Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

DESORDEN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL DESORDEN

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto DESORDEN en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de MARZO

Relatos

37. CAOS AL ÓLEO


Se plantea desistir, es consciente de la dificultad por tratarse de una técnica que ningún colega ha practicado.

-Majestades, presten atención, o este desbarajuste me impedirá poner fin al encargo. Y vos, don José, si no mantenéis abierta la puerta acabaréis con la iluminación necesaria para trabajar.

-Doña Marcela, restablezca el orden y haga caso a lo que nos exige don Diego -decreta Felipe mientras copia algunos gestos de su esposa, instalada desde hace un buen rato ante el espejo.

-El culpable de todo está siendo Nicolasito -chivatea la infanta-, que es insoportable y no deja de molestarnos. Lleva toda la mañana arrugándome el guardainfante o tirándome de la basquiña.

-Amas, compórtense por favor. A ver Agustina, Isabel, Mari Bárbola, atended a su alteza -impone doña Marcela-. Y tú, Pertusato, eres un tunante, abandona de inmediato las provocaciones, deja tranquilas a las muchachas y acata los mandatos que reclama el artista.

Ante las recriminaciones, el enano, amulado, se acomoda a regañadientes posando el piececito sobre la grupa del mastín. De repente, el tiempo se detiene en la Sala del Príncipe, el momento es propicio para el primer selfie de la historia.

36. El ilusionista

Para mi sorpresa, la carta elegida tenía mi nombre escrito bajo el as de corazones. Con solo mirarme, adivinó en quién pensaba – ¡se parecía tanto a él! – y de su chistera extrajo el peluche de mi niñez, el que papá dejó sobre mi almohada el día que se fue. Un rápido gesto de sus delicadas manos transformó mis emocionadas lágrimas en mariposas, que se posaron sobre mí adornándome el cabello. Cuando me invitó a meterme en la caja para serrar mi cuerpo, no pude resistirme, deseaba que me hiciera suya aunque fuera trozo a trozo. El blanco vestido de mi inocencia voló como una más de sus blancas palomas. Ascendiendo en el aire, levitamos como trapecistas sin miedo al vacío y nos amamos a dúo, sin trucos ni red.

El aplauso cerrado de las focas celebró nuestro número final: el enamorado beso de despedida. Después, como por arte de magia, desapareció. Como papá, se fue. ¡Se parecía tanto a él!

Pero, esta vez, no me siento sola. La ilusión crece dentro de mí.

35. π

Hasta hace unas semanas firmaba como π y así se le nombra. Nadie conoce su apariencia, ni siquiera si es hombre o mujer. En su Primera Etapa escribía tuits en su perfil que nos hacían replantearnos nuestra existencia; otras veces su Obra aparecía en callejones de extrarradio con su símbolo acompañando un grafiti, tan majestuoso y trascendente que de inmediato sus seguidores expandíamos por la red. Logró su último fenómeno viral comprando cinco segundos de publicidad y utilizándolos para emitir de madrugada el primer plano del desagüe atascado de una ducha. Y aunque su firma no se mostraba en la grabación, todos sabemos que fue π. De hecho, ese corte, casi estático, se proyecta en museos del mundo entero y hay personas que sostienen haber entrado en una especie de trance tras varias horas de visionado en bucle.

Ahora debemos estar muy atentos, cualquier estímulo sensorial —por pequeño que parezca— puede ser una de sus creaciones anónimas. Su Segunda Etapa es global. Esta tarde, sin ir más lejos, un grupo de adolescentes se ha quedado mirándome fijamente mientras yo silbaba una melodía cualquiera en el vagón del metro. Luego han empezado a grabarme con sus móviles.

 

34. EL ARTISTA (Ana Tomás García)

Otro día más era el artista jaleado por su ferviente público, asistiendo entusiasmado a la representación de su propia obra. Le hacían sentir tan importante los comentarios que escuchaba a su paso: “Este chico sí que vale” “Qué arte tiene, y eso que sólo es un muchacho”… que se arremangaba sin dilación pero con parsimonia, sabiéndose arropado por sus fans más incondicionales (personas que le doblaban la edad, y por lo tanto, con el doble de experiencia), se frotaba con energía las manos, agarraba con fuerza el pico y comenzaba a picar sin mediar una sola palabra.

Aquella mañana iba a demostrar lo que era ser un artista de verdad, pensaba picar el doble que el día anterior y terminar por fin aquella larga, profunda y penosa zanja que ninguno de sus compañeros se animaba a afrontar.

33. EL FUNCIONARIO CABAL

Yo cazo artistas. Es mi trabajo. Pero no es lo que piensas. No soy un buscatalentos. No, eso ocurría antes de la nueva Ley. Yo simplemente acabo con ellos. Y soy el más eficaz de mi negociado. En mi cuenta hay una media mensual lo suficientemente abultada como para ser respetado y envidiado. Incluso los detractores de lo que hacemos alaban la humanidad con la que cumplo mi obligación.

Desde que al Ministerio de Medioambiente se le encargó controlar la desmesurada población de estos parásitos se produjo un enconado debate: ¿Los encargados de hacer efectiva la norma debían ser funcionarios o era necesario abrir un concurso público para que una empresa se encargara del asunto? ¡Ay, politicastros! Por suerte, triunfó el sentido común.

Y aunque los primeros años fueron una locura, ahora la cosa está tranquila. El número de artistas está controlado en todo el país según complejos cálculos realizados atendiendo a su actividad. Además hay una vigilancia estricta sobre los individuos sospechosos de portar esa extraña mutación en sus genes. Así que no se podía afirmar que fuera un mal trabajo hasta esta mañana. En el desayuno mi hijo pequeño me ha enseñado un dibujo de nuestro gato.

32. Noche tras noche (Nuria Rubio González)

Una noche más, consigo acomodarme en una desvencijada butaca revestida de deslucido terciopelo carmesí. Instantes después, Eleonora se sienta en mi corazón, oprimiéndolo suavemente. Ante un público con los sentidos adormecidos por el exceso de alcohol, acaricio volátiles teclas de piano, al compás de la adorada voz que late dentro de mí. El eco de pasionales vocablos me desgarra con infinita dulzura. Momentáneamente, soy privado de tan placentero dolor debido al violento desalojo del local.

Sin techo, a la luz de la luna, mis dedos, flotando en el aire, dan vida a los postreros acordes del último bolero. La melodía, enredada entre los viejos cordones de mis desgastados zapatos, ata felizmente cualquier movimiento; mis longevos pasos, diluidos en la marea de muchedumbre evacuada por la policía, aparentan dejar atrás el antiguo Café Encadenados, nido de mendicidad desde hace décadas… En gozosa quietud, mi corazón acoge a una Eleonora que, ajena al inexorable fluir del tiempo, se abraza al estremecedor latido que anuncia el inicio de su eterno recital. Y una noche más, la sangre que brota de mi sien empapa, poco a poco, el tapizado bermellón de una butaca en la que, no sin dificultad, acabo de acomodarme…

31. INSÓLITA SALA DE EXPOSICIONES

Antes de manipular con sus manos infantiles ceras, acuarelas y pinceles Cris ya hiciera gala de su potencial artístico con materiales tan nobles como restos de fruta triturada, papilla o barro.

Sus trazos eran curvos, seguros y largos. Cuando descubrió las espirales sus creaciones se inundaron de ellas y adquirieron un cariz abstracto.

Sus progenitores siempre observaron con distanciamiento esta anodina afición.

Cuando Cris elude la estela empresarial que dejó su bisabuelo los inocentes lienzos se erigen en muros. A los reproches iniciales siguieron los pesados silencios. La peor torpeza fue ponerla en la tesitura de elegir.

Francisco se estrena como consejero. El hall, el ascensor, los pasillos, rezuman vetustos. Llega a la sala de juntas. Al cruzar el umbral el aire sorpresivamente parece ser liviano. El mobiliario es de madera maciza pero el color inunda las paredes. Contempla fascinado los lienzos que le trasmiten emociones encontradas. Una voz le sobresalta.

-¿Le gustan?

– Si mucho. Pero me sorprende encontrarlos aquí. Están como desubicados.

– Es un capricho del viejo, del presidente. Cada cierto tiempo aparece uno nuevo. Todos de la misma artista. Cuando expone, sea donde sea, envía a un experto con el encargo de adquirir el mejor.

30. IRONÍAS DE LA VIDA (A. BARCELÓ)

Le pregunté a una amiga suya cómo podría hacer para que se fijara en mí. Me comentó que a ella solo le gustaban los hombres que poseían la rara habilidad de hacerle reír. Me apunté a un taller de Clown y me convertí en payaso. Ella resultó padecer coulrofobia. No conseguí su amor, pero encontré mi verdadera vocación y me enamoré para siempre de ella. Desde entonces, me dedico al arte de buscar sonrisas.

29. ARTE TÓXICO (Petra Acero)

Ha venido todo el pueblo, además del frío viejo que nos acompaña cada invierno. El último en marcharse fue don Benancio. Hablamos de tu rara enfermedad. “Los caminos del Señor son inescrutables”, se justificó, antes de remangarse la sotana y abandonar el cementerio. Ahora estamos tú y yo solos.
¡Gana el que aguante más tiempo el frío! ¿Recuerdas cómo me retabas? Tú inventaste el juego y tú ganabas. ¡Tan fuerte, tan valiente! Después, como buen hermano mayor, calentabas mis manos con tu aliento (veladura cálida que difuminaba el ocre de la tarde). Hasta aquel día en que, enredada entre los ribazos, la nieve desdibujó los caminos y la frontera del lago. “Ven, pisa, que no te hundes”, me engañaste, saltando sobre la tierra firme. Anduve por el hielo y gané… estos muñones. ¡Maldito seas! Enterraste mis sueños, como hoy te entierro yo a ti. Tuve que abandonar los lienzos, pero me afané en los colores. Con paciencia practiqué en tu taza de desayuno, sobre todo en los bordes: azul de cobalto y blanco de plomo. El amarillo de cromo y el rojo de cadmio vinieron después: tu tazón, tu jarra preferida… Figuras toscas, deformes como mis manos.

28. «Esta es la historia de Don Calcetín»

Don Calcetín era un calcetín que había nacido para serlo, vestir un pie, calentarlo, protegerlo del duro calzado…; su función era importante, era ayudar a una persona en su caminar.

Don calcetín, que siempre iba acompañado de su media naranja, se quedó viudo y eso cambió totalmente su realidad. Como vivía en una casa en la que nunca se tiraba nada, Don calcetín se quedó en una esquina, arrinconado en el cajón de los calcetines. Don calcetín se sentía solo y triste.

Un día, inesperadamente alguien abrió el cajón y ¡lo eligió!, no era el pie grande para el que había nacido, era uno más pequeño, que lo tomó con mimo y lo llevó consigo.

Nunca más volvió a su antiguo hogar, y menos aún a esa esquina olvidada.

Lo rellenaron de trapos, le cosieron botones, lanas de colores y fieltro.

Ya no era un calcetín, ahora era una muñeca con ojos, nariz, boca y hasta con varios vestidos.

Don calcetín, que pensaba que no había mayor felicidad que cumplír la misión para la que uno había nacido, se dio cuenta de que había estado equivocado; tras su metamorfosis la felicidad era aún mayor.

Ahora se llamaba Enriqueta.

 

27. LAS DESCONOCIDAS PRETENSIONES DE UNA MOMIA VULGAR (Edita)

Estaba empeñado en pasar a la historia. No como Fraga, con la faraónica Ciudad de la Cultura inconclusa; quería hacerlo a lo grande, igual que un descubridor científico. Lo complicado era dar con el asunto oportuno, y más viviendo en una época en la que ya todo está inventado.

Durante años, cada mañana descartaba lo que había ideado la víspera. Hasta que una noche de insomnio, lo visitó la inspiración: crearía un arte nuevo; uno en el que pudieran expresarse todos los artistas frustrados, aquellas personas que aseguraban llevar un Dalí o un Neruda dentro, por ejemplo, y que no eran capaces de expulsarlo.

Y empezó a diseñar su proyecto. Primero, empleando para la causa todas las horas de ocio, incluidas las vacaciones; después, viendo que el tiempo se le echaba encima, solicitando la reducción de jornada, pero acabó abandonando el trabajo para dedicarle el día entero. Aún así, le parecía que no avanzaba lo suficiente y se vio obligado a robarle horas al sueño. Confundía el ocaso con el alba, e incluso dejó de comer.

Cuando los vecinos llevaban meses sin verlo, dieron parte a las autoridades. Lo encontraron momificado entre montañas de extraños bosquejos que nadie supo descifrar.

(Relato fuera de concurso)

26. GARABATOS

De vez en cuando se tumbaba en el prado, al volver del colegio, para observar el sol colarse entre las nubes. Lo miraba fijamente durante un instante y luego cerraba los ojos apretándolos muy, muy, muy fuerte. A continuación, se recreaba con los chispazos que bailaban en el lienzo de sus párpados cerrados: formas abstractas, sinuosas y de múltiples colores danzaban caóticas. Por último, se quedaba pensativo mirando al horizonte y ordenando esas líneas en su cabeza. Se embelesaba oyendo trinar los pájaros, como si éstos se colocaran sobre una partitura imaginaria. Su madre comenzó a llamarlo, pero él seguía ausente. Finalmente el graznido de un cuervo le sobresaltó. La posición del sol le reveló lo tarde que ya era. Corrió hacia su casa, buscó su bloc de dibujo y las pinturas y plasmó todas aquellas visiones. Sin embargo no pudo rematar el cuadro. Tuvo que esconderlo de prisa antes de que su madre le reprochara lo mismo de siempre: «¿Ya estás con esos garabatos otra vez? ¡Holgazan! Y los deberes sin hacer…

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