Mnstrscp 2026 – R2 – Encuentro 7
La Llorona / Aisha Qandisha / Doppelgänger
tendréis hasta el domingo 4 de octubre a las 12 de la noche (peninsular española) para entregar:
- * Un relato de 150 palabras máximo (título no incluido)
- * Mantener el título asignado.
- * Incluir los dos fragmentos supervivientes exactamente como aparecen.
- * Incorporar algún elemento relacionado con el mundo de los libros.
el relato original de Yolanda Nava está aquí: Esta noche te cuento 115. PERROS CALLEJEROS (Yolanda Nava) – Esta noche te cuento
| el relato se entrega pinchando en esta imagen | y se vota en esta otra |
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Perros callejeros de La llorona.
El viejo Ezequiel MURIÓ UNA NOCHE de febrero, la más fría de todo el invierno. Al llegar sus hijos -tarde, por supuesto-, le hallaron apaciblemente congelado en su cama, mientras una maldición, de esas que solo LANZA AL AIRE un moribundo, orbitaba sobre sus labios.
Javier, el más pequeño de los cuatro hermanos, fue el único con coraje suficiente para acercarse a descifrar la retahíla de palabras flotantes. “Tendréis mi dinero, las joyas de vuestra difunta madre, la casa. Pero la biblioteca me la llevo”. Corrieron a la sala: de la valiosa colección de libros raros que esperaban vender con pingües beneficios no quedaba más que un montón de cenizas con olor a cuero y a pergamino.
Rabiosos, los tres mayores se ladraron unos a otros inquinas y reproches. Tan solo Javier percibió la sombra que reía calladamente junto al escritorio; habría jurado que tenía un par de cuernos.
Perros callejeros de Doppelgänger
Cientos de perros rabiosos merodean las calles. Solo es posible atravesar la ciudad en vehículo y ni siquiera así se está a salvo de las jaurías. El Cujo-X, virus mutado de la rabia cuyo nombre tomaron de la novela de Stephen King por sus curiosas semejanzas de contagio, continúa extendiéndose sin que los científicos consigan detenerlo.
Las noticias anuncian que ejército y policía iniciarán pronto campañas para limpiar la ciudad de animales infectados. Mientras, permanecemos encerrados en casa. Muchos, temerosos, acompañados por nuestros perros.
La primera víctima humana MURIÓ UNA NOCHE mientras dormía. Sus dos rottweiller apenas dejaron los huesos. Desde entonces, cada vez que suena una trifulca de gritos y gruñidos, un vecino LANZA AL AIRE a su mascota desde la ventana. Si no muere del impacto contra el asfalto, el animal apenas llega a incorporarse antes de que las manadas callejeras se abalancen y disputen por descarnarlo vivo.
Perros callejeros de Aisha Qandisha
Tras leerlo, el mendigo LANZA AL AIRE el libro que ha rescatado de una papelera y lo deja caer con desdén. Extrae entonces papel y boli del carro atestado de cachivaches y escribe.
Lo descubren por casualidad. Una novela impecable.
Firma un contrato primero, miles de ejemplares, después.
Desaparece el carro. El gorro es ahora un sombrero, los zapatos brillan, las teclas resuenan en un despacho con mesa de caoba.
Presión, plazos, deudas.
El escritor se ahoga, necesita salir. Atraviesa el parque y observa a un pobre hombre que rebusca en la basura. Le recuerda a algo, no sabe a qué. Le regala su pluma, no sabe por qué. Le cambia el abrigo. Le compra el carro.
MURIÓ UNA NOCHE. Lo encontraron unos corredores al amanecer.
Tendido sobre un banco, cubierto por libros abiertos por la mitad.
Algunos estaban firmados. Se subastaron. Solo ganó la editorial.
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