46. No veo solución
Sí, me da coraje, entiendo que estaba de vacaciones el día que en Barrio Sésamo se educaba en “abrir y cerrar” pero ya han pasado años para madurar…En fin, me desespero cuando veo los cajones a medio cerrar y lo que es peor con un calcetín pillado.
Y ya lo de la gestión del tiempo es inenarrable, vamos a ver: “Yo necesito quince minutos para estar lista y llegar a la hora, si tú necesitas media hora tendrás que empezar antes, esto es sentido común”. A veces el tono es neutral, otras más alterado, porque indefectiblemente llegaremos tarde al evento como habitualmente.
La respuesta siempre es la misma: “Eres una maniática”. Según él utilizo el metro para cuadrar la colcha de la cama y yo me pregunto ¿cuántos años se necesitan para aprender a hacer una cama sin que te dañe la vista al entrar en la habitación?
La convivencia me ha dado el coraje de defender mis criterios, ¡no mis manías!, pero también ha aumentado mi impotencia ante tanta desidia. La única explicación que se me ocurre para sostener esta situación es que sobrevolando a mi alrededor existe una especie de entelequia que me sigue arponeando con sus flechas.


Como decía mi madre: «Cada uno es como es». Hay cosas que no pueden cambiarse, porque están en la propia naturaleza, la resignación y la cesión tienen un límite. Defender un criterio con argumentos es muestra de coraje. Renunciar a la esencia propia, como se indica en el título, no es solución.
Un abrazo y suerte, Ana
Tu madre tenía razón, cada uno es como es pero a veces la impotencia de no poder conseguir pequeños cambios es horrorosa.
Gracias por comentar. Un abrazo
Para mí es un tema de convivencia. Se dice que hay que llegar a acuerdos, dialogar mucho, bla, bla, bla. Pero la realidad se impone y nos autolimita tanto que no vemos solución.
Igual hay que mirar de lejos, como si no fuera con nosotros. Bueno, no es nada fácil. El título refleja bien su desesperación.
Totalmente de acuerdo, la convivencia es la clave y pensar que el otro puede cambiar un error, aunque probablemente a pesar de las diferencias estos protagonistas tengan algo o mucho más en común.
Un saludo, Rosa.
Me ha gustado tu relato porque es muy descriptivo y acertado sobre la convivencia. Es curioso pero lejos de amoldarnos nos vamos afianzando en nuestras costumbres y manías. Si no fuera porque a todo eso, a veces, otras no, sobrevive esa entelequia sería imposible seguir adelante. Porque admitámoslo cuando ya se pasa la ceguera absoluta del enamoramiento hay que encontrar otros alicientes y ser más flexible .
Un abrazo
Gracias a que existe un poso de ese primer enamoramiento se puede sobrellevar lo que la edad nos hace, los lunares acaban convirtiéndose en verrugas.
Un abrazo Gema
La convivencia es la mayor prueba a la que se enfrenta el amor. A veces las personas acabamos acomodándonos al otro, pero otras es demasiado difícil y no hay solución: personas demasiado dispares. Ese parece ser el caso de tu protagonista.
Un abrazo y suerte.
Bueno,a veces la base es lo suficientemente sólida y los desajustes de la convivencia se sobrellevan mejor aunque haya ratos de desesperación.
Gracias por comentar, Rosalía, un abrazo