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Ahora se dirige a mí con respeto, sin insultos. A mis amigas y vecinas les habla maravillas: buena cocinera, excelente madre, ejemplar esposa. A veces, también llama a mis padres alabando y resaltando mis virtudes… ¡Si hasta me compra flores y antes, ni en mi cumple!
Aunque observo, que todo eso lo hace cuando está con alguien; nuestras hijas, mi hermano, su madre, la tía. Sin embargo, cada noche, cuando está solo tomándose unas copas y antes de caer rendido, me mira desafiante y me habla raro, palabras que creo se inventa… “jadelagranmismisma, yatasidcantotodie, jalatepudrasnelinfiern”.
Sospecho que lo celebra, se alegra de que una losa me cubra.
http://desdemipinar.wordpress.com
Apreciados amigos y amigas de ENTC, en julio de 2013 Mònica Sempere y yo mismo abrimos Diarium, una librería que pretende ser un microrincón cultural, está situada en el barrio de La Romànica de Barberà del Vallès (BCN).
Diarium es una librería especializada en libros de microrrelatos y libros ilustrados. Estamos trabajando para que podáis encontrar en nuestra librería cualquier libro de microrrelatos que busquéis, y en el caso de no tenerlo en stock poder conseguirlo cuanto antes.
Además hemos puesto en marcha un blog con la intención de acercar nuestras recomendaciones a los lectores, no solo por parte nuestra, sino, siempre que podamos, de los propios autores. De momento ya tenemos varias autoreseñas firmadas por los autores hablando de su propio libro… Manu Espada, Mar Horno, Ginés Cutillas, etc…
Además el blog también servirá para informar de las actividades que se desarrollen en Espai Diarium, un espacio que hemos reservado dentro de la librería para celebrar exposiciones, presentaciones de libros y talleres.
Así que ya sabéis, estáis todos invitados a pasar por allí. Si os gusta, os guardamos un rinconcito.
La dirección es: http://diariumbarbera.blogspot.com.es/
Manteneos atentos.
Noche del 93, las luces bombardeaban con sus relámpagos estrujados con una capa llena de bordillos pequeños que tejen toda una trama detrás de esas rejas, colgaba el espanto atroz de la decadencia de mis temores sumisos negados, a brindar el flujo renaciente de la voz interna que me gritaba librebi, librebi. Con temor llevado a lo oscuro penetro el tsunami que electrocuto todo mi aire, se derrumbó y caí…
Matatiempos. No es el cuadriculado cuadro que entrecruza las palabras con rebuscado orden. No son las figuras de la baraja que caprichosas aparecen con la cadencia que imprime el solitario jugador al mostrarlas. Podrían ser las alineadas letras de una sopa que componen con habilidad palabras escondidas, pero no… Matatiempos eres tú que te niegas a disfrutar del que tienes en tus manos junto a mi con mil excusas, dejándolo morir… que no pasar.
Ana y Ernesto, después de años separados se citaron entre sones de milongas. En esa velada deseaban amarse y bailar. Comerse la boca en la pista como si fuera merengue. Palparse el uno al otro con la misma pasión que hicieron antaño cuando eran dos piolas. Buscaban en la taquicardia del nuevo encuentro reemprender planes, cumplir viejos sueños, y olvidar un pasado difícil.
En aquel recinto no entraba viento solo oscuridad; la manivela norteña del karaoke desplegaba música de organitos y papirusas. Antojadizos se tomaron de la cintura. Se convidaron. Bailaban, chamuyaban, y trasformaron su embeleso en sudor, pasión, y vértigo. Al sentirse tan cerca evocaron amigos, su Mar del Plata, y el encanto de cantantes como Púa, Payador, Centella, Trovador…
Se divertían macanudo cuando el miedo al pasado y a malas palabras cuajadas de rutina, se les acercó trucho; asustados pusieron sus destinos en manos de una moneda que tras agotar su vuelo mostró Cruz -¡Adiós milonga!- pensó ella. -¡Adiós caricias presintió él! –
Por las aceras de las avenidas recién regadas, cada uno por su lado, entonaron con su lenguaje de signos su única canción de éxito; no era casualidad, la bailaron esa noche durante horas en la pista.
Existen palabras no conocidas que habitan dormidas en el limbo. En él aguardan pacientes se elegidas por la inspiración.
Su existir es inexistente hasta que, el poder de la mente las toca con su magia.
Cuando esto sucede comienzan a coexistir entre ellas y, desde el corazón, emprenden el camino para nacer, pintadas de tinta, de la pluma de un poeta.
Yo era un adolescentes imberbe que no sabía nada. Tú, una alocada y pizpireta chica de labios rojos como las fresas. Inventaste las palabras de mi vida, porque antes de ti, no las conocía. Creaste «abrazo«, la fusionaste con «beso» y la uniste con «sexo«. Dejé atrás palabras que ya no tenían sentido, como «virginidad«. Una vez me acostumbré a aquellos nuevos vocablos, un término innovador surgió de la nada «enamorado«. Cuando ya creía que siempre formarían parte de mi vida, rompiste conmigo, te alejaste de mí, deshiciste aquellas letras que antes formaban un beso, un abrazo, una caricia… y tuve que inventar un nuevo término, que sería el más doloroso que jamás pensé que iba a crear: «melancolía«.
Nunca tuve msuerte en esta vida, supongo que por eso bebo de vez en cuando. Todos los días unas pocas cervezas. Y ahora me sueltan que tengo una cirrosis del quince. ¡Vaya, qué mala smuerte!
La maestra estaba encantada. Desde el inicio del curso, parecía que las charlas impartidas por el Departamento sobre alimentación equilibrada habían dado frutos. De pretender comer solamente espaguetis y croquetas a llenar folios y folios con una única palabra: APIO ¿Sería cierto que pasar de la EGB a la ESO las hacía madurar?.
En la primera reunión con la AMPA no pudo menos que felicitar y felicitarse por tan agradable evolución. Las y los presentes creyeron que se había vuelto completamente loca. -“Apio, ¿quién, mi hija?, ¡pero si no quiere verlo ni en pintura!-
Dispuesta a investigar, la maestra decidió utilizar la clase de ciencias. Sacó el tema del “apium graveolens”, para ver cuál era la causa de la repentina afición a la tan meritada umbelífera.
Entre risitas y rubores, al fin lo descubrió: “A.P.I.O”, no apio. –“¡Seño, que no se entera! Se coge el nombre del chico que te gusta y se mira cuantas letras tiene en común con el tuyo. Se cuentan las que sobran y se va alternando: Amor-Pasión-Indiferencia-Odio. Donde se acabe, eso es lo que el chico que te gusta siente por ti. A ver, ¿cómo se llama su novio?”
Los padres del nene decían que su hijo llegaría muy lejos, que sería un prohombre, una figura eminente en la ciencia, en la política o en la economía o en aquello que se propusiera. Y era todo porque a los seis meses de edad el nene dijo “zambranteja”, de manera clara e inequívoca. Esto suponía un avance sobre los otros nenes, que decían por igual “mamá” o “papá”; porque “zambranteja” era palabra más elaborada, y si eso decía a esa edad, qué elogiables discursos no diría en edad moza. Pero el nene no les salió de ahí: aún a los siete años todo cuanto decía era “zambranteja”, sin que ningún pediatra o psicólogo de la comarca les diera un diagnóstico preciso. Por fin hicieron venir al doctor Bergné, reputadísimo especialista y eminencia en materia de habla temprana. Ya en consulta, el nene quedó mudo, no había modo de hacerle hablar.
-Déjennos a solas, a veces la presencia de los padres es coercitiva.
Así hicieron, hasta que minutos más tarde se entreabrió la puerta de la consulta.
-¿Y? ¿Ya dijo algo? –inquirieron los preocupados padres.
-Zambranteja
-Entonces, ¿es grave?
-Cabistra canuma delente, pártigo jaza, ¡zambranteja! –respondió, muy alegre, el doctor.
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