Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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Los participantes con los alias: PATITO FEO, LA SIRENITA y DRACULA

 

Tendrán de PLAZO hasta las 23:59 horas de España peninsular del sábado 18 de Septiembre del 2021 para escribir un microrrelato que cumpla con las siguientes bases:

  • * TÍTULO : Una o varias palabras siempre y cuando el título comience por la letra M y termine por la O (por MonstruO). Serán válidos títulos como : MoribundO, Mi niñO, Muy poco pan para tanto chorizO etc … El jurado otorgará 1 punto extra al relato con mejor título, más original etc de toda la ronda.

 

  • * RELATO : Extensión máxima 200 palabras (título no incluido). Debe incluir obligatoriamente la palabra CRIATURA

 

  • * El estilo y tema es completamente libre, pero el relato debe estar basado, como inspiración, en la siguiente fotografía.

 

 

 

 

 

Enlace para que los 3 participantes envíen su relato AQUI

 

VOTACIÓN del encuentro (se activará cuando se hayan presentado los 3 relatos). Recordamos que solo se permite el voto a participantes del concurso y del blog. Uno no se puede votar a si mismo.

7 Responses

  1. Mel

    Madre futura busca caballero nocturno para coito y sueño de Drácula

    No entendía cómo esa cosa salió de su seno. En la cuna, la CRIATURA solfeaba con la voz de un ave canora. Estaba hambriento. Ante el reclamo, ella le dio el pecho. Al succionar, el recién nacido exprimía a la fuerza los sentimientos maternales. La tenía sometida a su influjo. Solo podía imaginarse lo que diría Ma que deseaba una nieta idéntica a ella. “¿Con quién te metiste, Oska?” Nadie en la familia tenía ojos azules ni ese cabello afro celestial de rizos dorados. Sin duda, el bebé lo heredó del padre. Pero ella estaba segura de haber elegido bien a su pareja. Todavía conservaba la huella de los dientes entre las escápulas cuando él la sujetó por la espalda para copular en las alturas. Al descenso, tras de sí quedó una nebulosa de semen, y no soltó a Oska hasta depositarla en tierra firme. En ningún momento, ella le vio la cara al ser. Tampoco los ojos rojos, las manos esqueléticas, las alas membranosas, la piel mortecina, los colmillos, que los caracterizaba. Solo una capa oscura ondeó por un instante antes de desaparecer. Como vampira primeriza, la había engañado un ángel disfrazado de drácula.

  2. Mamá, quiero ser artista, artiste, artisto. de La sirenita

    Desde pequeño supe que era diferente. Mis hermanos y primos disfrutaban con cada susto, ataúd o tela de araña. A mí, sin embargo, todo eso me aburría enormemente,
    lo que me convertía en un bicho raro.
    En realidad, yo tenía un único sueño: ser bailarina.
    Pasaba horas mirando vídeos en YouTube y practicando coreografías con mucho cuidado de que mi padre no me viese, y así ahorrarle la vergüenza. Me imaginaba en los más famosos escenarios y hasta podía escuchar los aplausos de los miles de espectadores que iban a ver mis actuaciones.
    Todavía recuerdo la noche de Halloween de mis 14 años. Mientras mis hermanos estrenaban capas y pulían sus colmillos, mamá me llevó aparte y me entregó un paquete. Al abrirlo no pude contener las lágrimas, se trataba del tutú de bailarina más bonito que jamás había visto. Entonces, me dijo notablemente emocionada:
    — Franchesco hijo mío, nunca te avergüences de lo que eres, desde que naciste supe que serías una CRIATURA especial. Conseguirás todo lo que te propongas en la vida y no te preocupes por el Conde, te quiere y como cualquier padre, con el tiempo lo aceptará.

  3. Miramiento innecesario de Patito feo

    Viví mi «»Pasión turca»» con Alexander Ivanov en la trastienda de su negocio de la calle Arbat durante unas vacaciones, mientras mi esposo, ensimismado, buscaba un «»souvenir»» para su madre.

    A los cuatro meses se me notaba tanto la barriga que ya no sabía cómo posponer la conversación. Hacía bastante más que no hacíamos el amor. Pero mi marido, que mostró una ilusión desmedida por la niña que venía en camino según el doctor, no parecía llevar las cuentas. Y callé.

    Cuando la CRIATURA nació, en una ausencia por trabajo de su padre, mostraba todo el esplendor que escondía en las ecografías, y, cuando hablamos por teléfono, por supuesto obvié también esa nimiedad. Ya encontraría el momento perfecto cuando se encariñara. No me costó obnubilarlo poniéndole enormes lazos al bebé en lo alto de su cabecita. Y pasaron los meses. Y éramos felices. Hasta que una noche, desvelado, se asomó a la habitación del bebé al oír unos lamentos y se lo encontró con el pañal escurrido y muy acalorado, meciéndose alegremente contra un cojín. Entonces, en un susurro, me despertó con un “cariño, creo que deberíamos hablar”.

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