. Ese inconfundible tú. Tú que ya no estás. Tú que permaneces. Permaneces en mis recuerdos y en el deseo que encuentro cuando traspaso el tiempo. Cuando tú eras mi lugar. Cuando éramos «nosotros».
Y, entonces, te fuiste. Y se quedó el tiempo suspendido. Y yo con él. El tiempo y yo. Suspendidos en algún punto, como aferrados a un hilo que cae hacia un precipicio. Un precipicio del que no se ve el fondo. Como un agujero o un pozo o un túnel negro, muy negro.
Y hubo otros. Muchos. O pocos. (Los he olvidado a todos). Pero seguía aferrada al hilo. Y me ahogaba. Porque ya no pertenecía. Porque ya no estabas. Porque ya no tenía un lugar a donde llegar.
Ahora cierro los ojos y te veo. Los abro y te sigo viendo. Vuelvo a cerrarlos. Y tu voz me alcanza. Eres tú. Tú que permaneces. Tú que estás. Y, entonces, volvemos a ser. A pertenecernos. A ser «nosotros».
Y ya no los vuelvo a abrir.


La vida siempre sigue, pero cuando dos personas conectan de verdad, de alguna manera es para siempre, la ausencia de uno de ellos es imsustituible, solo queda la esperanza de que puedan encontrarse en otra dimensión.
Un relato lleno de sensibilidsd.
Un abrazo y suerte, María
Querido Ángel: opino como tú, la conexión y el amor trascienden el tiempo y el espacio. Gracias por tu comentario. Un abrazo muy grande.
Hermosos pensamientos de un moribundo eternamente enamorado. Sabe que van a estar juntos a partir de aquel momento.
Las historias de amor siempre son hermosas.
Maria, enhorabuena, Mariá .
Miles de gracias por tu comentario, Miguel Ángel. Me alegro mucho de que te haya gustado. El amor, para mí el gran tema de la literatura. Un abrazo.
Una bonita historia de amor, de almas gemelas,de ausencia y esperanza en el reencuentro al otro lado.
Un abrazo
¡Muchas gracias, Gema! Me alegro de que te guste.
Abrazos.