86. MI HERMANO Y YO (Blanca Oteiza)
Aquel verano nuestros padres nos mandaron a campamentos. No comenzamos con buen pie, en el grupo había un gallo que quería dominar el corral y algunas gallinas lo adoraron. La tomaron con mi hermano desde el primer baño en el río. Sus michelines resultaban obscenos para los tirillas del gallinero. Durante las comidas llovían sobre nuestra mesa todo tipo de alimentos en forma de perdigones y por las noches, en más de una ocasión, encontró sus sábanas manchadas o mojadas. Lo miraba con tristeza. Quería decírselo a los monitores, que parecían no darse cuenta de nada, pero mi hermano mayor no me dejaba.
Una tarde por el bosque una piedra impactó en su frente. Tras ella aparecieron riéndose los secuaces del ave que se pavoneaba con descaro ante nosotros. No pude evitar la rabia al contemplar la sangre de la herida y salté sobre el agresor dos cabezas más alto que yo. Descargué toda mi fuerza sobre su rostro sorprendido. Desprevenido, logré tumbarlo y los polluelos dejaron abandonado a su líder saliendo corriendo entre la maleza.
Tras aquel incidente llamaron a nuestros padres que vinieron a recogernos. Después de aquel verano, nunca volvimos de campamentos.


¡Ay, los campamentos de verano! Me remueve remordimientos por haber llevado a uno de ellos una vez, solo una, a un hijo, que se empeñó en ir porque iban dos amigos. Volvió traumatizado. Me ha gustado mucho tu relato.
Muchas gracias Edita por tu comentario, me alegro que te haya gustado.
Los campamentos de verano son una caja de sorpresas, lo mismo son traumáticos que una gran vivencia.
Un saludo
Hay matones que solo entienden un lenguaje, lo del apaciguamiento, por desgracia, no les sirve. Es una lástima que una actividad hecha para el disfrute y solaz se convierta, de forma innecesaria, en un infierno. No hay que defender la violencia, pero todo tiene un límite.
Un abrazo y suerte, Blanca
Muchas gracias Ángel por tus palabras.
Desde luego que la violencia es lo último, pero a veces algunos sólo entienden ese idioma. Valiente el hermano pequeño que no duda en defender a su hermano mayor de los ataques repetidos. Y una pena que en vez de pasar unos felices días de asueto los pobres hermanos lo pasen tan mal.
Un abrazo
Se dice mucho eso de que no hay que responder a la violencia con más violencia pero, si la defensa propia es un atenuante en los juicios de los adultos porque no lo es cuando hablamos de niños. Enseñar a defenderse, a poner un límite, aunque sea de forma violenta (sin ensañamiento, obviamente), tal vez sería mejor: poner al otro en su sitio con una torta, sienta bien a veces y te ganas el respeto de unos y otros. Aunque otras veces te deja sin campamentos para el resto de tu vida.
Muy buena apuesta, Blanca.
Suerte y abrazos.
Muchas gracias Anna por tu comentario.
Me alegro que te haya gustado mi relato.
Un saludo
Blanca, me encanta el coraje de ese pequeñajo que no soporta ver cómo trata el gallo desplumado a su hermano. Es fácil defenderse cuando eres grande y fuerte, eso no tiene demasiado mérito. Pero saltar al cuello de un grandullón y tumbarlo… eso, no tiene precio. Bien por él, y bien por ti por hacer justicia infantil.
Un abrazo y suerte.
Muchas gracias Rosalía por tus palabras.
Me alegro que te haya gustado mi relato.
Un saludo
Tu relato describe algo muy habitual y no me refiero solo al bullyng que ejercen los abusadores de turno sino que al final cuando los abusados responden después de soportar todo sin que los responsables hagan nada, son ellos los expulsados y amonestados. Podría ser una metáfora de cómo va el mundo y de la justicia .
Un abrazo
Muchas gracias Gema por tu comentario.
Cierto, podría ser una metáfora del mundo actual como bien dices. Es muy triste que se castigue al que hace justicia y el acosador salga impune.
Un saludo
Gracias por tu comentario en mi texto.
Me paso por aquí y me voy también con rabia.
Al final, por defenderse, son ellos los que se quedan sin campamentos.
Yo he sido un niño “movido” y por suerte o por desgracia me he comportado como gallo , polluelo, y grano al que picoteaban. Es fácil dejarse llevar cuando es otro el que sufre. Por suerte hay Davides que se lanzan con todas sus fuerzas.
Me ha gustado en tono de tu texto y las imágenes tan claras. Creo que cualquier lector las reconocerá sin duda.
Un saludo y suerte
Muchas gracias Hugo por tu comentario.
Un saludo