Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

OCT126. ASESINO PASIVO, de Anna López Artiaga

Su primera cita con la muerte fue muy temprana, a los ocho años sobrevivió al accidente de coche en el que murieron sus padres. Su abuela se hizo cargo y lo educó tan bien como pudo. La pobre murió antes de que él acabara la secundaria y, de nuevo, se encontró solo en el mundo.
También fallecieron su primera novia, su compañero de piso y un perro que había recogido de la protectora.
Se obsesionó con la idea de que todos los que establecían un vínculo con él acababan muriendo y eso le llevó de cabeza al diván de un psiquiatra. El tipo se empeñó en que le hablara de su padre, pero a las dos semanas falleció de un ataque cardíaco dejando la terapia a medias.
No le costó mucho tomar la decisión de dedicarse profesionalmente y sacar algún beneficio de su extraña habilidad. Así fue como se convirtió en asesino a sueldo, asesino pasivo por supuesto.
Pronto empezaron a lloverle los encargos a aquel asesino amable, que conducía a sus víctimas hacia su fatal destino a base de frases amables y detalles afectuosos.
Un día me sonrió.
—Parece que va a llover— dijo.

OCT125. DIFERENTE, de Puri Otero Domarco

Se vistió de blanco, cogió una flor en la mano, se puso una peluca rubia, se calzó unos zapatos de cristal,cubrió su espalda con una estola de armiño,pintó sus labios de rosa, adornó sus dedos con anillos de oro, disfrazó su boca con palabras de amor y sus sonrisa dejó ver unos dientes de perlas.
Despues de verse al espejo sonrió y cogiendo su agenda salió a trabajar.
—Pero a donde vas así- le increpa su superior- no puedes mostrarte de esa guisa, perderás prestigio,serás el hazmerreír de toda la profesión, cuando aparezcas nadie te creerá.
—Por eso lo hago, estoy harta de que todos lloren al verme llegar.
—Y crees que así será diferente.
—Si no lo intento nunca lo sabré.

OCT124. LA OBEDIENTE TÍA MARGA, de Mercedes Jiménez Rueda

La tía Marga cumplió siempre con su deber. Renunció a ir a la escuela para poder cuidar a sus hermanos pequeños y, cuando éstos se casaron, atendió a sus padres en su enfermedad.
Nada más morir mi madre, la tía, ya casi centenaria, decidió venirse con nosotros para ayudarnos. Desde el primer momento llenó nuestras vidas de rígidas costumbres y de un olor a flores rancias. Durante el día iba de tarea en tarea, sin permitirse una distracción y, por las noches, rezaba durante horas con la lamparita encendida y hablaba en voz alta con sus familiares fallecidos. A mí me daba un poco de miedo y además, como compartíamos habitación, no me dejaba dormir, así que me quejé a mi padre.
-¡Déjese de rezos, mujer!-le regañó- . ¿No ve que la niña necesita descansar? Piensa usted más en los de allá arriba que en los de aquí abajo. Más le valdría estirar la pata y reunirse con ellos.
Al día siguiente la tía Marga amaneció sin pulso. Papá la contempló pensativo unos instantes.
-Esta mujer-dijo al fin con cierta admiración- ha sido obediente hasta para morirse.

OCT123. LA LLAMADA, de Lorena Jiménez Justicia

Al llegar a casa, se metió la mano en el bolsillo para sacar las llaves y tocó un pequeño trozo de papel. Lo miró: era un número de teléfono. Se preguntó de quién sería, pues no lo tenía en su agenda. Quizá aquel camarero tan simpático se lo había deslizado en el bolsillo sin que se diera cuenta. Emocionada y nerviosa, decidió marcar. Algo le decía que detrás de ese número se hallaba su destino. Cuando descolgaron sus miembros se paralizaron, el teléfono resbaló de sus manos y cayó al suelo dando su último suspiro.

OCT122. EL MUNDO AL REVÉS, de Luisa María Pérez Díaz

El mundo al revés por un instante y… Un abrazo cualquiera de mi hijo al salir del colegio. Durmiendo antes de parir a mi hija. Mi primer beso, sensación decepcionante. Primer momento delante de un micrófono en la radio local. Aquel vuelo eterno, tan soporífero. Delante de una vaquilla, ebria. La ruptura, convertida en liberación. El casete que grabé en la adolescencia con canciones deprimentes y que escuchaba una y otra vez. La fiesta de empresa, ebria. La muerte, una a una, de los abuelos. La libertad que sentía conduciendo a solas. Las comidas familiares, ebria. De vuelta a casa de noche. Oscuridad.

OCT121. ETERNA IMPUNTUALIDAD, de Belén Molina Moreno

Siempre llega tarde. A todos los sitios. Los amigos, ya le conocen bien, quedan con él media hora antes. Ha encontrado un trabajo en el que cumplir el horario no es importante. Se ha perdido alguna película por haber llegado demasiado tarde y no haberse vendido ninguna entrada a la hora de la proyección. A las citas con el médico llega sistemáticamente tarde para no esperar en esas sillas tan incómodas que le dejan doloridas las piernas. A la última cita también llegó tarde. Un amasijo de metales, plásticos, aceites y fluidos varios fue el testigo que dejó la encapuchada de la guadaña en el lugar donde habían quedado. Ella sí había acudido puntual, pero se cansó de esperar.

OCT120. ADIÓS, de Alvaro Varela Plaza

Apenas iluminaba unos palmos el débil parpadeo del flexo sobre el escritorio. Toda la estancia oscura, el edredón doblado sobre su esqueleto de plumas y un compás hiriente garabateando un folio.
El silencio que la rodeaba resultaba casi doloroso. Entre las líneas temblorosas distinguía una \»i\» con un diminuto corazón de acento. ¿Me atrevería a aprovechar la oportunidad de aquel descuido?, escribía.
Di unos pasos y me incliné sobre su hombro.
¿Por qué no se amontonan las fotos en mi cuarto?, ni siento la caricia de un abrazo… ¿Soy yo?, ¿es mi culpa?, nadie me ha enseñado a ser feliz.
Grabó sus iniciales y tiró de la cuerda del flexo. Ahora sí quedamos sumidos en un gran desconcierto.
Solo la luz del móvil reveló la sombra de su cuerpo. \»Siento que la vida me resulte tan insoportable\», envió. Y luego, lo bloqueó de nuevo.
Dejó correr el grifo un instante. Un grito brotó del baño y ahogó un eco metálico golpeando el suelo. Me estremecí, se me heló la sangre, cerré con fuerza los ojos; y el grifo seguía abierto.
El móvil sonó, un mensaje, después otro. Vibraba sobre el lavabo, pero esta vez, ya nadie contestaba.

EL TRIDENTE DE WONDERLAND

Me ha dicho uno de esos pajaritos que andan por ahí volando por las «praderas» que en elconcurso de Radio Nacional  Wonderland de esta semana hemos tenido, lo que futbolisticamente se llama… un «tridente de lujo»
NICOLAS JARQUE, YOLANDA NAVA Y DAVID MORENO 
 sido los finalistas
(aunque parece que al final ha ganado un tal José Agustín Navarro… habrá que captarle para la causa)
¡¡Enhorabuena a Tod@s!!

OCT119. LA TERCERA CITA, de Luis Miguel Morales Peinado

Era la primera cita. Estaba nervioso. Quedamos sobre la acera, justo debajo de las ventanas del salón, a la hora en que la sombra se adueña de ella. Me asomé y vi cómo el sol abandonaba las baldosas, tres pisos más abajo. No pude, el vértigo se apoderó de mí. Quizá otro día, pensé.
La segunda, un tiempo después, fue en la bañera. El olor de las sales humedecido por la tibieza del agua me llamaba. Me sumergí hasta el cuello, saqué los brazos y, con la mano derecha, agarré con decisión la cuchilla que unos minutos antes había dejado sobre la banqueta. Una mínima gota de sangre resbaló por mi muñeca izquierda y tiñó la espuma. Nunca lo he soportado. El mareo me hizo desistir de nuevo.
Hoy, la espero. En una hora. Coloqué el bote lleno de pastillas sobre la mesa de la cocina, al lado de un vaso con agua fría.

CITA CON… LAS IDEAS

Ginette Gilart nos hace otra estupenda propuesta, muy distinta a la anterior… «morir por las ideas» es otra de esas citas con la muerte que terminan convirtiéndose en leyenda. 
Os dejo con las palabras de Georges Brassens.

OCT118. CRISIS EXISTENCIAL, de Juan Fuente (Barlon)

Llega un momento en que todo pierde interés.
Al principio competía con los demás, luego simplemente hacía colecciones y al final buscaba lo mínimo para sobrevivir. Hastiado, decidí seguir una alimentación equilibrada: verduras, ácidos grasos… pero no funcionó. Ni tampoco el senderismo ni la natación. Desesperado ingresé en un hospital, sin resultado. Hice yoga, risoterapia, tomé pastillas para la tensión, para los nervios, para la tos…y desistí. Finalmente los libros de autoayuda me vinieron bien. He de aprender a quererme y aceptarme como soy. Los intentos de suicidio han sido un tremendo error.
Me visto como puedo, sin prisa. Salgo de casa y con paso apurado me dirijo al asilo. Tienen la carne dura pero son mucho más fáciles de atrapar, y hoy la putrefacción de las rodillas me está dando la lata. Debe haber cambio de tiempo.

OCT117. FIEL INOCENCIA, de Calamanda Nevado Cerro

Aquella siesta se sentía muy caliente; era buen momento para un revolcón. Recordó la promesa aparcada de visitar a Elisa. De camino lo entretuvo la atmósfera mágica de algunos timbres; apuntó de los buzones nombres y direcciones de mujeres hasta encontrar el destello punzante de la luz, encendida, que iluminaba la ventana esquinada del salón de su amiga, entreabierta, como había pensado.
Desde allí era increíble mostrarse desnudo ante las chicas cuando transitaban la acera. Imaginó su interior; la cama grande, el sostén trasparente, y juguetes mágicos para sonrojarla.
Los labios de Elisa, dulces como su saliva, lo condujeron hasta el colchón. Se sumergió en ella. Ajeno a la muchedumbre de la avenida la mordió entre las sabanas; parecían buscar algo arriba y abajo. Elisa, con sus interminables besos, lo lamia pletórica; febril devoraba lentamente, una y otra vez, jiritas de jamón tierno hasta atragantarse.
Su deseo, nunca tenía prisa, la hacía sudar; la piel húmeda de las manos de ella le aferró los hombros. – ¿Recuerdas Daniel… como jamón sin parar? ¡Vuelvo a estar embarazada!−
Escuchaba a la bella Elisa, descansando su mirada en el suelo y en sus finísimos pantis; sumergido en la duda de si resistirían lo suficiente.

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