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Hará de esto un par de años, pero lo recuerdo como si hubiese sido ayer. Mientras iba sumergido en mis pensamientos, manejaba a lo largo de una zona montañosa, casi desierta por donde nunca antes había pasado. De pronto, mi hija pegó un grito. En un principio temí que le hubiera ocurrido algo, pero más bien había gritado de emoción al reconocer el nombre del lugar referido por mi padre en una de las historias que solía contarnos.
El viejo nos relató que alguna vez allí se alzó el bosque más hermoso del mundo, de árboles fragantes y flores enormes, donde la flora y la fauna eran íntimos amigos. Con tristeza en sus ojos, también dijo que debido a la avaricia siempre creciente del hombre, al poco tiempo el bosque se vio reducido a nada: sus árboles fueron talados y sus animales perseguidos. Pero como quien sabía contar cuentos, con un guiño para mi hija terminó diciendo que si alguna vez alguien deseaba ver el bosque como antes fue, bastaba con desearlo muy fuerte con corazón sincero.
Casi al salir de aquella zona, mi hija miraba cautivada a través de la ventanilla mientras un olor exquisito lo inundaba todo.
Destaco mucho porque soy muy viejo y estoy rodeado de otros hermanos casi tan viejos como yo. Soy famoso, de eso no hay duda, me han venido a visitar tantas personas en los últimos años que no doy a basto con mis ramas para contarlos. Me han puesto un letrero cerca donde se atreven a decir la edad que tengo. Pero nadie me consultó sobre si yo quería que lo pusieran, vaya!
Me apena que nos hayan vallado alrededor porque yo me lo pasaba en grande con los niños y los mayores que entraban por mis huecos en el tronco y salían por el otro lado. Así somos los castaños, tenemos agujeros tan grandes que parece mentira que nuestros troncos puedan soportar el peso de las ramas y los frutos.
Además tengo nudos que forman extrañas figuras fantasmagóricas. Y más arriba una de mis ramas, la más antigua directamente unida al tronco parece una barca y de hecho ha servido como casita del bosque para centenares de niños. Tengo otra ventaja y es que no araño porque no tengo corteza.
Mi secreto para vivir tanto son las sonrisas de los que me visitan. La sabiduría me la dan las hadas del bosque.
-Mamá, tengo hambre…. Vamos en busca de comida
– Se paciente hijo, hay que esperar a que el bosque esté dormido.
– El abuelo dice que el bosque nunca duerme, y que no hay que despistarse, que cuando mas tranquilo parece que esta todo es cuando mas alerta hay que estar.
– Por eso hijo mío… esperemos a que nuestra cena piense que todo esta en calma y se relaje para que no tengamos que correr tanto.
Piensa que ellos no tienen en su familia a tu abuelo, que como dice el dicho, el diablo sabe más por viejo que por diablo. Y también influye su cojera que le recuerda cada día un disparo de un cazador cuando decidió salir de la guarida pensando que el bosque estaba dormido.
Ya le habían advertido de la importancia de todo aquel papeleo. Había sido contratado como becario y no se entendía con la fotocopiadora.
Hubo una vez un bosque de árboles pequeñitos que crecían todos a la vez. Habían sido plantados por un anciano labrador que cuidaba que todos crecieran fuertes y sanos. Aquel era un lugar con un encanto especial, pues justo en el centro, rodeado de miles de árboles de poca altura, se alzaba un impresionante árbol, alto, grande y recto como ninguno. Y ese árbol el anciano lo llamó Cerrao, el único que nunca crujía por el viento, era debido a que fue construído por el hombre. Aire, tierra, fuego y agua fueron los elementos naturales en los que se basó como ejemplo de que existe un sitio en Cantabria donde el bosque, naturaleza y hombre, aún, pueden coexistir en perfecta armonía.
Nos acompañó todo el camino el olor a hinojo.
Con sus varillas finas de anís regalándonos perfume a nuestros pies cansados al rozar sus altos tallos.
Estaban allí, guardando el camino de polvo de lluvia, de heladas, de calores inclementes: siempre allí en la orilla como un fiel compañero.
Durmiendo a su lado, rojas, rojisimas amapolas susurrando al viento, olores mezclados en mi olfato y en mi memoria.
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