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Quince días de permiso…
El tren traquetea… bostezos, ronquidos de compañeros que cabecean.
Codo a codo y a pesar de ello tan solo…
Ritmo opresivo de las ruedas que repiten con exaltación las mismas palabras. Cadencia obsesiva invasora…
Codo a codo pero a pesar de ello me siento tan solo…
Recordarme que en casa tengo de cuidar mis modales olvidados en el ambiente zafio del cuartel…
Recordarme que no se puede hablar del conflicto: callar la verdad para preservar el optimismo de los civiles…
Quince días de permiso…
Tantas ganas de tenerla en mis brazos…
Pero tenerse que refrenar: la última vez me reprochó de abalanzarme sobre ella como salto sobre mi tanque…
Tan limpia, tan educada, tan etérea… “¡cariño me haces daño!” musitó… ¡y yo que tanto la quiero!…
Quisiera ella carantoñas, palabras bonitas y que la ofrezca flores ¡pero si no hay flores en el frente!…
Mi cuerpo sobre su cuerpo y a pesar de ello… ¿o quizás por ello?… ¡me siento tan solo!…
Quince días de permiso…
Perpetuo fantoche entre ella y el frente…
Traquetea mi vida entre bombas y dulzonas palabras… vino peleón y tisana vesperal…
Codo a codo, cuerpo a cuerpo, ¡Me siento tan solo!
Hola amigos:
Sueño con volver a veros. Ha llegado septiembre y tras el calor del verano, que se hizo por momentos insoportable, vuelvo a recordar. Primero las fiestas, no hay septiembre sin que me acuerde de mis queridas fiestas, que no veo desde hace siete años, fiestas de mi pueblo con las que tanto disfruté de niño. Me vuelvo niño al recordarlas. Después, respiro con la vendimia. Sí, me gustaría que me doliera la espalda de nuevo si como recompensa tuviera el aire de los campos libres.
Estoy recluído por el más triste de los errores, ahora el aire libre que respiro se corta por el muro de la agobiante prisión. A todo uno se acostumbra, pero ahora que me quedan diez meses de desamparo, me vuelvo a animar pensando que volveré. Todo habrá cambiado, ya lo sé… Pero mi ilusión no cambiará.
Volveré a dejar que la lluvia me recale hasta los huesos. Le permitiré al sol que ilumine mi camino y me queme dentro de su ilusión. Tomaré las riendas de mi camino. Mi sueño de libertad me hace vivir. Sabed que volveré.
Como cada año por estas mismas fechas vuelvo a la ciudad teñida de gris anunciando el otoño con sus calles casi desiertas. Regreso para instalarme unos meses abrazando los árboles que sonrojados se desnudan como los amantes en la noche. Cubro las flores protegiéndolas del frío para que al año siguiente vuelvan a colorear el césped y me envuelvo en la fiesta de Baco entre vides y endrinos.
Dirijo el aire que acaricia la mejilla de la chica inocente y soplo el viento que se lleva el sombrero del caballero. La luna me sonríe cómplice y me ayuda a retener al sol cada mañana un poco más, así como apresarlo cada tarde un poco antes.
Y como las oscuras golondrinas de Bécquer, otra vez a los cristales la lluvia llamará.
He vuelto a tropezar con mi pasado, tomando una copa de ron; en el bar de al lado. De veras que sacudí, el polvo de mi alma, a todos los rincones por los que he pasado; ya no me ponía triste, solo cuándo me preguntaban por ti.
Se alegraron de mi vuelta, aunque nunca regresé del todo. Pugnaron por vencer mi deseo de avanzar hacia la luz y me reinstalaron a la fuerza, con un par de chispazos y una ampolla de epinefrina, en mi cáscara vacía. Pero mis convicciones y mis ganas de vivir quedaron prendidas en aquel túnel oscuro; y en mi alma, el anhelo de flotar libre otra vez.
Hoy la luna llena iluminará mi acantilado favorito cuando, paladeando caramelos de sal, busque de nuevo la salida entre las olas.
Tengo seis años y estoy esperando al tranvía.
Sentada en el bordillo de la acera, miro con impaciencia a los dos lados de la calle. Tiene que pasar muy pronto alguno de esos grandes vagones azules y blancos hechos de reluciente metal.
Está tardando demasiado hoy. Me entretengo pensando cómo aparecen, a veces, cada uno por una esquina, abrazando ruidosamente la catenaria hasta que se cruzan sin tocarse.
No puedo montar en tranvía si no voy con un mayor, pero con sólo mirarlos circular me conformo. Son tan bonitos que parecen cajas de regalo o plumieres llenos de lápices de colores. Siempre creo que se van a separar de las vías en una curva pero, milagrosamente, en el último momento, giran y siguen la ruta sobre sus pesadas ruedas sin gomas.
Sigo sin oír su sonora campana y me está entrando sueño. Como no aparezca pronto,
acabaré……
Me despierta, de un bote, un estridente y agudo pitido. –“Ésa no es la campana del tranvía”- Pienso, mientras abro los ojos y miro a mi alrededor.
-“Otra vez lo mismo”- Me digo con resignación. Salgo de la cama y arrastro mi cuerpo cincuentón hasta el baño para darme una ducha reconfortante.
Todos en casa le tachan de inconformista. Sin embargo, a ella le parece que no pide nada fuera de lo normal.
Al fin y al cabo, ahí está su madre todo el día recordándole que aún es hija. Y sus hijos intentando impedirle ser madre -qué rápido crecen-.
Cuando era niña quería ser mayor y a todo el mundo le parecía muy gracioso. ¿Será que les venía bien?: “Cuando seas mayor, esto, cuando seas mayor, lo otro…”
Por eso no entiende porqué no entienden -¿será que no les viene bien?- que ahora quiera volver a ser niña.
Abrí la puerta. Era él. “Pero qué narices…” logré decir, incrédula. “Ya entiendo, es una broma de mi hermano”. Calla y entra, replicó. “¡No! Tú no existes. Esto es una visión” añadí acercando una mano a su pecho; me miró con chulería e ignoró mis palabras. Se acomodó en el sofá y encendió el televisor. Una cerveza y algo pa´ picar, ordenó mientras se quitaba los zapatos. Al instante, su olor a pies inundo la estancia. Le apestaban. Era él, imposible fingir aquel olor a podrido. “Ahora vuelvo”, respondí tratando de mostrar normalidad, escondiendo el asco a tan repulsivo olor, pero en lugar de a la cocina fui a mi despacho. Abrí el documento sifueratanfácil.doc e hice unas modificaciones. Cerré el documento y fui al frigorífico. Cogí una cerveza y un bote de olivas. Regresé al comedor, sonriendo con naturalidad fingida. El sofá estaba vacío. “¿Dónde está?” Pensé con la bandeja en las manos, temblando, mezcla de sorpresa y alegría. “¿Cómo es posible?”, me pregunté mientras desaparecía aquel olor nauseabundo del salón.
RELATOS SELECCIONADOS (orden numérico)
Los relatos que tienen premio de finalistas, son candidatos al premio final y se aseguran aparecer en la publicación de la 3ª Edición son:
RELATOS MENCIONADOS (orden numérico)
Los relatos elegidos como «mencionados», que podrían ser incluidos en la edición final como finalistas mediante la repesca que realice el jurado de la final son:
Uno tras otro vuelve sobre sus pasos la aguja enhebrada en hilo invisible, deshaciendo el tapiz interminable de hechura infinita.
Una tras otra caen las lágrimas dentro del cesto de un alma cansada y sufrida, sobre la playa sus ojos suplican que la vuelta algún día sea producida.
Y no es sino al cabo de veinte años que vuelve el héroe tras montañas de batallas vencidas, sobre olas de trampas terribles, maraña de arrugas y canas, a descansar sus huesos en una adorada Itaca.
Se acabó el tapiz, se acabaron las odiseas, descansa por fin el guerrero en donde su estirpe se enraíza imperecedera. La lucha y el sufrimiento, la esperanza y la espera, indudablemente valieron la pena.
Sobre un monte Olimpo aburridos los dioses ahora se quedan, sobre la tierra unos pies mortales como siempre han hollado su terrible destino dejando profunda su huella.
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