Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

105. «El Principito»

Fui el Príncipe de mi pequeño Reino hasta que me derrotó la responsabilidad de mi gobierno y su exigencia, entonces decidí huir.

Viajé de planeta en planeta y conocí muchos mundos y a sus dueños, mas no me apeteció quedarme en ninguno de ellos porque sus vidas me parecieron muertes.

Al fin llegué a una Tierra enorme en la que me hice amigo de un hombre sencillo. A diferencia de los otros, Antoine reconocía que estaba perdido y sabía que no era capaz de ver bien la realidad, sin embargo no huía y ponía todo su afán en reparar lo que estaba estropeado, era la única manera de cambiar el paisaje desértico en el que había dejado que se conviertiera su vida.

El tiempo que pasé en este planeta me hizo comprender la importancia y el valor del propio reino y que, a pesar de que a veces sólo estemos capacitados para sentir el dolor de sus espinas, tras éstas se esconde tanta belleza como la de una rosa.

Quería volver a intentarlo, aunque en esta ocasión no había sabido aún tendría más oportunidades.

Y ya no lo olvidaría: lo esencial es invisible a los ojos, pero no al corazón.

104. Quijotadas.

«Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia»

 Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de la Mancha.

-¡Que no es un gigante! -le increpaba con hartazgo.

-¡Cuánta ignorancia la tuya!, siempre diciéndote «…que es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la Tierra», pero nada, tus cortas entendederas no dan para más, zoquete -manoteaba encolerizado-. ¿No ves ahí al más ruin y despiadado de todos?, bajo su disfraz no hay corazón ni principios, solo codicia -y en diciendo esto, se lanzó a la batalla sin atender a más razones ni palabrería.

Apeado el amigo hacía rato le gritaba con desgana: -Te equivocas loco -y negaba con la cabeza al mismo tiempo que marcaba el 112 en su móvil.

La sucursal bancaria quedó destrozada. También el cuatro latas al que un día empezó a llamar Rocinante y que fue lo único que conservó tras el desahucio. Bueno, también un viejo ejemplar del Quijote.

Tuvo suerte, aquel escuálido y metálico corcel le sirvió de inverosímil armadura; también que los servicios sanitarios llegaron prestos al lugar y salváronle la vida pues quedó muy maltrecho aquel insólito justiciero.

103. El Patriarca

El coronel ya no tiene escribientes. La mayoría murieron en la Guerra de los Mil Días, o de viejos. Su vida es ahora una hojarasca que se revuelca con los años. Del tiempo del cólera y del amor ya no le quedan sino recuerdos reposados y remotos como los besos de su abuela Iguarán Cotes, a la que en las noches oye quejarse de frio, de soledad y de tristezas acumuladas.
Remedios, su sobrina, viene una vez al mes a visitarle y le trae noticias de Macondo. Le hace una crónica de las muertes anunciadas.
Es consciente de que le ha llegado su otoño, sin embargo se entretiene haciendo pescaditos de luz que, tambaleantes, saltan al pelo negrísimo de Sierva María, iluminándolo como cielo estrellado. No quiere llegar a ser como aquel general que se encerró en su laberinto a rumiar la muerte. Él quiere vivir para contar historias, vivir por cien años, enfrentar con bravura su mala hora aunque tenga que seguir los pasos polvorientos de los que ya pasaron por la suya.

102. SE VENDE

Apenas duermo, temo encontrarme con ella en sueños. Anoche cuando se me cerraban los párpados sobre el teclado me susurró al oído: «¿por qué no me cuentas?» Me desperté sobresaltado y seguí escribiendo, ya voy por el capitulo X, en breve llegaré al final que espera mi editora. Hoy en la cola del supermercado, me ha asaltado otra vez, la he intentado sepultar entre las latas de atún pero ha emergido victoriosa sobre la botella de aceite con su maldita pregunta. Estaré firmando ejemplares de mi nuevo éxito de ventas en unos meses y después ya me pondré a escribir esa historia que me ronda la cabeza desde hace tiempo. Hace un momento, cuando me lavaba los dientes, ha aparecido a mi lado y mientras me decía «no te creo» me ha traído consigo al otro lado del espejo donde se agolpan miles de historias que nunca verán la luz y que no tienen precio aunque mi editora no pague ni un céntimo por ellas.

«Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia.» 

El juego del ángel

Carlos Ruiz Zafón

101. CONTEXTO DE LETRAS (Belén Mateos)

Las letras saltan, bailan al compás de un teclado confundido de emociones. Ríen, lloran sin saber en qué línea deben ocupar su puesto. Se balancean entre las comas y se quedan inquietas en los puntos suspensivos, indecisas por traspasar ese párrafo escrito en un impulso sin sentido.

 

La mesa las observa severa, perfecta en las cuatro patas que sostienen el ordenador enloquecido por unas manos que no paran; crea correcta la hache, la mayúscula, el acento…

 

Pasa la arqueada luna, deslumbra el sol. Quizá quede algo que merezca la pena.

 

100. MIRADAS DEL DESTINO

Recientemente siento lo que escribo porque lo hago en su seno, rodeado de pieles a rayas, escuchando rugidos del hambriento rey, de golpes en el pecho con plata en sus duras espaldas, como las que portan a bebes que pronto correrán en busca de un destino.

Polvo seco, tierra húmeda, manto verde, contrastes; ciudades creciendo vertiginosamente en medio del caos, guerras que no cicatrizan, contrastes.

Un continente tan dispar pero que corre más que nunca también en busca de su destino, que parece escrito y repetirse en cada historia. Historias todas llenas de contrastes, como las que llevo sintiendo los años que vivo en su seno.

Hoy casi los toqué, nos miramos a los ojos y en los suyos vi probablemente lo que él vio en los míos. Me habían advertido que no lo hiciera, pero no pude evitarlo. Su mirada me ha quedado grabada en mi retina y en ella adiviné su destino, que muy probablemente también sea como el mío. Ambos vamos abocados al abismo.

Y aquí me quedaré algún tiempo más, buscando juntos nuestros destinos, llenos de contrastes, por lo menos.

99. Demiurgo

Para escapar de su vida rutinaria imaginó tierras vírgenes, donde aún tuviera lugar el asombro. Dibujó héroes audaces y generosos sin ocultar sus debilidades; mujeres cuya delicadeza ocultaba fortaleza y arrojo; villanos cínicos con fondo de ternura. En la trama entrelazó aventuras, amor y lucha contra la injusticia. La concluyó con un final abierto, aunque esperanzado, y se fue a vivir a su novela.

Sin embargo, una vez allí, no encontró la plenitud soñada. La camaradería con sus compañeros nunca llegaba a ser auténtica; entre su amor y él se interponía una barrera sutil, pero infranqueable; hasta sus enemigos lo enfrentaban con más incomodidad que temor. Al fin el personaje que creó con más esmero, el que había modelado para ser su amigo íntimo, fue capaz de sincerarse con él.

─No es porque seas el más valiente, ni porque te empeñes en protagonizar todos los episodios. Tampoco porque te hayas llevado a la chica más guapa. Es esa extraña sensación cuando nos miras, como si siempre supieras lo que va a pasar a continuación.

97. Entre líneas

Me desplazan sobre un suave fondo blanco que mancho con la tinta que guardo en mi interior. Creo palabras, frases, textos que, en ocasiones, tacho debido a su incomprensión, al no alcanzar la perfección deseada o, al no encontrar la palabra, la sensación o la musicalidad deseada.

Soy el verdugo de mi propia creatividad.

Me arrojan y desciendo sobre el fondo marcado con mis palabras. Se crea un extraño paréntesis que me permite pensar en la suerte que tengo de poder acariciar y rasgar la suavidad del papel blanco. De no ser una imagen de ese papel. De no ser un simple teclado y un corrector automático que te indica el error o un nuevo sinónimo a utilizar.

Soy un muerto que no escucha ni lee pero habla.

Me abandonan y me dejo acariciar por esa hoja que ya no es blanca. Por la musicalidad de las palabras que la impregnan y que me recuerdan el esfuerzo realizado y compartido. Descanso entre sus susurros que también son míos. Y me desprendo de mí mismo a la espera de un nuevo comienzo pero viejo tacto.

“No es tan fácil escribir sobre nada”

96. Reforma en la educación

Padres furiosos y alumnos intolerantes  protestaban delante del Ministerio de Educación:

«Los manuales contravienen  los valores democráticos, son inaceptables, producen traumas psíquicas!  ¡Menos novelas y relatos en el programa! ¡Son difíciles!  ¡No tenemos tiempo! ¡Los niños son cansados! ¡Sacad la poesía y la dramaturgia! ¡Demasiados autores: la mayoría son muertos, no nos interesan! Tampoco sus personajes! ¡Sois unos dinosaurios! Depurad los programas o haremos nosotros una depuración en el ministerio!

Arrinconado, el  ministro reunió a los más importantes actores educativos del momento.

Decidieron borrar  todas las novelas y los relatos, porque hablaban de enfermedades y guerras (temas traumatizantes), de buenos y malos (discriminación), de mujeres y hombres (discriminación) etc. Borraron toda la poesía (la del amor no corresponde  al manual de educación sexual) y la dramaturgia, incluso las comedias (¿por qué reírse de los otros? ¡aceptadlos tal como son!).

Después de una  durísima selección, al final solo quedó un texto aceptable:  La Bella durmiente.

Érase una vez la hija de un rey (no, no de un rey – discriminación);  una niña… (¿por qué no un niño?) No…

Érase una vez… alguien…  durmiente…  Y durmió, duerme y dormirá feliz, sin comer alguna perdiz, para no destruir el equilibrio ecológico.  ¡Perfecto!

 

95. Atrapado por las musas

Cuando se escribe, resulta difícil encontrar un personaje adecuado. Sin embargo, una vez que lo defines, toma forma y se apodera del papel. A medida que lo enriqueces coge fuerza, y de pronto la historia fluye sin cesar como si se narrara sola.

En mi última incursión por los laberintos de la imaginación, he creado uno que esta mañana se ha escapado en la página quince, y ahora está sentado en el chaise longue, viendo la televisión, en el lugar que suele ocupar mi esposa.

Llevo todo un programa pensando cómo se lo voy a explicar a mi mujer. Y a sabiendas de que no lo entenderá y que me pedirá el divorcio por enésima vez, estoy planteándome seriamente en escaparme con él, bueno exactamente con ella, porque no he aclarado que la protagonista es una mujer. Sólo tengo que asirla de la mano y ordenarle que regresemos juntos a este magnífico cuento que tenemos que seguir relatando para todos nuestros fieles lectores

94. Mientras escribe

Stephen se halla sentado ante su máquina de escribir, dando vida a un payaso malvado de enorme miembro viril para una de sus novelas, una con un título tan corto que parece que se haya quedado sin carrete en la máquina y lo haya dejado a medias. No sabe muy bien cómo llamar al payaso rabilargo: PeneGris, PeneGuay… al final piensa que lo llamará Pennywise y así camufla la palabra pene para que nadie se dé cuenta. Es un genio el tío. Y un cachondo.

De pronto aparece Carrie, toda cubierta de sangre y hecha un basilisco.

–¡Papá King, mira cómo me han puesto de sangre por tu culpa! ¿No puedes escribir cosas más normales?

Stephen la mira sin articular palabra, bebe un trago de la cerveza que tiene al lado y lanza un eructo de pesadilla, como no podía ser menos. Carrie se va dando un portazo, con la mente, claro, que para eso tiene telekinesis, y también algo de escoliosis, aunque eso no sirva para mover nada. Stephen acaba la lata de cerveza y la lanza con despreocupación al suelo. Cujo, su perro San Bernardo, lo mira enojado. Esas cosas le dan mucha rabia.

93. La venganza de un hombre honrado (Manuel Menéndez)

Voy a matar a mi creador. No, no hablo de Dios, ni pretendo cometer ningún deicidio. Me  refiero al hombrecillo con ínfulas de escritor que me usa como marioneta.

Yo vine al mundo en un relato llamado “Un hombre honrado”. Recuerdo que en él echaba el polvo de mi vida y dos líneas más tarde le reventaba la cabeza a ella de un disparo. ¿Qué cerebro enfermizo puede imaginar algo así? Desde entonces he sido policía, detective o mafioso. Da igual, al final del relato o muero heroicamente o me cargo a la chica, no hay más variante. Puedo llamarme Frank o apellidarme Corleone, el caso es que no moje y si lo consigo acto seguido uno de los dos tenemos que morir, es nuestro castigo por gozar, ¡maldito mojigato!

Como vivo en su cerebro leo otras historias: amor, poesía, finales felices… para él todo esto no existe, mi mundo se reduce a un revolver, un hotel polvoriento y una botella de bourbon. Mi universo es tan gris como su imaginación y mi futuro más negro que sus relatos.

Está sentenciado. Soy muy bueno asesinando y eso es algo que debo a mi futura víctima: espero que aprecie la ironía.

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