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Al atardecer, comienza un ritual que empieza en mi mente descendiendo despacio hasta explotar en mi boca.
Vestida de mil colores, descalza, y con mi cabello engarzado al descuido, entro en la intimidad de mi cocina.
Preisner suena de fondo mientras descorcho una botella de Moscato. El embriagador espumoso se desliza por mi garganta como fruta madura, dulce y fragante burbujea en mi cuerpo.
Entre sorbos imagino el menú: insolentes calabacines, tomates carnosos, chile picante, finas capas de pasta, albahaca…
Separo con ternura una pequeña hoja de la planta frotándola entre mis dedos; la albahaca solo muestra su perfume cuando la acaricias suavemente.
El postre surge de una danza suave: seno de novicia cubierto de espuma de Venus.
Para cuando él llega, la botella de vino está por la mitad y los colores del vestido se mezclan con mi piel.
Mis muslos le enlazan…
Lo único que lamento es que no sepa apreciar mi arte culinario. Siempre comenta que aunque sabrosa, la cena está fría. Yo no me canso de decirle que deberíamos comer antes; pero él, en cuanto cruza el umbral de la cocina, solo puede aflojar su corbata y hacerme el amor entre los humeantes panecillos recién hechos.
Al principio todo eran graznidos de gaviota que fueron superponiéndose unos a otros unos sobre otros unos en otros unos dentro de otros hasta congelar materialmente el tiempo y temporalmente toda aquella existencia Más tarde llegaron los mares el hambre y la supervivencia hasta que después de algunas desapariciones masivas todo se hizo mentalmente transparente y humano Esa fue una de las razones de tanta prepotencia temor y malignidad El hombre ya era como un dios y creó otros a su imagen y semejanza En ese momento y poseídos por lo blanco e inmaterial de la inteligencia nadie supo de donde procedía todo lo hallado e imaginamos orígenes razones porqués y conveniencias para poder seguir con bien el camino Todo resultó falso perdido y digno de conmiseración por lo que hubo que recomponerlo a la mayor brevedad posible Finalmente ya adultos e independientes recogimos los círculos los triángulos y las rosas escapadas y nos encaminamos hacia aquella otra despensa de sangre dulces y mielinas para poder dar buena cuenta de todos los manjares que anunciaban una nueva religión Ahora estamos esperando de nuevo el pasado y otro estado más letal y putrefacto.
Ya había viajado demasiado sin poder encontrarla. Ahora estaba frente al mar en el que ella lo había abandonado. Tenía la boca reseca y los pies, en llagas. Algo en su corazón tenía que haber que alimentara sus pocas ganas de seguir adelante.
Hundió las manos en su pecho y se arrancó el músculo debilitado. Una a una, fue corriendo las fibras, apenas latientes. Allí, en el fondo, habitaba, como una fruta madura, el olvido.
Pero justo antes de llevárselo a la boca, el murmullo de las olas le devolvió su nombre. Entonces, prefirió morir de hambre antes que olvidarla.
El sol cae a plomo sobre el desierto de mi alma, mi sed de amarte traspasa los limites de tu olvido. Te busco y sigo sin encontrarte. vago errante por las callejuelas sin cielo ni estrellas de tu noche indiferente. Soy un jinete que deambula sin futuro, solo el pasado me obliga a seguir en el presente. Y cuando del árbol de la vida, caiga por su propio peso la última fruta madura, allí estaré yo, … para darte cristiana sepultura.
A esa hora de la tarde en la que la melancolía se adueñaba de él sin poder ofrecer resistencia, era cuando Jesusín dejaba vagar la imaginación y la mirada por la ventana del aula yéndose a posar en el jardincito de ese lado del edificio y recreándose en la belleza de aquel manzano centenario. Iba inventando bellos poemas que parecían fluir de cada una de sus ramas, estos variaban según su estado de ánimo y el del árbol, cuando parecían despuntar brotes nuevos hablaban de esperanza, si el crecimiento no llegaba a buen término sus versos eran pura desolación y tristeza, cuando la belleza del fruto estaba en todo su esplendor hablaban del amor verdadero que estaba seguro poder encontrar, así pasaba esa tediosa hora mientras oía como ruido de fondo el runrún del profesor. Siempre había creído que dominaba el arte de la distracción y que podía volver en cualquier momento hasta aquel día en que sintió un fuerte tirón de orejas seguido de un grito que le hizo volver la cabeza y enfrentarse con el rostro rojizo del cura que le escupió en la cara ¡Jesusín a la pizarra!
«Tralará larita, limpio mi casita…” Estaba Blancanieves ordenando la casa, cuando llamaron a la puerta. Era una anciana con un cesto lleno de manzanas para vender. Al verlas un poco pochas, Blancanieves preguntó:
_¿No están muy maduras?
_Sí, pero necesito tanto el dinero…
Blancanieves, como alma generosa, le compró todas las manzanas. Con ellas preparó una deliciosa compota; ya tenía postre para los enanos.
Todos se deleitaron con la fruta menos Blancanieves, que últimamente había engordado unos kilitos y estaba a dieta.
Cuál fue su sorpresa cuando, uno tras otro, se quedaron tiesos como la mojama.”Bueno, se dijo a sí misma, no hay mal que por bien no venga. Al fin y al cabo, estos enanos me tenían esclavizada; todo el día limpiando, remendando y cocinando. Después de la bruja de mi madrastra, la tiranía de los enanos, solo me falta un príncipe idiota”.
Así que, preparó su ligero equipaje, agarró su escoba y voló hacia su nuevo destino.
Septiembre: la transición del luminoso verano a la gris rutina, retorno a los quehaceres, a los lugares, a las personas de siempre. Era el primer recreo y en corrillo, mis compañeros rivalizaban por contar sus conquistas y hazañas estivales: Diríase al escucharles que, en tres meses, ya lo habían vivido casi todo.
-¿Y tú, David, no has hecho nada este verano? – Me preguntó de repente uno de ellos al percatarse de que aún no había abierto la boca.
Varios pares de ojos se volvieron hacia mí, expectantes.
– Cada día al salir de casa -comencé- espiaba sus exquisitas curvas, su piel dorada y suave, deseando poseerla. Una cálida tarde, la encontré ruborosa como fruta madura, tumbada en el suelo, esperándome por fin y no pude resistir más la tentación: Me agaché y desnudé aquella carne dulce a dentelladas embriagándome de su fragancia, lamiendo su humedad con avidez, devorándola hasta hacerla mía…
Sonreí al percibir el instante de atónito silencio, la excitación contenida, la tensión hormonal que me rodeaba. Después estallaron todos a la vez
– ¡Y te la…!
– ¡Pero quién era..!
– ¡Y donde …!
La campana llamando a clase me salvó. Aquel curso empezaron a llamarme ‘el poeta’…
Ondea en tu pelo un aroma de lavanda y hierbabuena. Acerco mis labios, y dejo que mi lengua recorra golosa el levante y poniente de tu cuello rendido, Piel de melocotón, dorada por el cansado sol de otoño, fruta madura. Sabor de plenitud en tránsito hacia la corrupción impuesta por la muerte. Penetran impacientes en tu carne de uva mis colmillos, y los taninos de tu sangre me embriagan hasta llegar a lo más hondo. La vida, que te abandona, comienza a abrirse paso por mis venas. Tu cuerpo yace con el color cerúleo de la luna, que indiferente y fría, se esconde entre las nubes.
Soy el príncipe de la noche, el que te acecha trémulo cuando el sol declina su mandato sobre la tierra. Pronto, abrirás los ojos sin comprender la sed apremiante en tu garganta, y la violencia nueva en tu boca entreabierta. Viajarás de mi mano en las horas oscuras, y la muerte no tendrá señorío
Mi padre lleva toda la vida acusándome de una falta de disciplina y rigor en lo que hago. Soy consciente de que he desilusionado a gran parte de la familia, a todo aquel que se ha empeñado en decirme cómo debo ser y no he dudado en romper mi relación con ellos. Contemplan mi vida como una continua amenaza dispuesta en tópicos ridículos: los amigos del fútbol son unos bárbaros, las partidas de cartas de los jueves son un vicio, consumo sustancias ilegales que destruyen mi salud, no busco un trabajo serio, mis novias siempre les parecen unas golfas, llevo una vida por encima de mis posibilidades…
Al final son ellos los que me echan de casa y me incitan a buscar fuera lo que es imposible encontrar entre los míos. Al fin y al cabo a los amigos los elige uno y la familia es un impuesto obligado, un empeño en vigilar un supuesto interés común que casi nunca coincide con el propio. Mi padre dice que voy a caer como la fruta madura, y que entonces ya será tarde. Mis hijos opinan algo parecido.
Se siente como fruta madura, cuando se mira al espejo y observa arrugas, donde antes había tersa piel, y patas de gallo, rodeando esos hermosos ojos verdes que tantos kilómetros de cielo y horizonte han observado. Usa cuatro tallas más que hace treinta años, puede que la buena vida le haya ganado la batalla a la delgadez. Tiene varices decorando como tatuajes sus largas piernas, eróticas en otro tiempo, cansadas en la actualidad. Sin embargo, no suspira, no siente melancolía, ni tristeza, porque nota las manos de su pareja rodeando su cuerpo. Para él no han pasado décadas, la sigue viendo como el primer día.
-¡Qué bella eres princesa!- Escucha a su oído.
Y el reflejo del espejo le muestra la mujer que era antaño, tal y como él la ve.
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