Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

DESORDEN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL DESORDEN

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto DESORDEN en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
días
1
0
horas
1
9
minutos
0
2
Segundos
0
4
Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de MARZO

Relatos

37. ALIM Y NOSOTROS (M.Carme Marí)

Oscuridad. Frío. Angustia.

Cesa el ruido del motor y el miedo se multiplica. Rezos. Gritos. Movimientos bruscos que desestabilizan el frágil equilibrio del conjunto. Un niño, Alim, cae al agua. Dos pequeñas manos asustadas no llegan a los incontables brazos que se estiran intentando alcanzarlas. Alguien más resbala y va a parar al mar. El pánico se dispara.

De pronto se oye una lancha en la lejanía. Suena cada vez más cerca, se ven luces. Entra la esperanza en escena.

Los superhéroes del último año no vuelan, ni tienen fuerza sobrehumana, y en vez de mallas o capa llevan chaleco salvavidas. Surcan el Mediterráneo buscando precarias embarcaciones a la deriva llenas de personas asustadas y engañadas, derrotadas por una realidad que las castiga primero con guerra interminable en su país, luego con dureza extrema en el camino, para acabar explotadas por mafias que venden viajes en balsas hinchables a precio de crucero de lujo.

Impotencia. Denuncia. Agradecimiento.

Alim, ya a salvo, da gracias por la ayuda recibida en este relato. Nosotros agradecemos a estos superhéroes que existan en la vida real. De corazón.

36. METAMORFOSIS

Llegó y me amó. No quise nada más. Luego lo pisé y volvió a convertirse en sapo, pero antes de que pudiera salir volando me atrapó con su lengua y me amó de nuevo. Los dos renacimos y nos convertimos en superhéroes. Yo acabé con mis miedos y él tomó decisiones.
Envueltos en finísimos hilos de seda brillante y pegajosa y convertidos en una bola enamorada, emprendimos el viaje que el viento nos tenía preparado. Atravesamos las montañas más abruptas y rodamos por los valles más extensos para, al final, acomodarnos a la orilla de un estanque recién nacido, un terreno virgen donde echar raíces. Sobre nuestros cuerpos treparon con cautela, enredaderas y libaron colibrís de alas impacientes.
Te esperé toda la vida, dije en un susurro y de su cuerpo surgieron alas de ave fénix. Su piel, antes viscosa, se cubrió de un armazón escarlata, consistente y flexible en el que, acurrucándome me dijo, solemne y sincero: Nunca más estarás sola y de mis ojos brotaron lágrimas de cristal que cubrieron mi rostro formando una máscara genuina a través de la cual solo podían verse mis labios aumentados.
El tiempo se paró. Solo el amor puede salvar al mundo.

35. SÚPERSENSIBLE (Inés Z*)

Cilene compartía cuna con una gata de increíbles ojos verdes. Y aunque su madre la espantaba, la gata volvía una y otra vez para lamer la piel de aquel bebé, sensible a la textura de su lengua.

Cuando Cilene creció sus manos volaron a las teclas de un pequeño piano rojo que iba siempre bajo su brazo. Y en el canturrear de «ojalá que te vaya bonito» bailaba con los marcos de las puertas, como si fueran compañeros con fuerza.

Sus dones eran invivibles a simple vista porque nadie sabía mirarla. No creció en el ambiente adecuado. Hasta que un día llegó algo que rompió su barrera y ella se abrió sacando virtudes de empatía que cautivaban. Cilene era linda en su conjunto, en su receptividad, en su corazón blanco por donde se colaban innumerables rayos de sol. Pura espiritualidad al trasluz.

Aquella súperniña está hoy en la mujer que es y será la mano a la que agarrarse; la lágrima mezclada con la risa; la defensa al débil. Y su mayor virtud es que sabe, como ninguna otra, meter sus dedos hasta lo profundo de tu corazón y tocarlo, tocarlo con las yemas sonrosadas de una niña altamente sensible.

34. UN TIPO EXTRAORDINARIO (Belén Sáenz)

Superboy asoma la nariz por la puerta de la cabina telefónica y pide permiso; ya llegó al quiosco su cómic favorito. Con la capa bien abrochada como exige mamá —que ya se sabe lo que pasa con las corrientes a ciertas alturas—, vuela a buscar a Wondergirl. En la cornisa del rascacielos que da al parque, las cabezas rozándose, engullen las historietas con avidez de visión láser. Sus boquitas forman una O cuando el héroe se levanta al primer timbrazo del despertador. Las mismas boquitas que salivan con el megadesayuno que le da vigor: pan del día anterior sopado en leche. Después, resiguiendo las viñetas con los punteros ultravioleta pringosos de caramelo, entran con él en el vagón del metro derrotando al gentío. Contienen el aliento hasta llegar a la oficina y lograr esquivar al jefe. Ríen aliviados con la charla sobre el partido del domingo entre los compañeros, pero enseguida las aventuras se reanudan a un ritmo trepidante: La pila de informes fechados, sellados y archivados. Los lánguidos lametones de Fido cuando regresa a casa. La tortilla francesa ante la tele encendida. El inexcusable cepillado de dientes. Fin. Un suspiro y su imaginación toma tierra: Cuando seamos mayores…

33. Héroe, con h de hombre (La Marca Amarilla)

– Vamos a ver, Germán ¿Por qué no quieres venir?
– ¿Pa qué?
– Ya lo sabes, la gente te quiere mucho, el pueblo entero está muy agradecido y por eso desea entregarte la medalla de honor. Te lo he explicado varias veces…
– Y yo te he dicho mil veces, alcalde, que ya sé que me quiere, que no me hace falta na más, cojones.
– Pero mira que eres cabezón, Germán. ¿Quién como tú ha cuidado el entorno de la comarca, y nuestro ganado, convirtiéndolo en el más preciado de la región…?
– …
– ¿Quién, gracias a sus conocimientos sobre animales, ayudó a parir a aquella mujer extranjera, salvándola a ella y a su criatura?
– Cualquiera hubiera hecho lo mismo…
– ¿Sí? ¿Y quién ayudó a tanto perseguido durante la guerra a refugiarse en nuestros bosques? ¿Y a cruzar la frontera para que no los deportaran?
– No fui el único.
– Ya, Germán, pero tú no les cobrabas, carajo…
– Pos claro, solo faltaba, nos ha joío.
– ¿Ves? Pues por eso y por mucho más, te mereces el homenaje.
– Pues sigo sin entenderlo, alcalde…
– ¡Me cago en la puta, Germán!

31. FIN DE UNA TIRANÍA DEL TERROR

En el patio del instituto no había tregua para los indefensos. Unas veces eran bajadas de pantalones con las carcajadas de sus secuaces de fondo, otras eran humillaciones a aquel niño que jugaba más con chicas que con chicos. Otras veces usaba la violencia física para conseguir el bocadillo a quién se negaba a dárselo. Se sentía el rey del patio mientras los profesores miraban para otro lado sabiendo que el padre de ese villano daba una buena cantidad de dinero todos los meses para el mantenimiento del instituto.

Aquel día se disponía a humillar a una de sus víctimas como tantas veces había hecho hasta ese momento. Momento en el que de la nada apareció  un grupo de superhéroes anónimos  dispuestos a detener el acoso que ejercía entre los más débiles. Sus secuaces al ver que esos superhéroes eran mayoría, cambiaron sus carcajadas por rápidas carreras y lo dejaron solo en mitad de la pista de arena.

Uno de esos superhéroes se acercó al verdugo y antes de que pronunciara palabra alguna, este no pudo evitar orinarse encima siendo ahora él, el objeto de las humillaciones del resto de alumnos del instituto y terminando así su tiranía del terror.

30. OBSTINACIÓN (Isidro Moreno)

Me aposté junto a la cabina de teléfono.

Me tendí en mitad de la calle fingiéndome desmayada.

Subí en topless a la azotea del más alto edificio.

Mantuve guardia ante la puerta del Daily Planet, haciendo vudú a la estúpida de Lois Lane.

Me encerré en el calabozo de la comisaría.

Gritaba tu nombre cuando, a rastras, me sacaban del calabozo de la comisaría.

Me leí, en ENTC, todos los relatos sobre héroes.

Me apunté a Superhéros Sans Frontières

Estoy aprendiendo a hacer el pino para que te fijes en mí, o me rescates, o me cojas en tus brazo, o me… ¡¡Por Dios, Superman!!

 

IsidroMoreno (más…)

29. Münchhausen (towanda)

Pensar y ver resulta lo mismo cuando tienes los ojos cerrados. Parece mágico. La boca me sabe a tornillos, puedo hacerme pis encima y elevarme alto como un globo. Mi superhéroe favorito es papá. Y yo, el suyo. Aunque no llevamos mallas. Dice que cuando esté asustado repita mi nombre, mis años y el miedo desaparecerá. En el cole funciona. Papá no es mi padre, pero hace como si lo fuera. Lo ha dicho esta mañana mamá al echarlo del cuarto. Después, gritó muy fuerte y arrojó algo contra el suelo. Hizo mucho ruido. Deseé que parara.

Mi mente salta entre pensamientos disparatados. De pronto, recuerdo a aquella niña del parque a quien apenas conozco y, al momento, pienso en Stradivarius, mi cobaya. Mi mejor amigo. Sabe mis deseos de vivir con papá y odia los cambios de humor de mamá. Desconfía. La culpa de que siempre esté enfermo. Papá, también. Yo no. Es tan guapa… Acaba de entrar. Huele rico, me besa, coge mi brazo. El suero vuelve a escocer. Como ayer. Ahora, siento presión, como si los cielos hubieran caído sobre mi nariz. No puedo respirar… Tengo miedo.

Me llamó Adrián, tengo ocho años… Me llamo Adrián, tengo…

28. La caída

Desde la azotea del edificio más alto, contemplo la ciudad. Si alguien pudiera verme, pensaría que estoy en plena guardia, atento y vigilante, ataviado con mi uniforme de combate, mi capa roja ondeando al viento.

Sin embargo, esta noche no me encuentro aquí para salvar el planeta. Eso ya lo he hecho antes, tantas veces que he perdido la cuenta. He evitado guerras y catástrofes. Con mis propias manos, he desviado la trayectoria de misiles, de asteroides. Gracias a estas hazañas, los hombres más poderosos pugnan por estrechar mi mano; los niños, por una fotografía a mi lado. Pero, a pesar de ello, de no haber lástimado jamás a un inocente, en el fondo, percibo su miedo. Miedo de mí, de lo que represento.

Por eso he subido hoy hasta este lugar. Para demostrarles algo. He estudiado con minuciosidad la caída, el impacto de mi cuerpo contra el vértice del obelisco metálico que han levantado en mi honor. Colgada del cuello, llevo la última piedra del mineral que anula mi fuerza. Porque no soy un dios. Al igual que todos los demás, puedo sangrar. Y también morir.

27. ELLOS TIEMBLAN

Mi amiga, fue una heroína, cuando a sus treinta y cinco años, la diagnosticaron, el corazón se le quedó por un instante parado. Trabajaba de administrativa en unos grandes almacenes. Cuando comenzó a temblar.

Aquella mañana, al mirarse al espejo, notó que las facciones de su cara, le estaban cambiando -Sera cosas de la edad-, no le dio importancia.

-!Cuánto me tiemblan las manos!, los papeles se movían, los sujetó fuertemente.

Así es como le hablaron del «PARKINSON»

-¿Es normal? Solo tengo…

-Es precoz, no es muy frecuente, pero puede pasar.

Durante años tuvo que ir a trabajar, maquillada de medicación. Con el paso del tiempo, no solo le temblaban las manos, su cuerpo, su cara, todo vibraba. Se sujetaba, se apoyaba en las paredes. Hasta que no lo pudo ocultar.

Fue un quijote que batalló por la vida.

Ahora vive en un pueblo deshabitado, donde sus habitantes, no te observan, ni te preguntan. Sus sentidos se han quedado dormidos, silenciosos, sin movimiento. Solo se huele a ciprés en el camino. Allí nadie la ve temblar. «Ella» ganó esa batalla. Allí no se lucha

El caballo, la pasea engalanado con lazos y rosas, su cuerpo con el galope no tiembla.

26. Mi super-ADN (J. A. Redondo Lavín)

Tras analizar un frotis de tejidos de mis carrilleras, un laboratorio de Ohio ha dictaminado que mi ADN muestra orígenes varios: es ibérico en un 63,6%, italiano en un 15,5%, sardo en un 5,9%, británico en un 8,6%,  norteafricano en un 5,3% y el 1,1% restante procede de medio oriente.

Sin pudores, soy y somos portadores de un gen que es un verdadero héroe. Ha logrado vencer hambrunas mortales, ataques de fieras, decesos párvulos, guerras, invasiones y defensas, emigraciones, asesinatos, emasculaciones, y superado con éxito la orfandad.

Pues ahí tenéis a este super-héroe, hijo de Atapuerca, Altamira y el Sidrón; de Indíbiles y Mandonios, de Túbales y Tharsis; de íberos y celtas; de exploradores fenicios de Tiro, de bravos cartagineses, y de huestes romanas. Posiblemente también fruto violado de razzias  bereberes, y también de mis queridos orígenes vascos, y más recientes pasiegos y maragatos.

No han encontrado trazas de sajones ni de bárbaros asiáticos. Mis ancestrales madres no estaban o supieron esconderse de invasores suevos, vándalos y alanos, y tampoco estaban en la costa cuando llegaron los vikingos. Y, ¿dónde están mis godos? ─ ¡Ah!, esos no se mezclaban con la plebe.

¡Super-gen, te envío en misión hacia mis hijos y nietos!

¡Honor y Fuerza!

25. Súper Jota & Wonder eSe (Esperanza Tirado Jiménez)

Se cansó de recorrer la Gran Metrópoli de una punta a otra salvando mil y un obstáculos.

No pretendía jubilarse ni dejar de colaborar con todo aquel que le necesitara. Simplemente quería vivir algo distinto. Algo más. Algo único. Así que colgó la capa y el antifaz en el armario y se retiró, lejos del mundanal ruido, para comenzar nuevos súper proyectos.

Pero algunos incondicionales han rastreado, vía Google Maps o GPS, su refugio secreto; escondido entre riachuelos, arboledas y nubes de arándanos.

Cada año van en peregrinación (desde los Montes de Toledo y desde donde, se decía, era el Fin de la Tierra; desde bellas tierras azotadas por un fiero Cierzo y desde lejanas comarcas más al Norte, donde sus habitantes hablan con palabras llenas de consonantes) y le hacen una visita para agradecerles, a él, Súper Jota, y a ella, Wonder eSe, todo el Bien que -sin saberlo- siguen haciendo por el Mundo.

Y todos los que llegan bajan por un Sendero mágico y serpenteante. Que no tiene baldosas amarillas. Pero sí un incontable poder de atracción; nada fatal, sí total.

Si queréis, Esta Noche (Te) Cuento cómo llegar hasta allí.

Nuestras publicaciones