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Camina la pareja entre los pinos ascendiendo una ladera. Ya no se puede ver el pueblo, ni siquiera el río, que hasta hace poco no era más que una línea que brillaba al sol de mediodía. Una brisa comienza a susurrar sobre las hojas de los árboles cuando ella, de repente, se detiene y se gira hacia él con una sonrisa entre los labios apacibles:
-Éste es el lugar.
-¡Pero Silvia…!
-¿Flavio se niega?
Y Silvia comienza a desvestirse con parsimonia, dejando caer prendas sobre un arbusto de romero. Ya hubieran querido las ninfas poseer este cuerpo tan cercano y tangible apariencia, atrayente como la corteza viva de un árbol.
Desnudos se dan calor entre piel y piel, se acarician, se besan, se enredan… Por fin, en ella irrumpe un principio de placer como mordisco en manzana fresca, abierta. Poco a poco los jadeos se mezclan con el viento entre las ramas. En ese momento, una garza grazna sonoramente por encima de ellos,despertando el tiempo.
-¿Qué es eso?
-Ya es hora de irse-, responde ella.
Flavio se incorpora. No entiende.
Silvia, sin embargo, está satisfecha. Ha fecundado de nuevo el bosque.
Cuando cansados de caminar, y la noche empezaba a presentarnos sus respetos, después de admirar el paisaje del lugar, regresábamos a la casita, era entonces cuando nos tumbábamos sobre la yerba donde ahora tocaba observar ese cielo limpio donde una luna le prestaba su claridad, donde podíamos mirar las miles de estrellas que lucían de una manera espectacular, y era entonces cuando descubríamos una belleza incomparable, donde el silencio y el murmullo del río eran los principales protagonistas aunque a veces, algún que otro búho se saltara las reglas.
La casita estaba situada en un entorno natural privilegiado, entre montañas y bosque, delante un pequeño río se podía observar desde las ventanas y hasta escuchar su canto, que a veces transmitía una melodía alegre, vivaracha, risueña, y otras, su canto se tornaba triste, apagado, como apesadumbrado por algo; ese río tenía alma y poseía el don de trasmitir sus emociones. Era un sitio ideal, parecía que estabas en otro mundo, allí todo podía suceder, la magia se podía palpar en el ambiente. Y nosotros estábamos dispuestos a no perdernos ni un segundo de ese encantamiento.
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