Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

27 – Apnea en aguas profundas

8 minutos, pulmones al límite. Ahora todo depende del aporte de oxígeno de las otras grandes vísceras.

9 minutos: toca demostrar lo entrenado. Introducirse en sus órganos vitales para ralentizarlos. Restringir los sentidos. Expandir la mente. Divagar por la memoria.

10 minutos: La realidad se distorsiona. Aparentando ser los suyos, los brazos de la posidonia se enroscan sobre una delicada anémona esmeralda. ¿Ana?

11 minutos, el récord ya está cerca, y Ana se desliza, desnuda, sobre la cama de algas. Su cuerpo invita. Está igual, nada ha cambiado.

14 minutos, decenas de metros más arriba, alguien tensa la cuerda para felicitarle, pero su memoria ha huido de nuevo hasta aquel maldito kilómetro de la A-7.

15, las burbujas se agolpan furiosas en el paladar. La niebla invade todo. El estúpido pez que se ha saltado el stop colisiona contra sus gafas, y el seco sonido del impacto revienta el dolor de aquel recuerdo.

16, ni siquiera las lágrimas disipan la niebla.

17, detonada la furia, suelta el volante imaginario y bracea, rebuscando en vano el cuerpo de Ana entre el difuso amasijo de chapa y coral.

18, el agua comienza a invadir sus pulmones.

La anémona sonríe.

26. LA MALDICIÓN DE LA PERLA NEGRA – EPÍFISIS

Mishishi, mi mujer, era pescadora Ama y mientras yo salía a faenar al Pacífico Norte, bajaba a 25 metros en inmersión libre como apneísta a recoger ostras perlíferas.
La recuerdo a la entrada de la cabaña, con su cesto de mimbre entre las piernas, desnuda y con su cuchillo abriéndolas y haciendo una incisión en el molusco, rebuscar en su interior y la sonrisa en su cara de porcelana al extraer una perla, que se introducía en la boca para limpiarla.
Separaba en un cuenco las vendibles y en otro las negras para su collar.
Las enhebró con un hilo de seda largo y varias vueltas y solo con el collar, caminaba por la casa, rápida, sutil, invitándome a poseerla.
Cuando hacíamos el amor, me encantaba chupar a la vez perlas y pezones, igual de negros.
A veces para llegar al orgasmo entraba en apnea, me gustaba y su cara pasaba de un cutis nacarado a un rojo pasión.
Aquel día, su rostro pasó a cerúleo y al intentar revivirla, el hilo se rompió y las perlas cayeron al futón y de ahí al tatami y cuando el tintineo y el rodar cesaron, se hizo un silencio sepulcral.

25. FELICIDAD EFÍMERA

Regaló sus ovejas y abandonó su pueblo. Desconocía el porqué de aquella inquietud delirante por sumergirse en el océano si su contacto con el agua se reducía a la alberca. El río oscuro y cenagoso, le infundía temor.
En la estación, su piel pegajosa anunció salitre y en una caseta improvisada, a cambio de su reloj, consiguió unas aletas usadas. Extensas praderas de Posidonia y peces coloridos hicieron que se olvidara de lo esencial, que no tenía cuerpo hidrodinámico, ni adaptaciones esenciales.
Dos delfines llegaron como ángeles y le devolvieron a tierra.
Con el tiempo Umberto adquirió una habilidad prodigiosa para el buceo en apnea, la camaradería con los delfines era su acicate, sin embargo, percibió cierta rivalidad entre ellos.
Una tarde, el más pequeño nadó velozmente hacia él y buscó sus manos, parecía angustiado, segundos después, el más grande embistió repetidas veces contra su compañero, provocándole graves contusiones en su cuerpo.
Umberto, atónito, deseo intervenir pero le paralizó el miedo, ansió escapar pero su cerebro aturdido enviaba señales confusas.
En un último esfuerzo, el animal herido metió su pico bajo la axila del hombre, que en la orilla, inconsolable, diluyó con sus lágrimas el rojo ferroso de la violencia.

23. El puerto donde navegan mis sueños (Pablo Núñez)

Llevo más de un lustro esperando que la diosa fortuna me de una oportunidad para volver a su lado. Mientras se acerca tan ansiado momento, le desvelo a las mareas el anhelo que persigo: «Quiero llegar a la nube donde está anclada la nave que me hacía perder el rumbo; aquella que descansaba en el muelle junto a mí; a la que miraba de soslayo cuando la despojaban de sus redes, dejando su nombre al descubierto».

Una tormentosa noche, el patrón de Silvia no claudicó ante las inclemencias del tiempo y el mar acabó tragándoselo. Ella, saltando sobre las olas, siguió navegando hasta que los vientos la pusieron a salvo en un resquicio del cielo.

Hoy me ha visitado una borrasca para susurrarme el punto al que he de dirigir mi timón cuando el cielo cubra, con un oscuro manto, las luces que lo iluminan. Hacia allá voy esta noche. La marejada acompaña mi travesía. Poseidón se ha llevado a mi capitán y veo, por estribor, que Eolo viene a por mí.

22. AL NIVEL DEL MAR (Antonio Bolant)

Fueron muchas semanas de travesía a través del pacífico, de extenuante desafío a vela entre su determinación y el salado señor de los destinos. Por eso, cuando el segundo rayo de la tormenta lo despertó, el incendio a bordo era ya tan devastador que apenas pudo salvar su vida lanzándose precipitadamente a la noche del océano; encrespado y jactancioso al saberse vencedor.

Privado de cualquier resto del naufragio, empezó a nadar como si cada brazada fuera un punto de partida; encajando olas que embestían como muros, sorteando el empuje plomizo de las corrientes, en la más absoluta oscuridad. Las primeras luces del alba lo encontraron con su intacta tenacidad chapoteando a la deriva, casi imperceptible entre la abrumadora superioridad de un gran azul sorprendido de verlo flotar junto al amanecer. Consumido y casi inconsciente, sin dejar de bracear, empezó a hundirse.

Cruzada ya la frontera del aire, el viejo océano se mecía conmovido; había sido testigo de demasiadas glorias y miserias como para no reconocer la magnitud de su rival. Entonces, mientras retiraba el oleaje, decidió elevar el arenoso lecho sobre el horizonte postrando de admiración la orilla a sus pies.

21. Corazón cobarde Calamanda Nevado

En una mañana luminosa de verano recorrí la playa donde juntos veraneamos la última vez. Cerré los ojos sin prisa y mis sentidos intuyeron su atmosfera.  Aquel momento podría haber sido mágico sino hubiera comprendido la verdadera dimensión de mi soledad, y lo que su  muerte trajo.  Toqué las olas que me arrebataban sus cenizas,  y unas algas grasientas y sedosas maniataron mis manos.

Resultó sorprendente  ver emerger  de pronto de las aguas  un hermoso delfín azul  chorreando plata y brillantes.  Acercándose a mi silueta silenciosa me ofreció su tesoro con total naturalidad.  No pude  resistirme y escribí  en el aire – ¿Es para mí?-

Ante mi fascinación arrancó una rosa dorada  al mar  y la colocó en las comisuras de mis labios. Toqué con la boca aquella piel húmeda. Mi paladar no aprecio ningún regusto salado, sino el perfume a pan caliente de  ella.

–Elisa-,  evoqué con espanto.

En ese arrebato el delfín me sumergió al fondo del océano hasta el     impactante epitafio: “Nunca te desharás de mí”.

Mientras  lloro arrodillado ante esa inscripción, el mamífero marino pone todos sus sentidos en  construir, con sus agiles aletas, un aposento de nácar para mí.  En este encierro abisal, cómo pediré ¡Socorro!

20. AZUL (Candela)

Os contaré una historia. De esas que quedan en el recuerdo, de esas que nos trasladan a un infinito impávido. Os contaré su historia,o una parte de ella,la más bonita.La historia de su vida, la historia de tantas vidas unidas por un mismo afán.

La historia de los pescadores del Puerto de Santa María, la historia de los naúfragos del Buque Insignia, la historia de los piratas con pata de palo, parche en el ojo y garfio, la historia del calamar gigante, sus enormes tentáculos y su sueño de convertirse en delfín.

Sino fuera por ese inmenso azul os lo contaría, pero quiero disfrutarlo enteramente. Tantas historias sumergidas…mejor que nos lo cuente él. Solo tenemos que escucharle.

19. CRIATURA

Soy una criatura submarina. Lo sé porque mi mundo es acuático, aunque me llegan señales de la superficie.

Desde que tengo uso de razón vivo en el líquido elemento y me siento segura y feliz en este medio, en él  floto y me muevo con parsimonia. Presiento que este océano inmenso y azul donde se envuelven mis sueños de celofán es el origen de la vida. Sin embargo, presiento que no siempre viviré aquí.

La superficie se me antoja misteriosa y lejana, percibo de ella ruidos,  luces y -lo que yo llamo- ondas de pensamiento. Éstas ondas me transmiten sensaciones extrañas: deseos, miedos, alegrías, sorpresas y,sobretodo, cariño.

He ido creciendo en este mundo y domino sus rincones abisales, pero desde hace poco estoy notando cambios. Unas fuerzas me empujan hacia un lado, ahora mismo nado por un túnel que se estrecha, voy rápida.

Parece que estoy llegando a un punto luminoso de la superficie. Tengo miedo, pero mi afán aventurero es más fuerte y me impele hacia allí ¡Por fin he llegado! la luz es ahora cegadora. Una criatura gigante de color blanco me toma por un pie y me da una palmada en el trasero. Comienzo una nueva historia.

18. El pescador de sueños (Blanca Oteiza)

La luna aún podía verse en el horizonte confundiéndose con las farolas cuando salió de su casa. Llevaba una vara y una madeja de lana en una bolsa. Bajó hasta el puerto donde subió a su barca de papel y se echó a la mar.
Se cuenta que cada noche atraca en un puerto diferente y se pasea por las calles mientras los habitantes descansan, recorre cada rincón buscando los sueños de los que duermen. Con la lana atada en un extremo del palo pesca los miedos, los anhelos y los delirios de la gente.
Una vez llegó a una aldea, en una casa a las afueras encontró una mujer que no tenía sueños. Los había perdido de niña cuando le abrazó la soledad perdiendo así la esperanza. El pescador curioso se acomodó a su lado. Sintió su aliento desgastado de utopías ya olvidadas, de proyectos desechados, de deseos incumplidos. El hombre sacó del bolsillo de su chaqueta un saquito del que salieron ilusiones, alegrías y emociones. Después extrajo un reloj cuyas manecillas estaban detenidas y con sus dedos suavemente las hizo girar. Dejando a la mujer detrás de sí salió a la noche estrellada y volvió a su mar.

17. EL PESO DE LA AMISTAD (Salvador Esteve)

Cuatro amigos, cuatro columnas que aguantaban una estructura sólida de amistad sin fisuras, cuatro aventureros.  Pero un viaje en globo sin experiencia era toda una osadía.  El viento, aliado de la muerte, nos arrastraba hacia el vasto océano.  La aeronave descendía metro a metro, la espesa niebla nublaba la cercanía del impacto.  Habíamos tirado todo el lastre posible sin éxito.  Pablo comentó, medio en broma, que uno de nosotros tendría que saltar, sacrificarse para salvar al grupo.  Cada minuto que pasaba la broma se convertía en certeza.  Intentaba vislumbrar algún claro, cuando al volver la cabeza vi a mis tres mejores amigos mirándome fijamente y avanzando hacia mí; el sentimiento de amistad se precipitó al vacío para jamás regresar.  Pero mi mente apaciguó mi corazón, no me habían escogido por falta de afinidad o aprecio, la culpa la tenían mis 130 kilos de peso, y por tanto había sido una elección física, matemática, y no afectiva.  El golpe contra la cubierta fue brutal, oí crujir mis costillas.

 

Mientras el carguero ecuatoriano “Pishco Pipón” surcaba los mares con 130 kilos más de carga, pude ver cómo el globo se alejaba y seguía descendiendo.  Pensé en mi amigo Segundo, pesaba 110 kilos.

16. BAJO EL AGUA (Purificación Rodríguez)

El partido ya empezó mal. Orcas contra tiburones y un pulpo novato como árbitro no auguraban nada bueno.

El público jaleaba a su equipo con todo tipo de sonidos estridentes en un pandemónium insoportable. Entre los corales rojos, erizos, caracolas, medusas, arañas de mar y tortugas bobas increpaban a los peces payaso, rayas, caballitos de mar y jibias situados en el coral verde. Hasta las inocentes algas se llevaban broncas por moverse tanto y distraer a la peña.

En el descanso iban 5 a 4 a favor de las orcas. Los tiburones se adelantaron 9 a 8 casi al final del encuentro y, en el último minuto, ellas se impusieron definitivamente con su envergadura y su fuerza bruta a las fauces de los escualos.

La solitaria orca ganadora alzó orgullosa el tridente de nácar, los asistentes merendaron de lujo y Neptuno se llevó la recaudación, como de costumbre.

15. La vie est belle (Susana Revuelta)

Había logrado encandilar a los duques d´Artagnac aquella primavera, cuando limpiaba su piscina de hojarasca y bichos. Siempre a escondidas del uno o la otra, Olivier o estaba engarzando una flor en el bikini de ella o manoseando bajo el agua al anciano mientras le enseñaba a bucear. Así, consiguió ese verano el puesto de patrón en su yate.

Esa tarde de agosto, mientras el duque sesteaba en una tumbona, Olivier se acuclilló junto a la esposa para masajear con bronceador el interior de sus muslos. «¡¡¡Ooohh, merci, merci!!!», jadeaba la mujer, sin apartar la mirada del ceñidísimo bañador del haitiano.

Para aplacar el calentón, la duquesa se quitó su collar de diamantes y saltó al mar, agarrada a un salvavidas. Olivier aprovechó el momento para hurgarle la entrepierna al duque. Subyugado por el patrón haitiano, al hombre se le nubló la mente, estiró un brazo y desató la cuerda que sujetaba el flotador de la duquesa. Una ola repentina la hizo desaparecer en cuestión de segundos.

«C´est la vieee, mon chériii…», canturreaba el mulato con una mano al timón, alzando victorioso con la otra el collar, mientras el duque exhalaba su último aliento atragantado con su miembro viril.

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