45. INCONSISTENCIA SEMANAL (Ana María Abad) – Fuera de concurso
Puso los pies al borde del pretil del puente. Miró hacia abajo, al vacío, sintiendo todos los músculos en tensión. Con una profunda inspiración, cerró los ojos, abrió los brazos y se dejó caer. Durante unos instantes que le parecieron eternos, se meció en el abrazo del aire frío de la mañana, antes de entregarse a la euforia del vertiginoso descenso. Hasta que éste llegó a su fin y la cuerda elástica que le ceñía los tobillos cumplió su función, impulsándole de nuevo varios metros hacia arriba. Mientras se balanceaba a unos palmos del suelo, escuchó el griterío y los aplausos de sus compañeros, allá arriba. Al girar levemente la cabeza, vio que el siguiente ya estaba preparado: fin de la aventura. Se desató y echó pie a tierra, consciente de que esa osadía de fin de semana estaba a punto de agotarse y, dentro de unas horas, volvería a ser el chico tímido incapaz de pedirle una cita a su compañera de despacho.


Un salto de ‘puenting’ puede ser muy meritorio y espectacular, pero el auténtico coraje se necesita en acciones cotidianas como la que anhela tu protagonista, porque el verdadero valor es intentar sobreponerse al miedo, a que salga mal lo que nos importa.
Un relato sobre nuestras contradicciones y sobre la complejidad de las relaciones humanas
Un abrazo, Ana María
Pues sí, a veces dan más miedo las cosas cotidianas que algunas locuras. Y no es fácil de superar, pero siempre hay que intentarlo.
Abrazos de vuelta, Ángel.
Muy bien reflejado ese contraste entre el miedo a lo “normal” y el coraje hacia lo “anormal. Pura contradición.
Gracias Edita, así somos los humanos, nos contradecimos continuamente, hasta en las cosas más tontas.
Por eso somos humanos, porque tenemos contradicciones. Atrevido para el “riesgo físico” e inseguro para flirtear. De esta aventura ha salido. De la otra, no se sabe.
Yo confío en que, finalmente, salga también adelante. Y si no, ya le soplaré a la chica que dé ella el primer paso, y todos contentos.
Muy buen giro final. A veces es más fácil un gran salto al vacío que tener el coraje de un pequeño gesto.
Un abrazo
Muchas gracias Gema. En efecto, los pequeños gestos no son tan fáciles de llevar a cabo como pueda parecer a priori. Pero al final merece la pena el esfuerzo, eso seguro.
Abrazos de vuelta.
A diferencia del «puenting», en el salto al vacío que implica invitar a la chica a salir, no hay cuerda de seguridad, y mucho menos, red, así que se entiende la timidez del protagonista… A nadie le gusta estamparse contra el (posible) rechazo ajeno… Esperemos que este deporte de riesgo (que yo jamás de los jamases me atrevería a practicar) le infunda el coraje necesario al protagonista y finalmente se anime a hacerlo…
Muy buena esta historia de «coraje selectivo» 😉
Un beso grande,
Mariángeles
Muchas gracias Mariángeles. Me temo que el coraje de una cosa no se puede traspasar a la otra, va a tener que apañárselas sin cuerda y sin red. Pero seguro que al final no es para tanto y le va bien.
Otro beso para ti.
Si es que los trances del amor son los peores (o los mejores si todo va bien, claro). Igual podría invitarla a saltar juntos, a ver si en el aire, con el pico de adrenalina, se atreve a decirle lo que siente.
Un abrazo, sis.
Jajaja, pues oye, no es mala idea. Igual a la chica también le gustan los deportes de riesgo y, si encima se atan juntos, eso que llevan adelantado.
Abrazo de vuelta, sis.
Queridísima Ana María, me ha parecido un micro muy acertado y con un contraste estupendo: ese salto al vacío tan espectacular frente al miedo cotidiano de pedir una cita. Me gusta cómo muestras que el coraje no siempre está donde parece. Un abrazote ❤️❤️
Qué bien has sabido leer la intención de la historia, Nuria. Los miedos no tienen lógica, estamos hartos de verlo.
Besazos a montón.
Qué tensión en esa caída al vacío, y qué alivio al descubrir que tu personaje solo estaba haciendo puenting. Eso sí, luego le das una vuelta de tuerca adicional a la historia al contarnos, como quien no quiere la cosa, esa secreta admiración y amor no correspondido. Buen micro, Ana María. Un abrazo.