Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

DESORDEN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL DESORDEN

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto DESORDEN en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Segundos
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Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de MARZO

Relatos

OCT74. NOCHES DE TORMENTA, de Esperanza Tirado Jiménez

La lluvia arreciaba. El viento hacía golpetear las ramas del castaño centenario contra los cristales.
Se oyó el chirrido de un coche frenando en el camino frente a la entrada principal. Alguien llamaba a la puerta con energía.
Las luces de la casa se encendieron. Se oyeron voces inquietas bajando la escalera.
Los dueños de la casa se encontraron frente al Sargento jefe y su ayudante, con los uniformes y los cascos empapados.
– Señor, han encontrado el cuerpo de una mujer en el lago de su propiedad…
– ¿Cuerpo… como en… cadáver…? -Lady Torquay se estremeció en su negligeé de seda, nada apropiada para una noche de tormenta.
El ayudante ahogó una tosecilla, evitando mirarla directamente.
– Un… cadáver,…, ajá,… Enseguida voy… Adelántense ustedes… -Lord Torquay, confuso, intercambió una mirada de inquietud con su esposa…

El ‘ring ring’ del teléfono y un trueno interrumpen su lectura. Deja el libro y atiende la llamada con desgana.
– ¿Diga?… Sí, Inspectora de Homicidios Miller al habla,… ¿Dónde ha ocurrido el tiroteo? … Una nave abandonada,… 1 víctima, varón,…, OK. -se pone el abrigo y coge la pistola- Voy para allá…
El húmedo asfalto hace patinar al coche policial que sale disparado del aparcamiento.

OCT73. LA BÚSQUEDA, de José Vicente Aracil Lillo

Volvió para el entierro. Aunque entre su madre y él siempre hubo diferencias a su manera la quiso más que a nadie. Hacía años que no se veían y ahora lo lamentaba sin remedio. Le dio la noticia su hermana, por teléfono, con la voz entrecortada por el llanto. Mamá ha muerto, dijo. En realidad ha sido un homicidio, añadió. Luego ya no pudo seguir. Aquellas últimas palabras acabaron por transformar su dolor en rabia. Se prometió vengarla; dar con el asesino y acabar con él. En el tanatorio empezaron las pesquisas. Primero habló con don Gregorio, el médico, viejo amigo de la familia. Después con las vecinas y amigas que habían acudido al velorio, y con varios miembros de su familia, algunas de cuyas caras le costó recordar. A través de las conversaciones, y de los silencios, fue atando cabos. Se sentó solo en un rincón. Ahora las vecinas cuchicheaban. Cuando llegó su hermana, con su trágico vestido negro y su actitud esquiva, sintió que se ahogaba; el nudo de la corbata no le dejaba respirar. Se metió en el baño, se echó agua en la cara, se miró en el espejo, y comprendió que había capturado al asesino.

OCT72. BENEFICIOS DE LA PRENSA ESCRITA, de Antonio Toribios

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar salió a por el pan y, contra su costumbre, compró el libro que ofertaban junto al periódico en el kiosco. De vuelta a casa, leyó las primeras páginas y ya no pudo dejarlo. Le subyugaba aquella historia del joven que tiene que morir para que se cumpla una venganza ritual. Le sorprendió mucho que todo el pueblo acabara estando al tanto de lo que iba a ocurrir, excepto precisamente el candidato a muerto. Entretenido en la lectura, se olvidó del paseo que solía dar, con lo que los Vicario no pudieron acuchillarle contra la ruda madera de la puerta, como estaba escrito desde siempre. La muerte, burlada, tuvo que cobrarse la vida de un vecino a voleo para cumplir el cupo y no recibir las burlas de los otros tres jinetes. Santiago siguió vivo muchos años y, ya muy anciano, ingresó en el asilo local, donde pasaba el rato jugando al dominó con sus frustrados asesinos. A veces se les unía Angela Vicario, que aún de vieja conservaba un brillo de pasión en la mirada. O así lo interpretaba Nasar que, por supuesto, nunca había llegado a poseerla.

OCT71. INVERSIÓN, de Diego Araujo Gutiérrez

Ya conocía su rostro. Lo había visto antes, fugazmente, alguna mañana, detrás suya en el espejo. También lo había visto reflejado en el agua, bajo un viejo puente. Y en la despedida de algún ser querido. Tenía una expresión inexpresiva, pero de algún modo extraño parecía surgir un rayo de compasión de su indiferencia.

Como cualquier otra noche, contemplaba la ciudad en candilejas. No la esperaba, pero no le extrañó su visita. Encendió un cigarro y le ofreció otro a ella esbozando una irónica sonrisa. Lo apuró despacio, a pleno pulmón. El humo jugó con el aire, el frío, el tiempo y la memoria. Lo despertó del trance un gesto de ella y entendió que debía seguirla. Ambos caminaron hacia la puerta; él detrás, guardando una ligera distancia. Se detuvieron dos pasos antes de alcanzarla. Entonces, tras un breve silencio, la puerta se abrió y exhaló una brisa cálida, casi acogedora. Del otro lado de la sombra surgió la figura de alguien a quien amó tanto y no pudo olvidar. Después sólo recuerda que notó unas manos hundiéndose en sus mejillas húmedas, mientras una voz serena le decía: «Vive«.

OCT70. PERSEVERANCIA, de Gloria Arcos Lado

El detective acababa de llegar a la escena del crimen.
En medio de aquel enjambre de ambulancias, que iban buscando un cuerpo cuyo destino era al Anatómico Forense y policías que se aprestaban a alejar a los curiosos y a preservar las posibles pruebas del delito, se le acercó el que parecía dirigir el operativo policial.
– Carballo – le dijo el Inspector Domínguez – Por favor acérquese aquí. A lo mejor usted, que sé que sigue con especial atención este tipo de casos, pueda interpretarnos estas pistas…
Carballo se acercó, y lo que vio allí le recordó un terrible caso de hacía cinco años: el de la niña asfixiada, con un sol y una estrella pintados en su vientre, tumbada de medio lado, con las manos señalando lo que parecía ser un altar.
Esta vez, la víctima era una mujer un poco mayor, pero al igual que en el caso anterior, aparecía dispuesta como para un ritual.
De nuevo sus manos señalaban lo que parecía tratarse de un altar, y otra vez, en su piel aparecían tatuados los mismos dibujos.
En la otra ocasión, “ el asesino de la estrella”, se le escapó por un error de un compañero policía.
Pero esta vez estaba seguro de que lo iba a atrapar.
Conocía perfectamente cómo actuaba, los ambientes que frecuentaba, y sobre todo, él dirigiría la operación, y no estaba dispuesto, bajo ninguna circunstancia, a encontrarse más cadáveres en su camino.

OCT69. BILLETE DE IDA, de Edita Nogueira Tallón

Como hace siempre que sale de viaje, revisa la casa entera una y mil veces hasta asegurarse de que la deja en perfecto orden. Esta vez se esmera especialmente, porque la ocasión lo merece. Nunca antes había viajado acompañado, pero ha llegado el momento. Desde hace unos meses, aunque nadie lo sabe, comparte con ella los días y las noches, incluso la tiene presente en sus sueños. Llevan algunas semanas organizándolo todo; no vaya a ser que cualquier pequeño fallo desbarate los planes, con lo difícil que ha sido consensuar fecha, lugar y manera. Vuelve a dar otro repaso a la lista por si falta algún detalle: la ropa, la nevera, el gas, las plantas, los mensajes de despedida… Le resulta extraño no hacer la maleta y tiene que reprimir el impulso. Ya está próxima la hora de partida. Decidido y emocionado, se dirige a su dormitorio donde ella lo espera impaciente sobre la cama recién hecha, dentro de una pistola cargada.

OCT66. SOLEDAD, de Belén Rodríguez Cano

Penumbra en la estancia. Sombras difusas de mobiliario envueltas en luz amarillenta, tenue, mortecina…
Junto a la lámpara, en la mesilla color caoba, una biblia ajada, descolorida.
La hoja doblada indica el punto de lectura. No se lee el pasaje. No hay bastante luz.
Aire condensado entre volutas de humo. Cigarrillo sin fumar consumido en el cenicero.
Una silla concentra el punto de atención: es mullida, torneada, de madera oscura como el resto.
Sobre ella, bien doblado, un atuendo de hombre completo espera: americana de yute, pantalón de lino, camisa de seda blanca.
Sólo los zapatos rompen la escena: sucios, embarrados, descolocados en el suelo.
Sobre la cómoda fotos de jóvenes y viejos, en color y en blanco y negro, enmarcadas en todos los tamaños.
Un juego de tocador de plata, una caja de música y un reloj con correa de cuero completan el refinado ambiente.
Lástima que nadie vivo disfrute de él…

COOORRE, PARTICIPA CUANTO ANTES…

Nuestro amigo de ENTC Jerónimo Hernández de Castro se ha embarcado en al aventura de poner en marcha un concurso de micros muy particular… así que habrá que acompañarle … ráaaapidamente

Por fin está en marcha el I Concurso de Microrrelatos San Silvestre Salmantina
Acaban de colgar en la web el formulario  y las bases

Es una carrera muy entrañable para todos y al cumplir los 30 años de vida les sugerí que podrían incorporar un certamen de micro, así que estoy muy ilusionado con la idea…

El certamen está abierto a cualquier persona interesada que podrá presentar exclusivamente un microrrelato cuya extensión máxima será 150 palabras, sin incluir las del título. La temática de las obras deberá aludir a cualquier aspecto vinculado con la San Silvestre Salmantina, la práctica del atletismo, así como a los valores o experiencias vinculados con esta carrera popular.

Hay unos premios en metálico, 250, 150 y 100 Euros modestos pero espero que estimulantes

Gracias por todo como siempre y un fuerte abrazo

Jero

OCT65. TODO A SU TIEMPO, de Mercedes Marín del Valle

En los próximos tres días no esperaba a nadie.
Se aseó, se puso su mejor camisón y con su libro de poemas decidió esperar a la muerte. Era una noche inigualable para tener una cita con ella.
Estaba en paz con el mundo y consigo misma.
El cuco proclamaba a voz en grito que eran las tres cuando lo recordó: ¡Era el día de su aniversario de boda!
Cada año hacía las tortitas preferidas de su ya difunto marido y luego iba al cementerio y las comía frente al panteón familiar donde podía leerse “Revolveré el cielo en cuanto llegue. Todo con tal de encontrarte”
¡Era un despiste imperdonable! Se levantó con la agilidad de una colegiala y en la cocina preparó una masa compuesta de leche, huevos, harina, almendras, azúcar, canela y anises. Para cuando estuvo horneada, ella estaba dando cabezadas contra la mesa.
Antes de salir con las tortitas y, contra todo pronóstico, llamaron a su puerta. Ella que no esperaba a nadie arrimó su ojo a la mirilla y alcanzó a ver al portero que no traía buenas noticias. Durante la noche, su vecina y amiga, la señora Elena, había recibido la desagradable visita de la muerte.

OCT64. SIN RETORNO, de María Elena Padrón.

Hacía mucho tiempo que soñaba con bordear aquella inmensa casa que tantos cuentos escondia. Fué tortuoso el camino, largo, pesado y seco. Seco como su alma desde aquel momento en que decidió dejarlo todo y marchar en su búsqueda. El cielo caía oscuro y gélido sobre sus hombros. Sólo escuchaba el baile del viento como cuchillos afilados junto a su cara.Tras sus pasos quedaba una vida rota, vacía .Su equipaje sólo era el viejo diario verde y aquel lápiz mordido por todos lados.No fué fácil tomar la decisión de escapar, pero allí estaba.
Empujó el viejo tablón que servía de puerta y sin volver la vista atrás , entró en aquel infierno que aguardaba su llegada.Llevaba en el alma su propia guadaña y su ataúd.
Ese era su destierro. La muerte que había elegido. Había llegado puntual a su cita.

OCT63. LICENCIA PARA MATAR, de María Elejoste Larrucea (Mel)

-Buenos días, le atiende Socorro Defunción. Por su seguridad, esta llamada no será grabada. ¿En qué puedo ayudarle?
-Deme una cita lo antes posible.
-Lo lamento caballero, las citas son inamovibles. Deberá esperar al día concertado.
-Es muy importante…
-¿Desea usted que le redirija al departamento de suicidios?, aunque están saturados y…
-No, ¡no por Dios!
– Entiendo… el de homicidios solo está accesible para los clientes Vips, los que han vendido su alma al diablo. Si quiere, puedo transferir la llamada al submundo…
-No, señorita, lo que necesito es hablar con “M”. Quiero ofrecerle nuestro producto estrella.
-Discúlpeme señor, ¿es usted proveedor habitual?
-No, es la primera vez que llamo.
-No se preocupe, con un breve cuestionario quedará registrado y tramitaremos su cita. ¿Minorista o mayorista?
-Mayorista, el mayor que hayan conocido.
-Bien, ¿cuál de estas palabras define mejor su producto? Hecatombe, masacre…
-Todas se quedan cortas señorita, yo lo llamo “Solución Final”.
-¿Hablamos de un volumen de mercado de…?
-Unos 6 millones.
-Entiendo, espere, le paso. Si me permite una sugerencia, creo que el nombre no es demasiado comercial… a “M” le gustan los impactantes.
-También había pensado en “holocausto”…
-Perfecto ¿señor?
-Hitler, Adolf Hitler.

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