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Litigio que siempre pone al hombre en una encrucijada. Litigio entre dos caras. La consecuencia es clara: ¡arrasa! De elegir se trata: el fuego de tu corazón o…¡el acero de otra mirada! Ceniza o escarcha. ¿Cuál será la elección de un corazón de lata?
María, es ciega y hermosa, tiene dieciseís años, ayuda a su Mamá a limpiar la mansión del gobernador, candidato a presidente en las proxímas elecciones. Una tarde, María Hallándose sola en su habitación,ingresó Martín, de veinte años, hijo del gobernador quién empleando la fuerza viola a María.María, llorando le cuenta a su Madre lo ocurrido, ésta va a hablar con el gobernador y,… éste, primero desarrollando la seducción que todo político tiene, luego dándole una importantísima suma de dinero y por último, bajo amenazas le pide que se vayan del pueblo y se olviden del asunto. Se van , lejos y el vientre de María avanza como el fuego. Nace Martíncito el hijo de aquella violación. Martín crece sin rencores y sin saber quién es su Padre.Hoy es el abogado más prestigioso del país. En una fista conoce y se enamora de Priscila, al tiempo Priscila qiere que Martín conozca a su familia. Viajan hasta un pueblito del interior , llegan a una lujosa mansión, allí los reciben los padres de la novia y al lado está el ex-presidente de la Nación y Padre del Padre de la novia, sentado en una brillante y lustrosa silla de ruedas.
Blog = Rotcehoremor
Esta noche me ha abrazado tu recuerdo. La imagen de tu rostro sonriendo frente al mío, de tu cuerpo pegado bailando junto a mí, de tus ojos brillando como el fuego. De pronto, aquello que creía refugiado en el rincón del olvido ha aparecido avivadamente como cuando prende la llama. Las calles de tu ciudad que sirvieron de escenario de nuestro pequeño romance, los paseos de la mano recorriendo sus monumentos, las cenas que degustamos en los cálidos restaurantes con su chimenea encendida. Escondidos de miradas furtivas, de cazadores de recompensa, de idas y venidas como niños que juegan con fuego.
La noche se adentra en sus entrañas y el sueño va apoderándose de mis párpados que comienzan a caer. Me acurruco abrazada a la almohada. Tu imagen se pierde como fuego extinguido.
Hoy me despierto con la insolencia del fuego. Por el atrio del sueño desciendo hasta la orilla de los pozos dormidos de mis labios sedientos. Me sumerjo en la gruta que escancia los recodos de vientres desbordados que ocultan sus delirios con gestos encendidos. Repentino el deseo ha arrasado mi hielo y fundido palpita oculto entre las sábanas. Ardo: su rostro me ha arrasado y me entrego al incendio. Incontrolable el fuego se expande en mil ardores He de llamar Soy Julio en qué puedo ayudarla? (….) ciertamente un despertar complicado Lo siento señora ellos no están se han ido La flota acuosa del calendario en pleno se encuentra hace ya algunas horas en casa de un tal Epífisis intentando apagar
una llama rebelde Oh cielos y yo aquí sola tratando de sofocar este volcán.
Creo que no voy a volver a cenar chocolate
Recibimos este relato cuyo autor dicer ser el verdadero Anónimo Anónimo; se declara interesado en participar habitualmente en ENTC… pero le hemos dejado solo este mes (y fuera de concurso), porque sospechamos que es sólo un seudónimo… qué pensáis…
El jefe de la tribu estaba furioso, sus pupilas ardían como el fuego, las venas del rostro le reventaban de la rabia, rugía y aullaba como una fiera. Las hordas de la tribu enemiga le habían arrebatado, en el último ataque, el tesoro más valioso: el fuego. Y después de sembrar la más espantosa destrucción y la muerte, habían apagado hasta el último rescoldo.
¿Qué pasaría ahora en las crudas noches de invierno, cuando las fieras vinieran a atacarles? ¿Quien les protegería, cuando arreciara el invierno, del frío y de la nieve?
Las mujeres y los niños no podrían calentarse, comerían la carne cruda, las hierbas sin hervir, no podrían hacer ungüentos ni pócimas para curar las heridas, ni endurecer la punta de los venablos; sería el final más espantoso…
El jefe de la tribu no podía permitir que los pocos que habían sobrevivido perecieran de frío y de hambre o devorados por las fieras.
Reunió a sus hombres, les planteó la situación y decididos a rescatar el fuego que les habían robado, aunque fuera preciso perder la vida en el intento, marcharon a conquistarlo.
Sol, Fuego, Cielo, Tierra y Agua. Espérame amor, allá voy, aunque parezca lejos, son sólo cinco paradas.
Los niños recogían sus flotadores y las raquetas de tenis, al día siguiente saldríamos muy temprano con dirección a la playa, necesitábamos llegar antes que el sol calentara mucho, Junio estaba siendo muy caluroso.
Ésas, eran unas vacaciones muy esperadas para mi, también los niños estaban ilusionados, tenían planes para esos días, el año había sido agotador, yo necesitaba aquellas vacaciones mas que respirar, el tiempo se hacía interminable entre la casa y el trabajo, ¡ya no podía mas!!.
Llegamos al medio día, justo cuando ya el sol se hacía mas intenso, casi irrespirable, pero allí, en la casa teníamos aire acondicionado, así que no pasaríamos calor, era una zona privilegiada, desde el salón divisábamos todo el litoral.
¡Por fin estábamos en el Mediterráneo!! ¿podría yo descansar al fin ? al día siguiente bajamos a la playa de arena blanca. ¡ Mi primer día de relax!! los niños jugaban en el agua, era la única manera de subsistir al calor, yo tumbada en la toalla ¡ no aguantaba más!, así que me fui al agua, caminando por aquella arena blanca que me quemaba tanto como el fuego, me zambullí en el mar escampando del calor ardiente de Junio.
No miento si afirmo que mi longeva existencia ha estado marcada por el trabajo de sol a sol y por el refugio que me ha proporcionado la escritura, sin ella no hubiese llegado hasta aquí. ¿Y qué he conseguido? Una casa, un utilitario y un gato que me huye, sí, pero nada más. Siempre he estado solo. Tampoco las dos novelas, los miles de relatos, los poemas, las cartas al director y los palíndromos han servido, ahora lo veo, para dignificar mi nombre. Por eso que el Dios de la inspiración me perdone por lo que voy a hacer: apilaré todos mis escritos en una caja grande y la colocaré cerca de la chimenea para ir quemándolos hoja a hoja, sabiendo que su combustión acabará conmigo. Y cuando eso suceda ya podré aceptar el diagnóstico terminal y que mi paso por la Tierra no dejó huella.
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