Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

56. El secreto de Dorothy (María José Escudero)

Hernie está más relajado y feliz que de costumbre. Tiene un brillo intrigante en la mirada y, aunque su cuerpo aún no ha terminado de crecer, parece como si hubiera transitado por el futuro. Ya no busca respuestas en los libros ocultos ni en las salas de cine. Cautivado, escucha la banda sonora de una noche de verano en que su inocencia palideció a los pies de mi cama.

Postrada en la melancolía de las sábanas, rememoro los abrazos silenciosos, la ternura de unos dedos aprendices, aquel latido inquieto y generoso de su amor adolescente.

Ahora le imagino respirando la brisa apacible de la playa, vigilando nuevos atardeceres en la isla, aferrado a la carta que narra nuestra historia. Y quisiera decirle que no consigo olvidarlo y tampoco arrepentirme, que el recuerdo de su piel me asalta todavía, que sólo espero envejecer despacio…

La música suena. Dorothy  baila decalza, y su sonrisa -mezcla de amor y  dolor- invade la pantalla.

55. ESA PELI DE CULTO

Me dormí cuando el capitán Willard se adentraba río arriba en busca del comandante Kurtz. Al despertar, Alex golpeaba a Georgie y al lerdo Dim con esa delicada ultraviolencia tan natural en él; Dim intenta salir del agua y frente a él aparece Travis, que acciona un ingenioso mecanismo para que el revolver se deslice hasta su mano. El tercer disparo alcanza una rueda de la Vespa de As de Oros mientras suena el “I’ve had enough” de los Who, evitando así que Jimmy arroje el scooter sobre los blancos acantilados de Dover, en un larguísimo plano secuencia donde se ve a la teniente Ripley abandonando a toda hostia la Nostromo, perseguida por un lobotomizado Mc Murphy que no cesa de babear mientras su amigo Billy Hayes logra escapar de aquella horrible cárcel turca disfrazado de guardián. Nos acercábamos al clímax cuando noté olor a chamusquina. Todo sucedió muy rápido: el fuego brotaba desde dentro de la pantalla, las puertas de emergencia se bloquearon, y una adolescente pecosa y desaliñada se paseó entre las butacas en llamas con aire catatónico. A excepción de Danny y Sandy, que escaparon volando a bordo del ultramático e hidromático descapotable, el resto perecimos calcinados.

54. Déjà vu 1978 (Jerónimo Hernández de Castro)

Antonio rebullía en la cama del hospital. No se acostumbraba a tanto tiempo sin usar calzoncillos y se rascó bajo el camisón verde que no era capaz de abandonar. Su nieta, compañera silenciosa durante toda la tarde, puso a cargar el móvil antes de abrir el armario compartido con su vecino de habitación, también operado de lo mismo.
– Abuelo hay que modernizarse. Tenemos que hablar con Lady Gaga para que te dé el contacto de su modisto.
El convaleciente reparó entonces en los pantalones negros ceñidos hasta la rodilla que ocultaban las botas de la joven. Por un instante se vio con una camisa oscura de cuello infinito bajo una esfera multicolor de cuadritos de espejo, barriendo la pista con sus inmensas patas de elefante. Aquellos no eran tiempos para hacerse un traje blanco, pero con su tupé moreno y ese movimiento de muñecas todas las chicas querían bailar con él.

53. Mar de polvo cósmico.(Mª Asunción Buendía)

Cuaderno de bitácora, fecha estelar 2014-10-14.

Después de atravesar un mar de polvo cósmico, la nave Enterprise de la Flota Estelar de la Federación Unida de Planetas avanza hacia una masa indeterminada envuelta en una nebulosa azulada.

El capitán contempla la imagen tras la cristalera del puente de mando.

— ¿Qué cree que habrá detrás de esa neblina azul, capitán Kirk?

— ¿Quién puede saberlo? esperemos a que vuelva la patrulla de reconocimiento.

— ¿Es cierto que nuestros mapas no muestran nada en este cuadrante espacial?

— Veo que mi tripulación no pierde el tiempo. Es cierto, nada debería haber entorpecido nuestro navegar en estas coordenadas.

Una alarma de sonido estridente interrumpe la conversación. Los tripulantes de la nave que acababa de regresar hacen su entrada de modo atropellado.

— Capitán, capitán— el hombre que habla cae pesadamente a los pies de su superior.

— ¿Pero qué es esto? Doctor McCoy, es una suerte que se encuentre aquí, díganos ¿qué le ocurre al ingeniero Scotty?

Todos quedan quietos, como suspendidos en el tiempo.

— Toma válida, muy bien chicos, lo dejamos aquí. Gracias a todos. Mañana a la misma hora. Y mucho cuidado con los trajes, son una reliquia de museo. Señor Spock, a ver esas orejas…

52. THE MIKE DOUGLAS SHOW

El paso de treinta años podría haber diluido sus recuerdos como gotas salpicando la ventana de una casita a la orilla del mar. Agua dulce bañada en sal, olas batiéndose en retirada con regusto a lluvia recién caída.  Tenía catorce años cuando visitó la isla de Nantucket, Massachussets, aquel verano de 1942.

Pero los escritores carecen de pudor, y los recuerdos se transforman en historias que los desnudan frente al mundo. En 1971, el éxito de la película había multiplicado por mil su exhibicionismo.

Después de haber recibido cientos de cartas de admiradoras que aseguraban ser Dorothy, la mujer que lo convirtió en adulto, reconoció la letra de su primer amor. Ella le confesó haber sufrido remordimientos por aquel acto irresponsable, plagado de dolor y generosidad a partes iguales. También le mostró su alegría por saber que él estaba bien…

Iba a reencontrarse con ella. Ante las cámaras de televisión. Millones de personas asistirían, desde sus sofás, al desenlace. Cuando solo faltaban cinco minutos para el comienzo del programa, Mike Douglas le dio la noticia: Dorothy no aparecería. Herman Raucher, dentro de su perplejidad, por fin lo entendió.

A ella nunca le gustó mostrar su desnudez.

51. USURPACIÓN CONVENIDA

Ya no es el cine Jerusalén, pero sus paredes siguen ahí para que al posar la mano  pueda apreciar la magia que suspendida en el interior me devuelve a Karen en todo su esplendor.

No siempre fue así, porque al principio afloraba sobre todo él, sus angustias, sus ásperos recuerdos y su desesperada solicitud de auxilio. Pero poco a poco ella fue apoderándose exponencialmente de mi.

Hubo un tiempo de percepción de culpa mientras iba anulándolo y ocupando su lugar, pero llegué a un punto de sosiego cuando me di cuenta de que le estaba proporcionando lo que él más deseaba: desvanecerse.

Así pues, acabé por protagonizar con ella esa escena tan turbadora. Pero, a diferencia del finado Johnny, yo puedo olerla, oírla y verla mientras mis brazos y piernas se estremecen ante un regalo tan íntimo y desinteresado.

 

50. Made in Spain Virtudes Torres (Servitud)

 

−¡¡Señorita!! -dice Gracita con voz de pito- ¡Señorita!

−¡Chis! Por Dios, no chille tanto, ¿no ve que están todos durmiendo?

−Es que en el salón tie usté visita.

−Bien y ¿quién es?

−La tía y la prima del señorito.

−¿La tía de Carlos y la prima Angélica?

−Las mismas ¿les digo que pasen o les pongo un piscolabis p´a entretenerlas?

−Pues ahora que lo dices… mejor llévatelas a la terraza, mientras aviso al señorito.

La visita entrando –Tristana, hija c´alegría. Verás es que hemos venido de papeleo a la capital y hemos dicho: vamos a visitar a los primos que se van a poner mu contentos. Y de paso pos comemos con ellos.

−Cuanto lo siento, me esperan en el club y Carlos come siempre fuera.

−No te preocupes, tu criada nos prepara cualquier cosilla. Anda veste tranquila.

−Lo siento muchísimo, pero Gracita tiene el día libre. Tendréis que apañaros en un bar (empujándolas a la calle) Adiós queridas.

−¿Como  c´adiós? Mira la finolis, ¿Qué esconderá en la trastienda?

Tristana, para sí (ahora entiendo la frase “ese oscuro objeto del deseo”. Como me gustaría tener la escopeta nacional y liquidar a este par de cuervos gorrones)

 

49. (SOBRE)VIVIENDO. Carles Quílez

Gladys se encargaba de repartir los postres en el pabellón de los parapléjicos. Aquel sábado, en lugar de gelatina, a Juan le sirvió un pedazo de tarta con una velita encendida.

– Felisidades, mi sielo – le dijo, con voz de mermelada–. Pide un deseo.

Él cerró los ojos y apagó la llama de un soplo.

La camarera agachó la cabeza y le susurró al oído: “Consedido”; y durante un segundo imposible, el hombre creyó sentir un cosquilleo en su espalda.

Después de cenar, las enfermeras condujeron a los residentes a sus habitaciones, pero nadie vino a por Juan, que quedó solo.

De repente, las luces se apagaron y, al cabo, se encendió un foco. En el centro del salón estaba Gladys, que había cambiado su uniforme por un vestido ajustado. Con una sonrisa en los labios y un radiocasete en las manos fue hacia Juan. Dejó el aparato sobre la mesa, lo puso en marcha y las notas de ‘Staying alive’ llenaron el salón.

La mujer cogió las empuñaduras de la silla de ruedas y la hizo girar al son de la canción.

Juan vio cumplido su deseo. Sus ojos ardieron una vez más con la fiebre del baile.

48. Poseidón

Sí, quiero.

Ella le pone el anillo y se miran por última vez.

Los invitados se levantan y aplauden entusiasmados el final del enlace. Ellos se dan la vuelta y agradecen la euforia con un beso que los inmortaliza en las diferentes retinas de los invitados. Sombreros y algún casco de otra galaxia se alzan al aire.  Suena una canción de baile cantada por tres hermanos australianos.

Marchan del salón de actos, seguidos por los invitados, mientras el Padre Karras mira a su monaguillo que ha vuelto a vomitar y a cortarse el rostro. La puerta se cierra y el silencio se apodera del salón.

En cubierta se celebra el baile y el banquete, con una decoración de farolillos anaranjados y bombines negros, donde las parejas se mueven libremente. Una niña pelirroja cae al suelo. Un niño de fría mirada, el único que, tal vez, conozca el final de todo, la levanta. Un boxeador magullado explica su última victoria, escenificando su gran golpe final a una joven huérfana que su acompañante presenta como su hija y mujer.

Alíen y un tiburón blanco, junto a una gran ola gigante, los acechan en su camino a Europa, mientras Manhattan se aleja irremediablemente.

47. Jack el Destripador contra Drácula

Título original: Jack the Ripper versus Dracula

Año: 1977

Duración: 87 min.

País: España

Director: Jesús Franco (a.k.a. Jess Franco)

Guión: Jesús Franco, Manfred Gregor

Música: Jesús Franco, David Kühne

Fotografía: Robert Zinnermann

Reparto: Klaus Kinski (Conde Drácula), Paul Naschy (Jack el Destripador), Lina Romay (Mary Jane Kelly), Marianne Graf (Catherine Eddowes), Tania Busselier (Elizabeth Stride), John O´Hara (Inspector Abberline)

Género: Terror

Sinopsis: En su castillo de Transilvania, el conde Drácula lee la noticia de que se ha producido un nuevo asesinato en Whitechapel. ¿Qué terrible monstruo está cometiendo esos crímenes? El asesino destripa a sus víctimas y deja que se desangren. ¡Qué desperdicio! El conde Drácula decide viajar a Londres. Por su parte, la policía londinense también busca al Destripador. No sospecha que un asesino más despiadado está a punto de llegar a la ciudad…

46. Revuelo Calamanda Nevado

Llevaba mi hija detrás de que la escuchara. Camino del cine era buen momento. Se desahogó. La dificultad de los trabajos de clase le preocupa; no dije nada, íbamos con prisas para llegar puntuales al estreno de “El niño”.
En taquilla aparté dos entradas para mis hermanas, interesadas en verla.
–Quedamos con las titas para la sesión de las diez y cuarto, en sala seis-. Observó mi hija, varias veces, mientras daban las diez en el reloj, compraba palomitas, y caminábamos hacia la sala seis. Su puerta abierta nos permitió pasar.
– ¡Ha empezado ya!- Gritamos sorprendidas. Solo había luz en la pantalla. En ella, tres policías, uno mujer, discutían. Buscando cuatro asientos libres, levantamos a una pareja sentada cerca del pasillo; nos miraron como si desprendiéramos un hedor insoportable. Seguíamos pensativas la increíble persecución esperando el reparto. No llegaba. Era imposible cogerle el hilo a aquello. Inquietas enviábamos wasap a mis hermanas, advirtiéndoles que vinieran rápido porque era de enredo.
Desorientadas con los continuos arrestos, decidí preguntar cuándo había comenzado a la pareja cercana al pasillo, sentada a mi lado. Entonces nos sorprendieron sus risotadas histéricas, mis hermanas con sus explicaciones sobre la sesión siguiente, y la palabra Fin.

45. EXPRESO DE MEDIANOCHE (Mariángeles Abelli Bonardi)

Justo cuando salía de casa, Alguien voló sobre el nido del cuco. Sin tiempo de preguntarme quién sería, me apuré a cruzar Manhattan  para tomar el tren.

Entré al vagón; unos Perros de paja, que no llevaban correa, le ladraban furiosamente a una Naranja mecánica. Un tal Jovencito Frankenstein insistía en darle cuerda hasta que, de un Arrebato, El padrino se la quitó.

—Ni se te ocurra llorar — le dijo, con El discreto encanto de la burguesía, y acto seguido no tuvo el menor empacho en contarme que había burlado a la Muerte en Venecia y que apenas pusiera un pie en Chinatown, pensaba abrir un restaurante. La rodilla de Clara (Ese oscuro objeto del deseo) se clavó en su pierna:

—Ni lo pienses; — le advirtióprometiste llevarme a bailar El último tango en París.

Él hizo una mueca pero no la contradijo; Todo lo que quiso saber sobre sexo y no se atrevió a preguntar, Clara se lo había enseñado, y por eso vivía para complacerla (“Los encuentros cercanos del tercer tipo bien lo ameritan”, me confió, sin que ella lo oyera).

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