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Como fruta madura…
Así me devuelve la imagen el espejo, tan madura ya que a poco, se pudre.
― ¡Amor! ¿Qué haces? ― La voz de mi esposa me sacó del trance.
― No es nada, amor, solo quiero estar guapo para ti ―. La dije para quedarla tranquila.
Pude contemplar la belleza espléndida de mi esposa. ¡Qué maravilla de juventud! Nunca podré entender qué vio en este ser espantoso que contemplo en el espejo, esos ojos, apenas visibles por la oronda capa de grasa que cubren sus parpados, de «color mierda» y sin brillo. Si continúo por su grasiento rostro, sólo veo arrugas y surcos, y mucha grasa… bajo la vista por su cuello, su pecho ya no esconde la decadencia. ¡Qué asco! Lo que debería de ser unas simples “tetillas” son dos enormes pechos, caídos a lo largo de su enorme barriga, inflada a lo largo de años de abusos por los dulces y las grasas animales…
― Cielo, Ven a la cama, «te necesito… estoy caliente»
Volví a echar un vistazo al espejo… No había monstruo.
Siempre que ella me llamaba salía la «bestia, que vivía en mi interior» y el monstruo, huía como un cobarde.
Silencio. Expectativa. Cientos, miles de personas congregadas aguardaban soportando el calor intenso .En lo alto, una ventana se abrió anunciando su llegada. El asombro dio paso a la atención…
Como una fruta madura que cae en tierra entregando su semilla, en cada corazón,desde esa ventana , la voz¡ sembró!
1955, Septiembre.
En nuestra casa de Lezama, con 6 años cumplidos, jugaba con la “plastilina” de harina que hacía mi madre para entretenerme, cuando llegó el “cablegrama”. Mi madre rompió a llorar. Había muerto en Orejo el abuelo Victoriano.
Pasado el trance, todos los hermanos estaban en pie entorno a la mesa. Hablaban en voz baja. Nueras y yernos silenciosos, en un segundo plano.
Fonso, que sin ser el mayor era reconocido como el más cabal de los hermanos, mostraba sobre un gran plano las particiones. 2.000 “carros de tierra” de pasto en la margen derecha de la rectilínea zanja del arroyo del “Cerizo”, entre 10 hermanos, salían a 200 carros por familia. Que yo sepa todos quedaron o contentos o resignados. Nunca oí reproches ni se rompió la familia por aquel hecho.
Todo se repartió; excepto los frutales que bordeaban el camino a la poza de los “cuetes”, en el lugar llamado el Bastón. Eran unos pocos manzanos y perales en hilera. Quedó entendido que cualquier Lavín, de los de Victoriano, podría coger fruta de los mismos.
Aunque las peras eran duras y las manzanas ácidas, cada verano, yo, ejercía con orgullo, mi derecho como miembro del clan.
HOY ADULTO,Y MIS LAGRIMAS A VECES…
CORREN POR MI ROSTRO,CON NUMEROSAS ARRUGAS,ESTO ES LO DE MENOS,ES PARTE DE MI TRAYECTORIA.
COMPARANDO A MI NIÑEZ,DONDE A VECES LOS HOMBRSS GENERALIZANDO NO SE PUEDAN ENTENDER,COMO SI FUERAMOS ETERNOS. SIENTO AHORA LA NOSTALGIA,DE LA TRISTEZA,CUANDO LA CRISIS DE 1.930,MI
ESTOMAGO,TENIA SONIDOS DE NOTAS MUSICALES,PODRIA HABER HECHO UNA MUSICA POR LA HAMBRUNA.
NO TENIA UNA FUERZA PARA ENFRENTAR A MI CORTA EDAD,YA QUE MI PADRE,HABIA QUEDADO SIN TRABAJO,POR ESTA CRISIS.
¡YO NO ENTENDIA ESA PALABRA CRISIS!…
ERA UN NIÑO,YO ESCUCHABA SOLAMENTE.MI SUEÑO ERA JUGAR Y SER UN BUEN MEDICO, PERO MIS DOLORCITOS Y SONIDOS EN MI
ESTOMAGO,LA IDEA QUE TENIA EN ESE MOMENTO,ERA ESPERAR VER PASAR EL CARRO QUE LO MANEJABA UN ITALIANO,Y GRITANDO
¡CON FUERTE VOZ!…Y OFRECIENDO SUS FRUTAS.¡YO LE DECIA!… BASTANTE COSAS DESAGRADABLES,PARA QUE EL ME ARROJARA LAS FRUTAS,¡Y YO!… LAS COMIA.Y ASI POR MOMENTOS CALMABA MIS SONIDOS DEESTOMAGO.ASI LO HICE,POR UN TIEMPO. MIS PADRES FALLECIERON,CRECI,ESTUDIE Y SALI DE LA OSCURIDAD,QUE NO ME DEJABA TENER UN PORTE DE HOMBRE.VAGAMENTE… RECUERDO…COMO FRUTA MADURA,QUE LLEVABA ESCRITO EN SU CARRO,
¡QUE FUE!…UN SELLO PARA MI VIDA.
Se había plantado en mi hombro y luego la noté reposar sobre mi cabeza. Era una mariposa dorada con manchas oscuras en el extremo de las alas. No tuve más remedio que acordarme de mi hermano fallecido, Fran, y su afición por la entomología. Al principio expliqué su insistencia por un probable gusto por la fruta madura que yo recogía en el jardín, pero en los días siguientes volvió con el mismo interés por mí.
Una tarde encendí el ordenador de Fran para consultar su catálogo y saber más de ese ejemplar. Era un programa de datos multientrada con una búsqueda compleja. Conseguí ver varias galerías de imágenes sin ningún éxito.
Fue entonces cuando encontré un archivo histórico y comprobé que la última entrada correspondía a unos días antes de su muerte. Cliqué sobre el último día y allí encontré una perfecta foto de la mariposa que buscaba con este apunte:
“ La Argynnis Adipe o mariposa dorada es una especie poco común aquí. Según los alquimistas el polvo de sus alas provoca la muerte, así que me deben de quedar pocos días, porque el ejemplar de la foto me sigue desde hace días, empeñada en posarse sobre mí constantemente.”
«Me gustas cuando te mueves lentamente y susurras con la paz de caricias calmadas, pero también me gustas cuando ruges, te elevas, golpeas, revientas, mueres y vuelves a nacer con furias renovadas.
Me gustas cuando callas y también cuando gritas. Me gustas cuando llegas y cuando te vas y cuando vuelves. Siempre me gustas
Me gustan tus colores cambiantes, todos ellos, pero me gusta, sobre todo, ese color oscuro de lejanía imperfecta, el mismo con que visten los amaneceres, los atardeceres y las noches. Azul marino, azul de mar, azul de soledad y eternidad
Me gustas desde siempre, pero hoy me gustas más«..
Sobre el malecón, frente a un mar calmo y transparente, levantó la cabeza saludando a una luna recién descubierta, la que mueve los mares; luego levantó un brazo, haciendo a una señal a quien tenía que empujar su silla de ruedas.
Mientras se alejaba, sus pensamientos seguían flotando en aquel mar azul.
«Ya ves que hoy he venido a verte y no te he regalado ni un poquito de sal de mis entrañas. Hoy por fin descubrí en qué nos parecemos: tú también necesitas quien te arrastre«.
¿Por qué llegará tan tarde? ─piensa mientras se retuerce las manos con impaciencia─ Tiene que cumplir el contrato. Debe venir. Le pagué todo lo que tenía. ¿Acaso es un delito desear la muerte suave y repentina, y no la que me espera después de enterarme que tengo Alzheimer?
¡Quizás se arrepintió! ¡Es imposible! Fue un verdadero “caballero” que comprometió su palabra en el empeño.
¡Dios mío…! ¡Espero que llegase a contratarlo de verdad…!
Se adelantó con su cayado de plata, por el que subía sibilinamente una serpiente de cascabel. Su gran capa de seda azul marino, con estrellas doradas y medias lunas grabadas en ella. Su porte era imponente y siniestro. Subió al ara y extendió los brazos. Declamó dos conjuros en alta voz, el diestro y el siniestro y, ante el público expectante, lanzó la moneda al aire. El horror estremecía a las masas. Él siempre jugaba con ventaja. Con la boca abierta, la moneda cayó dentro y atascó la garganta del brujo. Nunca más aterrorizó.
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