Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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34. La rata

Se escapan de mis ojos. Dos lágrimas burbujeantes como el cava en libertad. Al deslizarse por mi rostro, van dejando estelas de un blanco luminoso y festivo. Así es el color de la alegría. ¡Lo logramos! ¡Lo logramos!, repetimos mientras mi marido me alza en volandas. Pero mi cuerpo ahora es papel de seda y hay que cuidarlo hasta que llegue el momento. Por eso me devuelve al suelo. Muy muy despacio.

Olvidadlo —nos habían advertido todos—. Desde que se acabaron los embarazos naturales, ser padres solo es para ricos. No hicimos caso. Y agostamos nuestras fuerzas trabajando noche y día. Pluriempleados con sueldos miserables hasta hacernos con unos ahorros.

Cuando visitamos la clínica por primera vez, nos mostraron los catálogos. Tan bellos, tan cándidos, tan por encima de nuestras posibilidades… Excepto el embrión con el que me fecundaron. Ahora, recién adherido a mi útero, nos queda poco tiempo para preparar su llegada. En unos veinte días, según el doctor, me pondré de parto. Ya imagino su cuerpo rosado, los ojitos cerrados al nacer. Incluso creo que la siento dentro de mi vientre. Sí. Nuestra hija acaba de mover su colita.

21 Responses

  1. Rosalía Guerrero

    Uuyyyy, qué mal rolloooo… Lo cuentas todo tan bonito —el cava burbujeante, las estelas blancas, el cuerpo de papel de seda —, la parte épica del esfuerzo para lograr su sueño de ser padres, la ilusión al conseguirlo…
    Y luego llega lo de los veinte días y no me salen la cuentas, pues se acaban de enterar, y recuerdo el título y se me ponen los pelos de punto hasta que acabo de leerlo.
    María, me parece un micro entre la poesía y la distopía, con una transición entre ambas condensada en tan pocas líneas que resulta absolutamente terrorífico. Kalopsia del siglo XXII.
    Un abrazo y suerte.

  2. ¿Será que soy aracnofóbica, y que por eso no me dio tanto asquete lo del embarazo de/con la ratita, o será efecto de la kalopsia de la propuesta? En todo caso, María, coincido con Rosalía en que las palabras elegidas (los diminutivos, por ejemplo), tiñen de aura de cuento de hadas una historia distópica que debería leerse con espanto…
    Una pareja como cualquier otra, que sueña con tener un hijo hasta la desesperación, se ajusta no sólo el presupuesto, sino las expectativas de ese «bebé» que van a recibir, con tal de recibirlo, al fin de cuentas, un hijo es un hijo, sea de la especie que sea…

    Inquietante el micro, por decir lo menos.

    Besos desde Argentina.😘😘😇😇

    1. María Gil

      Tienes toda la razón. Un hijo es un hijo. Y cuando no estás entre los privilegiados hay que buscar la felicidad como se puede.

      Besos desde España

  3. Rosa Gómez Gómez

    Inquietante sobre todo cuando se piensa en el ser que saldrá de su cuerpo. ¿Distopía?, el ser humano es capaz de todo lo peor y de todo lo mejor. ¡No tenemos arreglo!

  4. María, qué imaginación, por diosss. Qué último párrafo más impensable, para nada se veía venir ese desenlace. Lo has contado tan bien que me has puesto los pelos de punta con solo imaginármelo.
    Suerte con él, preciosa.
    Abrazos.

  5. Isabel Cristina Fernández Sánchez

    Actualmente hay más parejas con una mascota (digamos un perro) que con un bebé. Tal vez no lo sepamos y la historia que cuentas, sea el primer paso de la creación y formación de las nuevas familias. Muy bien contado; da un poco de yuyu.
    Nos leemos

    1. María Gil

      Es verdad, las parejas dedican su amor a las mascotas más que a los hijos. ¿Por qué una rata en lugar de un perro?

      Un abrazo, Isabel Cristina.

  6. Un poco de yuyuuuuu? Da todo el yuyu del mundo! Qué barbaridad, yo esperaba todo el rato que apareciera la rata en la historia y cuando me he dado cuenta de que ya estaba en el final y de que quedaba otra alternativa… Ahhhh! Casi me da un telele!
    Muy buen micro, María, tan normalito y tan espeluznante a la vez, esperemos no llegar a esos límites. Suerte!

  7. Ángel Saiz Mora

    Un hijo o hija es alguien muy especial y lo es y lo será para siempre. En este caso, más que alguien, hablamos de algo, pero ya sabemos que hay quien humaniza a los animales con los que convive hasta extremos radicales.
    Um ñln relato que muestra que hay muchos tipos de amor, pero como el de una madre y en todos (pero todos) los casos, ninguno.
    Un abrazo y suerte, María.

  8. Ana Fúster

    Un micro de categoría superior, original y perfectamente llevado hasta esa conclusión que te ves obligado a enlazar con el título. Me ha encantado. No necesitas suerte, va a acabar en papel sí o también. Un abrazo.

  9. María Gil

    Gracias, Ana, por tu comentario. Me alegro de que te haya gustado tanto. A mí el tuyo me ha alucinado. ¡Queeeee bueeeeenooooo!.

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