Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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01. LUZ AZUL (Jesús Alfonso Redondo Lavín)

Mientras mi madre preparaba en la cocina la acostumbrada cena de huevo con patatas fritas, yo a mis 8 años de edad, hecha, hacía un año, mi primera comunión, me afanaba, lápiz en mano, en escribir a palotes una frase que vi en la pared del patio del colegio. Aún no existía la palabra grafiti en nuestro vocabulario.
Con parsimonia copié: CHAPITUDEBARATIYO. Mientras comprobaba, leyéndola silábicamente al revés, que estaba correctamente escrita, noté sobre el cuaderno la sombra de la cabeza de mi padre y vi como su mano me lo arrancaba de las mías y le enseñaba y explicaba lo escrito a mi madre.
– Mira lo que escribe el niño, cuchicheó mi padre.
Me quedé de piedra, aunque temblando. Me habían pillado.
– No es mío, estaba escrito en la pared, dije en mi defensa.
– Jesusín, eso es un pecado, respondió mi madre enfadada.
Esperaba el acostumbrado pescozón de mi padre en semejantes ocasiones, pero pude distinguir en él una sonrisa escondida.
Las frases capicúas supe muy tarde que eran palíndromos. En la pandilla jugábamos con aquellas que decían: DABALEARROZALAZORRAELABAD o el ARRIBABIRRA, ya entrados en edad.
Hoy para ser fiel a las reglas de este blog os escribo: LUZAZUL.

16 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    El autor de este relato ha acumulado muchas experiencias, se ha fijado, una vez más en los pequeños detalles, tan importantes, sabe plasmarlos de manera amena en buenas historias que comparte para disfrute de todos. Este relato es un ejemplo de cómo un sencillo juego de niños puede convertirse en una afición temprana a las letras, la que sin duda tuviste y mantienes. No puedo estar seguro, pero pondría la mano en el fuego para decir que hay mucho de autobiografía en lo que cuentas.
    Un abrazo y suerte, Jesús

    1. Jesús Alfonso Redondo Lavín

      Muchas gracias por comentar, pero te juro que no estaba en mis intenciones aprovecharme de tu nombre. Imagino lo que pasaste. Saludos.

  2. un tal miguel

    Tanto para un lado como para otro tus escritos enganchan. Parece que los estamos reviviendo de nuestra propia infancia. Hasta los coscorrones o collejas, da lo mismo, dolían igual tanto si eran palíndromos como si nó.

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