Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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34. Madrid 1942

Se ajustó las gafas oscuras y se dispuso a encabezar el cortejo fúnebre con sobria dignidad, como las otras veces. Mientras el cura recitaba sus latines, pensó con sentimientos encontrados en sus difuntos maridos. El primero, un falangista de gomina y sol y sombra, al que se le iba la mano los días de sombra; el funcionario en Carabanchel que decía haber perdido tres dedos en Belchite; el meapilas que afirmaba que el sexo a partir de los cincuenta era grotesco además de pecado, y el taxista taciturno con sus tripas ruidosas y sus lavativas de agua salada para mejorar el tránsito. Todos fueron sucumbiendo como pajarillos famélicos a su compasivas fórmulas magistrales. Había alcanzado un grado de sutil refinamiento propio de cónclave papal, deploraba la brutalidad escandalosa del arsénico. Acabado el tedioso desfile de pésames, mientras fumaba un Jean, se acercó un viudo apuesto con pinta de comandante de submarino alemán. Retuvo su mano entre las suyas unos segundos y mirándole por encima de las gafas le dijo, -venga a verme algún día, es bueno apoyarse en alguien para superar estas pruebas.

2 Respuestas

  1. Gema Gutiérrez Peña

    ¡Vaya con la viuda negra! Coleccionista de maridos, si ya no se lleva.
    Sutil, irónico y sugerente, me recuerda a Landrú que terminó en la guillotina, no sé esta viuda donde terminará, aunque es seguro que muy rica.
    Enhorabuena.

    1. Lucas Romano

      Gracias por leerlo y por tu comentario, Gema. Las mujeres siempre han tenido que tirar de imaginación y agallas para sobrevivir. Abrazo

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